Metelkova Mesto
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Alojarse en una de las celdas del hostel Celika, en Liubliana, la pequeña capital de Eslovenia, se ha convertido en un signo de distinción entre la juventud dorada de Europa y de Estados Unidos. El hostel se encuentra en uno de los siete precarios edificios que componen la ciudad cultural alternativa Metelkova Mesto. En esos doce mil metros cuadrados se hallaba, hasta 1993, un cuartel del Ejército yugoslavo. Después de que los militares se retiraran, ese codiciado espacio, en el centro de Liubliana, fue ocupado ilegalmente por estudiantes, artistas y personajes marginales. Desde entonces, los "ocupas" luchan contra los reclamos estatales, apoyados por la opinión internacional.
Las barracas se transformaron en galerías de arte, en auditorios para conciertos, en comercios donde se venden artesanías y en discotecas. Lo que era la prisión es el hostel. Las habitaciones de ese albergue han sido decoradas por pintores, pero las rejas y las puertas de planchas de acero delatan su primitiva función de calabozos. En la actualidad, allí se hospedan jóvenes ansiosos de conocer a otros jóvenes, todos ellos "alternativos". Los espacios públicos y los cuartos-celda son de una limpieza que intimida. La atención del personal es la de un hotel de cinco estrellas. Los huéspedes no pueden ser más sofisticados. Nadie habla menos de tres idiomas. De día, el conjunto de las barracas tiene el toque trash imprescindible para estar de moda. Las esculturas de los patios, suerte de fetos gigantes o de extraterrestres, las mayólicas y vidrios de botellas incrustados en las paredes, al estilo Gaudí, mezclan las estéticas con "mensajes" y las intenciones vanguardistas. Por la noche, uno está seguro de que en Metelkova Mesto siempre habrá un recital, un estreno teatral y, sobre todo, un encuentro inquietante. El público, integrado por los huéspedes de los hoteles de lujo, va guiado por la ilusión de vivir unas horas salvajes. Las empresas de construcción sólo anhelan destruir ese espejismo de burgueses, a quienes desean venderles departamentos. Es un llamado a la realidad, que suena como las desplazadas dianas militares.





