
Operación rescate
La Fundación Tarea celebra sus diez años de conservación de pintura colonial sudamericana y de otros orígenes con un libro que será presentado el miércoles en Barracas
1 minuto de lectura'

Si no fuera verdad, podría ser una ficción borgeana. En un taller de Barracas donde funcionó alguna vez una fábrica de corpiños, durante diez años un equipo de restauradores, químicos, fotógrafos e historiadores llevaron adelante la silenciosa tarea de recuperar el estado original de pinturas coloniales a las que el tiempo les había cobrado un alto precio.
Angeles militares, vírgenes, santos e imágenes de Cristo pasaron por las manos de los especialistas que curaron heridas y cubrieron cicatrices con tanta paciencia como talento hasta lograr que el color, la pátina y el pentimento volvieran a ser los que imaginó el artista cuatro siglo atrás.
Los trabajos de esta década de salvamento están contenidos en las 300 páginas del libro editado por la Fundación Antorchas, que será presentado pasado mañana en Quinquela Martín al 1700, en el mismo taller donde alguna vez se fabricaron los corpiños de La Ninfa.
Los trabajos y los días
Casi por casualidad, el Taller de Restauro de Arte , conocido luego como Tarea, dio sus primeros pasos cuando promediaban los años ochenta y la Fundación Antorchas aceptó financiar un inventario de bienes artísticos para la Academia Nacional de Bellas Artes.
Una cosa trae la otra, y, al poco tiempo, el equipo de especialistas asesorados por los profesores Adolfo Ribera y Héctor Schenone sentaba las bases de la Fundación Tarea dedicada "a labores de conservación de pintura colonial sudamericana y de otros orígenes".
Curiosamente, este retoño de la ya prestigiosa Fundación Antorchas unía los dos extremos de la creación. Mientras esta última orientaba sus esfuerzos y sus fondos a impulsar a los jóvenes artistas a través de la creación de la Beca Kuitca (ver Revista) y de otros programas de acción, Tarea hacía suyo el ambicioso proyecto, encarado con la Academia Nacional de Bellas Artes, de recuperar el pasado y salvar del olvido obras abandonadas en pequeñas capillas de pueblo y en lejanos conventos del Noroeste.
En diez años de labor, Tarea trató más de cuatrocientas obras -la mayoría de ellas pinturas coloniales- procedentes de 31 localidades de Jujuy, Salta, Córdoba, Mendoza, Santa Fe y Buenos Aires.
El equipo de trabajo se formó con diecinueve especialistas en restauración y conservación, cinco en historia del arte, dos en química, dos en fotografía y seis en cuestiones administrativas y de servicios.
De esos años de trabajo, ha quedado el libro como una hoja de ruta que servirá para quienes se decidan a tomar la antorcha y continuar la empresa de rescate de un tiempo que definitivamente no puede quedar perdido porque en él se asienta la trama profunda de nuestra identidad.
La primera lección que dejan José Emilio Burucúa, Alejandro Bustillo, Mercedes de las Carreras, Victoria Filipelli, Andrea Jauregui, José X. Martínez, Diego Ortiz, Héctor Schenone, Alicia Seldes y Gabriela Siracusano es que el trabajo de restauracion de obras de arte exige por su naturaleza "un enfoque multidisciplinario en el que se combinen el análisis científico (básicamente, el conocimiento de la química y la física) con la apreciación artística y la habilidad artesanal".
La segunda lección, no menos importante, es que en materia de restauración no hay recetas definitivas. Las técnicas, los materiales y los abordajes cambian, de allí que mantener el contacto con los centros de información del Primer Mundo se vuelve decisivo.
A partir de 1991. Tarea centró sus esfuerzos en la conservación de obras de arte; la restauración -restituir la apariencia inicial- quedó circunscripta a casos muy puntuales y aislados, solamente cuando las pinturas tratadas comprometían con su presencia un mapa más amplio de significados.
La pintura colonial, concebida por misioneros y conquistadores como una vía cierta de comunicación frente a la barrera insalvable de la lengua, fue la llave de acceso a la cultura europea, aunque en muchos casos la sensibilidad del artista nativo entregara imágenes de contenido híbrido.
El libro editado por la Fundación Antorchas es rico en ejemplos de imágenes barrocas que ilustran acerca del valor didáctico de esa retórica visual que busca aleccionar a través de la dramatización de las escenas y de los personajes.
El corpus de la labor de Tarea han sido pinturas de los siglos XVIIy XVIII. Muchas de ellas proceden de la escuela cuzqueña como el Lienzo con cuatro imágenes, siglo XVII, de la iglesia San Francisco de Paula, en Uquía, provincia de Jujuy.
Para los especialistas y conocedores, Tarea de diez años será un volumen de consulta permanente. Quienes se aproximan por primera vez a esta temática, descubrirán cuánto de fascinante tiene la aliación de química y arte, esa misteriosa manera de comportarse y envejecer que tienen ligantes, aglutinantes, barnices, veladuras y colorantes, vehículos tangible de la inspiración del artista.
Un francés que sabe lo que dice
"Al patrimonio lo salvamos entre todos o se pierde para siempre." Fue una de las reflexiones del francés Gael de Guichen, que llegó a Buenos Aires invitado por la Fundación Patrimonio, que coordina Susana Meden, para transmitir lo que mejor conoce:qué y cómo hacer para salvar y proteger los bienes culturales. De Guichen encarna de manera absoluta esa singular liaison entre química y arte. Trabajó en la recuperación de las cuevas de Lascaux y dirigió el programa EPA( Ecole de Patrimoine Africaine), creado para la prevención de los museos africanos, con el apoyo del Centro Internacional para la Preservación del Patrimonio (Iccrom). "El principal objetivo del EPA es armar una red de formadores que garanticen la salvaguardia del patrimonio en el Africa francófona, una región cuya identidad es tan endeble como sus construcciones, y donde es vital fortalecer las redes solidarias." A imagen y semejanza de este programa, Susana Meden quiere poner en marcha el Patrimonio a Salvo en América latina (Pasal), con el asesoramiento de técnicos europeos y el foco de atención puesto en los archivos eclesiásticos, lugares de guarda de tallas, libros y manuscritos, un reservorio único. Este modelo de trabajo, en el que ha sido pionera la Fundación Tarea, marca el camino posible del mecenazgo social: no buscar la mayor visibilidad sino la mayor necesidad.
1
2Construir con telas, hablar con color: Olga de Amaral transforma el Malba en un laberinto universal
- 3
Las cenizas de Juan José Sebreli se esparcirán en Plaza Constitución el próximo viernes
4Cierra definitivamente el ex-Museo del Traje y el Gobierno planea abrir un espacio cultural para artistas emergentes



