
Modesta apología del argumento
Museo (Emecé Editores) reúne por primera vez en un volumen textos dispersos que escribieron conjuntamente Borges y Bioy, firmados a menudo con pseudónimos. En el libro, del que se brinda un anticipo, se encuentran desde el folleto de La Leche Cuajada de La Martona hasta fragmentos literarios ajenos, publicados en las revistas Destiempo y Los Anales de Buenos Aires y elegidos por el autor apócrifo B. Lynch Davis
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Para el estúpido siglo XX, o para algunos estrepitosos hombres de letras del siglo XX, hay una cosa despreciable y trivial que debe proscribirse del arte. Esa cosa es la anécdota. Quienes la proscriben y la aborrecen lo hacen movidos por el hartazgo de cierta clase de episodios sentimentales, gratos, digamos, a Carriego, que dio aquel mal paso, al azucarado Coppée o a Campoamor, que circula en su tren expreso. Ciertamente, el hartazgo no era incomprensible, y un proceso análogo había ocurrido en el campo de la pintura. Tras de expulsar a las madres y a los mendigos, el pintor pasó a los botellones y a las manzanas, después a las pipas y a los recortes, luego a los rombos y, finalmente, se redujo a la raya y al redondel. Aplicada a la literatura, esta conducta no sería menos destructiva. Bien está la palabra anécdota para exorcizar a François Coppée o al doctor Regules; lo grave es que también son anécdotas La Ilíada y Las mil y una noches , Hamlet y La divina comedia . ¿Cómo desentrañar lo anecdótico de lo narrativo? ¿Cómo admitir una proscripción que aboliría la epopeya, la novela y el teatro?
Extendamos esta sencilla consideración al arte cinematográfico. Hay quienes opinan que el film debe ser una pura antología de imágenes, una suerte de música visual. Tan audaz afirmación, llevada a la práctica, no tarda en producir, como nadie ignora, el tedio y la indiferencia. Diríase que un argumento es indispensable para dirigir la atención y que sin él no podemos seguir las imágenes. Uno de los agrados esenciales de la humanidad es lo narrativo; no hay razón valedera para que prescinda de él el cinematógrafo.
Hablar de los problemas del cinematógrafo argentino es postular que esos problemas son muy diversos de los que se presentan en otras partes. Sin duda, el postulado es agradable para nuestra vanidad, pero también es peligroso. Nos induce a elaborar films argentinos -abrumados de desaprensivo color local- y no sencillamente buenos films . Los buenos films resultan de una afortunada conjugación de elementos. No se negará que entre éstos la trama tiene un valor fundamental. Un valor no menos precioso por el hecho de que su invención no es obra de dinero o de técnica, sino de un don incalculable y casi secreto.
Lyra , Buenos Aires, año XIV, N° 149-151, segundo trimestre de 1956.
* * *
Textos seleccionados por J.L.B. y A.B.C.
La puerta de marfil
UNA EXPRESION CABAL
DE LA LITERATURA NOVELISTICA
DE NUESTRO TIEMPO
En la Odisea y en la Eneida se lee que la fantasía de los sueños atraviesa una puerta de marfil para llegar a los hombres. Tal es la justificación del título de esta serie de novelas presentada por Emecé Editores.
De los diversos géneros literarios, el novelístico es, por consenso general, el más rico y el más interesante. Ninguno se asemeja como él al destino humano; ninguno es tan hospitalario a las posibilidades de la ética, del pensamiento y de la pasión. El novelista puede hacer suyas las palabras de Juvenal: "Todo lo que mueve a los hombres -plegarias, temor, ira, placeres, júbilo, diálogo- es materia de mi libro".
La puerta de marfil quiere recoger lo más vivo, lo más intenso, lo más dramático de las muchas corrientes novelísticas de nuestro tiempo. Wells, la figura más preclara de la literatura inglesa contemporánea; Conrad, magistral en la melodía de la palabra, en la construcción y en los caracteres; Jules Romains, el primero de los actuales novelistas franceses; James M. Cain, el diestro narrador de la desesperación y de la violencia; Miguel Artzíbashev, cuya obra capital, Sanin , ilustra un nuevo tipo ético, son algunos de los autores que abarca esta colección. La puerta de marfil no se limitará, sin embargo, a divulgar la obra de los maestros; dará también a conocer los valores novísimos de las letras europeas y americanas.
En Repertorio Bibliográfico Emecé. Catálogo General Perpetuo , tomo VII, Emecé Editores, Buenos Aires, [1946]
Tennis-Play
En una Cancha de Tennis
juegan
con una Pelota
que uno arroja
y que otro recibe
y arroja de Vuelta con
una Raqueta:
y este es el sport
de hombres-Nobles
para cansar sus cuerpos.
J. A. COMENIUS:
Visible World: or a picture and nomenclature of all the chief things that are in the world (1672)
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Sirve pues la Isla de Santa Elena en la escala de un mundo al otro, de descanso a la portátil Europa...
BALTASAR GRACIÁN: El Criticón
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Era en un amable nido de soltero,
de risas y versos, de placer sonoro;
era un inspirado cada caballero,
de sueños azules y vino de oro.
RUBEN DARÍO: Muy Siglo XVIII
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Si alguno sospechare que un vecino guarda en su casa algo que le ha robado, podrá forzar la entrada de esa casa presentándose completamente desnudo con un cinturón de tela, llevando en las manos, delante del pecho, el plato de los sacrificios.
GAYO: Las Institutas
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De pie sobre mí mismo,
me arrodillé en la alfombra de tus pasos.
EUARDO GONZÁLEZ LANUZA: Prismas .
* * *
La mayor utilidad de la Ilíada consiste en mostrar cuán necesaria es la unión y concordancia entre los jefes de un ejército.
LUZÁN: Arte Poética .
Es fama que esta sabrosísima fruta conviene a los enfermos afiebrados así como a los que están en salud. Los melones de agua o sandías se crían con facilidad y fortuna; lo difícil es preservarlos de los ladrones. Maravilla, pero así es, que muchos que por nada del mundo retirarían un centavo de la alcancía del vecino se rebajan sin embargo a robar la sandía. No nos espanta menos que un alma que profesa la fe cristiana, cuyo dogma es hacer a los demás lo que deseamos que nos hagan, particularmente un americano, que tiene por Credo Político la Independencia y la Igualdad se aventure a robar a un prójimo la joya más preciada en la Naturaleza: la Libertad.
SAMUEL WOOD: Cries of New York (1808)
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El mate es el cisne de la Pampa: canta cuando muere.
JUAN CARLOS WELKER
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Luego por circunstancias económicas
Tuvimos que mudar de domicilio
Y abandonar la casa que mis padres
Habían adquirido en Calle Oruro.
MARÍA RAQUEL ADLER
La Promesa del Rey
Tostig, hermano del rey sajón de Inglaterra, Harold Hijo de Godwin, codiciaba el poder y se alió con Harald Hardrada, rey de Noruega. (Este había militado en Constantinopla y en Africa; su estandarte se llamaba Landšda, Desolador de Tierras; también fue poeta famoso). Con un ejército noruego desembarcaron en la costa oriental y rindieron el castillo de Jorvik (York). Al sur de Jorvik los enfrentó el ejército sajón. Veinte jinetes se allegaron a las filas del invasor; los hombres, y también los caballos, estaban revestidos de hierro. Uno de los jinetes gritó:
-¿Está aquí el conde Tostig?
-No niego estar aquí -dijo el conde.
-Si verdaderamente eres Tostig -dijo el jinete- vengo a decirte que tu hermano te ofrece su perdón, su amistad y la tercera parte del reino.
-Si acepto -dijo Tostig- ¿qué dará el rey a Harald Hardrada?
-No se ha olvidado de él -contestó el jinete-. Le dará seis pies de tierra inglesa y, ya que es tan alto, uno más.
-Entonces- dijo Tostig- dile a tu rey que pelearemos hasta morir.
Los jinetes volvieron. Harald Hardrada preguntó, pensativo:
-¿Quién era ese caballero que habló tan bien?
El conde respondió:
-Era Harold Hijo de Godwin.
Antes que declinara el sol de ese día, el ejército noruego fue derrotado. Harald Hardrada pereció en la batalla y también el conde.
Del capítulo XCI del décimo libro de la Heimskringla . (En JORGE LUIS BORGES, Literaturas germánicas medievales, Emecé editores, 1978)
El dibujo del tapiz
Recordé el cuento de Henry James, El dibujo del tapiz : la historia de un hombre de letras que ha publicado muchas novelas y que oye con alguna perplejidad que uno de sus lectores no había notado que todas eran variaciones de un mismo tema y que un solo dibujo las recorría, como el dibujo de un tapiz oriental. Si no me engaño: el novelista muere, sin haber declarado el secreto y la historia concluye de una manera muy delicada, dejándonos con el lector que, nos dan a entender, se consagrará a descubrir ese reiterado dibujo, que está oculto en muchos volúmenes.
De The London Adventure (1924), de ARTHUR MACHEN.
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La hermosura del fuego
La naturaleza del fuego eterno es loable, aunque sea dolorosa e insufrible a los impíos condenados; porque ¿qué objeto hay más hermoso y apacible a la vista que el fuego ardoroso, vivo y resplandeciente? ¿Qué más útil cuando calienta, cura y pone en sazón lo que necesitamos para nuestro sustento?
Del capítulo IV del libro duodécimo de La Ciudad de Dios , de SAN AGUSTÍN.
El gesto de la muerte
Un joven jardinero persa dice a su príncipe:
-¡Sálvame! Encontré a la muerte esta mañana. Me hizo un gesto de amenaza. Esta noche, por milagro, quisiera estar en Ispahan.
El bondadoso príncipe le presta sus caballos. Por la tarde, el príncipe encuentra a la muerte y le pregunta:
-Esta mañana ¿por qué has hecho a nuestro jardinero un gesto de amenaza?
-No fue un gesto de amenaza -le responde- sino un gesto de sorpresa. Pues lo veía lejos de Ispahan esta mañana y debo tomarlo esta noche en Ispahan.
De Le Grand ƒcart , de JEAN COCTEAU. (En J. L. BORGES, A. BIOY CASARES y S. OCAMPO, Antología de la literatura fantástica , Buenos Aires, Sudamericana, 1965)
El juramento del cautivo
El Genio dijo al pescador que lo había sacado de la botella de cobre amarillo:
-Soy uno de los genios heréticos y me rebelé contra Salomón, hijo de David (¡que sobre los dos haya paz!). Fui derrotado; Salomón, hijo de David, me ordenó que abrazara la fe de Dios y que obedeciera sus órdenes. Rehusé; el Rey me encerró en ese recipiente de cobre y estampó en la tapa el Nombre Muy Alto, y ordenó a los genios sumisos que me arrojaran en el centro del mar. Dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, lo enriqueceré para siempre. Pero un siglo entero pasó, y nadie me dio libertad. Entonces dije en mi corazón: a quien me dé la libertad, le revelaré todas las artes mágicas de la tierra. Pero cuatrocientos años pasaron, y yo seguía en el fondo del mar. Dije entonces: a quien me dé la libertad, yo le otorgaré tres deseos. Pero novecientos años pasaron. Entonces, desesperado, juré por el Nombre Muy Alto: a quien me dé la libertad, yo lo mataré. Prepárate a morir, oh mi salvador.
De la noche tercera del libro de Las mil y una noches .
Epitafio de Francisco Chartres, muerto en Escocia, en 1731
Sigue corrompiéndose aquí
El cuerpo de Francisco Chartres,
Que, con inflexible constancia
E inevitable uniformidad de vida,
Persistió
A pesar de las enfermedades y de la vejez,
En el Ejercicio de todos los vicios humanos,
Salvo la prodigalidad y la hipocresía.
Lo preservó de la primera, su insaciable avaricia,
De la segunda, su incomparable descaro.
No fue menos eminente
En la constante Depravación de sus Costumbres
Que certero
En la Acumulación de riquezas,
Porque, sin profesión ni oficio,
Sin el manejo de dineros públicos,
Y sin cargo que justificara el soborno,
Adquirió, o, mejor dicho, creó
Una fortuna de potentado.
Fue la única Persona de su Tiempo
Que supo defraudar sin la Máscara de la Decencia,
Y conservar su mezquindad Prístina
Cuando tuvo millones.
Habiendo merecido en todos sus días la horca, por
lo que hizo,
Finalmente fue condenado a ella por lo que no pudo hacer.
¡Oh, Indignado Lector!
No creas que esta Vida ha sido inútil para los Hombres.
La Providencia hizo prosperar al más indigno
de todos los mortales,
Y fue cómplice de sus execrables Designios,
Para dar a la Posteridad
Una prueba y un ejemplo insignes,
Del ínfimo valor que tiene
Una riqueza enorme
A los ojos de Dios.
De Miscellaneous Works (1751)de ARBUTHNOT.
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