Los seguidores argentinos de Lefebvre
La comunidad ultraconservadora tiene aquí el único seminario en español del mundo y atrae fieles de distintos sectores sociales
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Marcel Lefebvre, el cardenal que optó por quedar fuera de la Iglesia antes de ceder a sus posiciones, eligió a la Argentina como una especie de reservorio de la tradición católica para toda América del Sur. Casi treinta años después de aquella elección, sus seguidores mantienen en este país una de sus cuatro comunidades más importantes del mundo.
A ella se dirigieron esta semana las miradas de todos los que siguieron la escalada del conflicto, aún no cerrado, entre la Santa Sede y la comunidad judía, originado por las declaraciones sobre el Holocausto vertidas por un obispo lefebvrista que reside en la Argentina, monseñor Richard Williamson.
Cada domingo, un promedio de 500 fieles asiste a las dos misas matinales que se celebran según el rito tridentino -en latín- en el templo del seminario que Williamson dirige desde 2003 en La Reja, Moreno. Allí, como en las restantes 22 iglesias que este grupo ultraconversador atiende en un total de nueve provincias argentinas, las mujeres de todas las edades se presentan con polleras por debajo de las rodillas y cabeza cubierta por mantillas, y los hombres, con pantalones largos aun en pleno verano. De no ser así, serían invitados a retirarse.
El único letrero pegado en la puerta del templo recuerda esas y otras sugerencias en el vestir para "cumplir con la obligación de velar por la decencia" de ese "lugar sagrado". Otro cartel similar advierte lo mismo en la iglesia que la Fraternidad San Pío X -que agrupa a los sacerdotes que siguieron los mandatos de Lefebvre- tiene en Venezuela 1318, en el barrio porteño de Monserrat.
Las capillas de quienes no aceptan las reformas que el Concilio Vaticano II introdujo a fines de los 60 y rechazan también el rótulo de lefebvristas -pues prefieren autodefinirse como católicos apegados a la tradición-, están distribuidas en ciudades de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba, Tucumán, Santiago del Estero, San Luis, Salta, Jujuy, Santa Fe y Corrientes.
Cada una está bajo la responsabilidad de uno de los 22 sacerdotes que viven en casas -que llaman prioratos- en Martínez, Salta, Alta Gracia y Mendoza. "Lefebvre pidió que viviéramos en comunidad para reducir los daños de la soledad", explicó a LA NACION el superior para América del Sur, el padre Christian Bouchacourt.
Ese distrito es, según Bouchacourt, el cuarto en importancia dentro de la comunidad lefebvrista después de Francia, Alemania y América del Norte. De hecho, el seminario de La Reja es el único en el que se estudia en castellano. Allí, Williamson dirige, hasta el momento, los cursos de 25 seminaristas y recibirá el mes que viene a siete nuevos candidatos a sacerdotes de la Argentina, Brasil y México.
En todo el mundo, la Fraternidad San Pío X tiene 493 sacerdotes que viven en 56 países. No todos comparten con el sucesor de Lefebvre, monseñor Bernard Fellay, la idea de "conversar" con Benedicto XVI en pos de una integración plena a la Iglesia luego del levantamiento de las excomuniones.
Las relaciones entre los lefebvristas y la Iglesia local son más que frías. Sin embargo, Bouchacourt dijo que en marzo pedirá una audiencia con el cardenal Jorge Bergoglio. "Es evidente que hay desacuerdos, pero es importante hablar un poco", dijo.
La fe en público
Para Marcelo González, editor del sitio tradicionalista Panorama Católico y "lefebvrólogo" de alma, hasta hace poco los lefebvristas argentinos se caracterizaban por ser de sectores acomodados, que suelen hacer elevadas donaciones que sostienen a la comunidad. Pero ahora también hay fieles de niveles sociales más bajos. "Los sectores trabajadores concurren a una capilla en Lanús", dijo González a LA NACION. Además de ese sitio web, los lefebvristas argentinos difunden sus ideas por otros (el oficial es www.dici.org ), como Stat Veritas.
El último gesto público en el que participaron, junto a otros grupos tradicionalistas, fue hace un año. Rezaron el rosario frente a la Catedral de Buenos Aires, lo que consideraron un "acto de desagravio" a ese templo, a un mes de haberse difundido la noticia de que algunas Madres de Plaza de Mayo habían ingresado y permanecido en él. En 2007, en Córdoba, intentaron impedir la muestra del artista plástico Alfonso Barbieri, "en defensa de nuestra Santa Madre".
"No somos un secta cerrada"
- "Tengo 65 años y siempre vine a esta misa. Esto no es lefebvrismo, eso es invento de los periodistas. Esto es la Iglesia Católica", dijo a LA NACION Carlos Pérez Agüero, uno de los fieles que asistió días pasados a la misa tridentina en la capilla que la Fraternidad San Pío X tiene en Venezuela 1318. "Aquí los chicos se crían mejor, no hay tantos hogares destruidos, si bien no somos perfectos", agregó. Otro de los feligreses que no quiso dar su nombre dijo: "No somos una secta cerrada. Acá puede venir cualquiera. Si se acercan a las ceremonias se darán cuenta".



