"Los museos argentinos precisan que la gente confíe en ellos"

Sostiene que en los momentos complicados las mejores ideas vienen de abajo
Sostiene que en los momentos complicados las mejores ideas vienen de abajo
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29 de junio de 2002  

NUEVA YORK.- ¿Qué se siente tener 800 millones de dólares para armar un nuevo museo?

Pregúntenle a Glenn Lowry, el hiperkinético y carismático director del famosísimo Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), que hoy abrirá sus puertas al público en su nuevo edificio de Queen´s.

Es la inauguración más esperada del año en la Gran Manzana, y Lowry, la estrella del momento en la escena de las artes mundiales. La colección incluye desde la rueda de bicicleta de Duchamp hasta la "Noche estrellada", de Van Gogh, y las "Señoritas de Avignon", de Picasso, pasando por lo mejor de Matisse, Gauguin y Warhol.

A pesar de su presente glamoroso, Lowry no se olvida de los museos con "otras realidades". Invitado por la Federación Argentina de Amigos de Museos (Fadam), llegará a nuestro país en octubre como el principal disertante del XI Congreso de la Federación Mundial de Amigos de Museos, que por primera vez sesionará en la Argentina.

Lowry le dijo a LA NACION que es fanático del arte argentino -una obra de Guillermo Kuitca, que retrata la cinta para valijas de un aeropuerto, fue seleccionada para la apertura- y se declaró ansioso por visitar el país.

"Supongo que no encontraré en el ambiente el mismo vigor que conocí allí hace unos años. Los argentinos, especialmente los artistas, nunca dejan de sorprenderme por el ingenio y la fuerza que ponen al trabajar", señaló.

Además, el MoMA -en cuya entrada al nuevo edificio figuran los nombres de los grandes benefactores del emprendimiento, como los de Rockefeller, Cisneros y Amalia Lacroze de Fortabat- editará próximamente una serie de libros en los que se recopilan textos sobre el arte argentino del siglo XX y se ha comprometido a desarrollar la mayor biblioteca de arte latinoamericano del mundo.

Organizado por el brasileño Paulo Herkenhoff, curador de la institución, en breve se realizará un seminario sobre el MoMA y América latina, en el que se evaluará la forma de ayudar a los países de la zona.

-¿Qué recomienda para los museos en un país en crisis?

-La fórmula es simple: paciencia, pasión y una voluntad de hierro para no defraudar al público. Para quienes manejamos museos las crisis son cosas de todos los días. Obviamente, lo que enfrentan los museos argentinos supera toda expectativa, pero no por eso deja de ser un desafío.

-¿Qué desafío tiene la Argentina?

-En un país que nunca deja de sorprenderme por la calidad del arte contemporáneo, el desafío no es imposible. No hace falta pensar en los costos de grandes muestras internacionales, con los gastos de fletes, seguros y los riesgos que ello implica si logran aprovechar lo que ahí mismo tienen. Por algo una de las obras más grandes con las que inauguramos el museo en Nueva York es de Guillermo Kuitca.

-Con el Estado, las empresas y los particulares en dificultades económicas, ¿a quién recurrir en busca de fondos?

-Hay que ser extremadamente eficientes en el uso de cada centavo; transformarse en una estructura mínima y flexible, con posibilidades de expandirse en cuanto la situación se relaje. Estas instituciones son fundamentales, y si pueden dar dinero, que den dinero; si no, que los voluntarios cedan su tiempo, de manera que implique un ahorro para el museo o la posibilidad de generar nuevos recursos. Si no, que demuestren su apoyo. Los museos argentinos necesitan de una comunidad que crea en ellos. Sin esto, nada tiene sentido. Es importante que la gente común que atraviese la puerta de un museo exprese sus sugerencias. A veces las mejores ideas, en momentos complicados, vienen desde más abajo.

-Amalia Fortabat es una de las grandes donantes de este nuevo museo y está abriendo uno propio en Buenos Aires. ¿Habrá algún tipo de cooperación entre ambos?

-Lo hablamos, pero siempre de manera informal. Pero tanto ella como Nelly Blaquier son dos viejas amigas del museo. Somos muy afortunados en tenerlas en nuestra familia.

-En su museo no hay explicaciones de las obras ni atracciones para chicos. ¿Cómo los atraerá?

-Muchos se han sorprendido de que no hayamos puesto ninguna computadora, efecto tridimensional o videojuego para llegar a los chicos. Esa es la moda, pero a mi criterio es un error. Las obras de arte, si son buenas, deben llegar a todos por sí solas. Es ridículo gastar fortunas en convertir un museo en un parque de diversiones.

-¿Cuál es el secreto del éxito de un museo?

-Buenas obras de arte. Los que se concentran en conseguir fondos o en programas de extensión cultural lo olvidan y están destinados al fracaso. Algunas obras de arte pueden ser elementos cotidianos, como una de nuestras exposiciones inaugurales, que es de autos de gran diseño. Si viene una persona a ver la Ferrari y conoce un Picasso, es un éxito. Y si viene un especialista en pintura impresionista y queda deslumbrado por el Cisitalia de Pininfarina, hemos logrado nuestro objetivo también.

El valor de la obra de arte

"Sorprende que no tengamos efectos tridimensionales para atraer a los chicos. Las obras de arte, si son buenas, deben llegar a todos por sí solas. Es ridículo gastar fortunas en convertir un museo en un parque de diversiones."

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