
Los inigualables récords del rector de la UBA
Es el único funcionario que se mantiene en el mismo cargo desde el gobierno de Alfonsín; la claridad de las cuentas no parece ser su fuerte
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En los últimos 14 años de vida política, la Argentina tuvo tres presidentes de la Nación, diez ministros de Educación, nueve de Economía y un solo rector en la Universidad de Buenos Aires (UBA): el radical Oscar Julio Shuberoff.
Es el único funcionario en nuestro país que se mantiene en el mismo cargo desde el gobierno de Alfonsín. En marzo de 2002 completará su cuarto período de cuatro años y si se postula para un quinto mandato podrá alcanzar el récord de 20 años como titular de la UBA. Ese privilegio lo ostenta hoy el jurista Leopoldo Basavilbaso, rector entre 1886 y 1906, justo un siglo antes que Shuberoff.
Pese a su formación de contador y a que antes de llegar al Rectorado fue durante dos años decano de la Facultad de Ciencias Económicas, la claridad y transparencia de las cuentas no parecen ser los puntos más fuertes de su gestión.
Esta hipótesis se desprende del duro informe final de la Auditoría General de la Nación, que advierte que su gestión está dominada por un fuerte desorden administrativo. El organismo que conduce Rodolfo Barra lo acusa de dilapidar los recursos, violar la ley penal tributaria y no tener registros contables de gastos por 117.961.673,49 pesos, el 38 % del presupuesto de la UBA.
La UBA tiene un presupuesto de $ 305, 4 millones, de los cuales $ 40,3 millones se destinan al mantenimiento de cuatro hospitales -el Clínicas, el Lanari, el Instituto Roffo y el Hospital de Tisioneumonología- $ 8,7 millones se dedican a la investigación y $ 256,4 millones a la finalidad educativa.
A este monto, se añaden $ 85 millones que la Universidad obtiene de recursos propios (cobro de servicios, transferencia de tecnología).
"Boina Blanca" en Tortuguitas
Shuberoff nació en Flores el 17 de julio de 1943. Casado en segundas nupcias, su mujer se llama Silvia y tiene tres hijos: Pablo (19), Diego (18) y Analía (17). A fines de 1997 se mudó definitivamente a su quinta en Tortuguitas, que compró hace 23 años y le puso el nombre de "Boina Blanca", en alusión al tradicional símbolo de la militancia de la Unión Cívica Radical, que comenzó a desarrollar en el comité porteño de Formosa 114.
Antes de estudiar la carrera de contador público, estudió dos años Derecho. Optó después por la Facultad de Ciencias Económicas, donde desempeñó una activa militancia estudiantil: entre 1964 y 1966, fue representante del claustro de alumnos en el consejo directivo de la facultad. Corrían los años de la presidencia de Arturo Illia y eran los tiempos en que el fútbol le daba satisfacciones. Su declarado amor por Racing Club le era correspondido con los títulos de campeón nacional en 1966 y de campeón intercontinental en 1967.
Comenzó su carrera docente como ayudante de cátedra dictando clases ad honórem, una modalidad que durante su gestión como rector se expandió y alcanza hoy al 27 por ciento del plantel docente de la Universidad. Sobre 24.500 profesores, hay 17.900 rentados y 6600 que dictan clases sin cobrar. Así lo indica el censo docente concluido el mes último. Sus resultados se trasladan a la esfera económica y ponen dudas sobre los mecanismos de distribución de recursos que rigen en la Universidad.
De los $ 256,4 millones que la Universidad destina para el área de enseñanza, la mejor parte no se la lleva ninguna de las 13 facultades, donde estudian 220.000 alumnos, sino el Rectorado, que recibe $ 37 millones. De ese monto, $ 13 millones se asignan al funcionamiento del Consejo Superior.
Mientras tanto, Ciencias Económicas, que atiende a más de 36.000 alumnos, percibe $ 11 millones; Derecho (25.300 estudiantes), $ 10,3 millones, y Medicina (19.000 alumnos), $ 19 millones. A Ciencias Exactas, que mantiene laboratorios y centros de investigación, se le asignan $ 23 millones.
El año último Shuberoff fue contundente cuando se le preguntó si la asignación de recursos era injusta, teniendo en cuenta que los profesores cobran poco. "Yo no vi a docentes que protestaran por eso. Son los medios, que hablan sin conocimiento." Duerme tranquilo, dice, porque la distribución de los recursos no la decide él, sino el Consejo Superior, donde hay representantes de todas las facultades y de todos los claustros.
Hace dos meses, en una entrevista con Noticias, dejó en claro que le disgusta hablar de su patrimonio. Negó tener casas y cuentas en el exterior y dijo que vive de su sueldo de rector ($ 4800 mensuales), a lo que se suman ingresos que recibe de su participación en dos empresas constructoras, Empryser y Rosal, que "no hacen trabajos con la Universidad".
Algunas versiones no confirmadas indican que durante la última dictadura militar, cuando el sector empresarial era su medio de vida, compró acciones en Acindar, Perez Companc y Astra y fue propietario de varios departamentos. Shuberoff afirma que hoy no le queda ni uno sólo.
Los números de la UBA
En sus 14 años como rector, en la UBA se recibieron unos 200.000 alumnos. Shuberoff firma un promedio de 12.000 títulos por año, un número que representa el 20 % de los 60.000 alumnos que ingresan cada año en el Ciclo Básico Común (CBC).
A su juicio, la población estudiantil no está desbordada, sino que los recursos son escasos. El año último dijo a La Nación que la UBA gasta $ 1300 por alumno cuando el promedio de todas las universidades nacionales es de $ 2000. Una cifra que está muy lejos de lo que invierte Brasil ($ 14.000) y mucho más respecto de Harvard ($ 70.000).
En términos presupuestarios hay otros indicadores que no cierran. Los números señalan que para atender una población estudiantil de 220.000 alumnos, la UBA recurre a 17.900 docentes rentados, mientras mantiene un plantel de 10.000 no docentes, una proporción que a simple vista no asoma como ideal, sino que tiende a incrementar los gastos burocráticos.
"La UBA es uno de los lugares del Estado donde peor se paga a la gente y se generan los peores vicios de la burocracia", admitió Shuberoff en una entrevista publicada en mayo del año último en La Nación .
En aquel momento, cuando las universidades salieron a la calle en protesta por más presupuesto, Shuberoff advirtió que si no le entregaban fondos, la UBA cerraría sus puertas en octubre. Nada de eso ocurrió. Los $100 millones quitados al sistema universitario, de los cuales a la UBA le tocaban $ 16 millones, se reintegraron. Llegó octubre y el rector celebró el triunfo de la Alianza, cerrando una década de oposición al gobierno menemista.
Hoy, a un año de distancia, las quejas por la escasez de fondos y las denuncias por el mal manejo de los recursos se mantienen a la orden del día.


