Orígenes de la cultura
ARQUEOLOGIA DE LA MENTE Por Steven Mithen (Crítica)-333 páginas-($ 36)
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ACTIVIDADES como el arte, la ciencia y la religión, surgidas en una etapa reciente de la evolución de la mente humana, están, sin embargo, completamente ausentes en el resto de los seres vivos. No se observa el más efímero rastro de su producción, ni siquiera en las especies antropomorfas más cercanas al hombre. Aglutinadas bajo términos ambiguos como conciencia, inteligencia o mente, estas capacidades se encuentran entre los objetos de estudio científico más evanescentes y controvertidos.
Desde las investigaciones sobre el desarrollo de la inteligencia infantil hasta las posibilidades de lenguaje en el chimpancé, desde los intentos de comprender la estructura del cerebro hasta el estudio de culturas no occidentales, cada disciplina relacionada con el estudio del hombre tiene algo que decir sobre el asunto.
En su libro Arqueología de la mente , Steven Mithen, arqueólogo y profesor de la Universidad de Reading, incorpora una nueva perspectiva a este arsenal multidisciplinario. Mithen parte de las evidencias de la arqueología que se ocupa de los cazadores-recolectores prehistóricos -aquella que abarca el período que va desde la aparición de los primeros útiles líticos, hace unos 2,5 millones de años, hasta la invención (o descubrimiento) de la agricultura, hace unos 10.000 años-, y sostiene que están dadas las condiciones para "superar el estadio de las preguntas acerca de cómo eran y actuaban aquellos antepasados, para pasar a plantear qué es lo que pasaba por sus mentes".
El estudio se remonta a la prehistoria, hace unos 6 millones de años, cuando caminó sobre la Tierra el primer antropomorfo del cual evolucionaron, por un lado, los chimpancés y los gorilas y, por otro, los humanos modernos, y alcanza hasta las dos transformaciones más espectaculares de la conducta humana: la explosión cultural que tuvo lugar hace entre 60.000 y 30.000 años, con la aparición de las primeras manifestaciones de arte, de tecnología avanzada y religión, y la que tuvo lugar hace unos 10.000 años, cuando el hombre comenzó a sembrar y a domesticar animales.
Como respuesta al neurólogo y premio Nobel sir John Eccles, quien afirmó en su célebre libro The Evolution of the Brain ( La evolución del cerebro ) que la conciencia humana deriva de un acto de creación ajeno a las leyes de la naturaleza, Mithen se propone aportar "la evidencia necesaria para negar la afirmación creacionista de que la mente es un producto de la intervención sobrenatural".
A diferencia de la visión predominante en las ciencias sociales, en las que la mente suele considerarse como un mecanismo de aprendizaje general, Mithen toma de la psicología de la evolución la hipótesis de la mente como una serie de "módulos" o "áreas cognitivas", cada una de ellas especializada en un tipo concreto de comportamiento, como pueden serlo el módulo de adquisición del lenguaje, el módulo de la habilidad técnica o aquel que hace posible establecer vínculos sociales.
Este modelo le permite reconstruir el paso del estadio de la mente diseñada al estilo de una "navaja suiza" -racimo de inteligencias especializadas aisladas- a un estadio de integración del conocimiento técnico, que el arqueólogo norteamericano caracteriza como "fluidez cognitiva". El proceso culmina hace unos 45.000 años con la aparición de la mente moderna, definida por la capacidad para diseñar útiles complejos, crear arte e ideologías religiosas, y cuyo epílogo cultural más visible es la agricultura.
Tal vez el aspecto más interesante de la exposición de Mithen es la conexión que establece entre la secuencia de evidencias materiales -básicamente, fósiles y herramientas- y los cambios en las pautas de comportamiento. Las ventajas de la posición erecta o bipedismo, que provoca el descenso de la laringe y la posibilidad de articulación y modulación de sonidos; los cambios en la naturaleza del lenguaje, el cual aparecería para hablar del mundo social y lentamente se extendería metafóricamente hacia el mundo de los objetos físicos; la infancia prolongada característica de los humanos, que sencillamente proporciona tiempo para que en la mente se formen conexiones entre las inteligencias especializadas, son algunos de los tópicos que el autor asume como condiciones de posibilidad clave en la conformación de la mente moderna.
Por último, Mithen se preocupa por el aspecto didáctico del libro y, si bien el tema exige permanentes recapitulaciones, un buen número de recuadros, figuras y diagramas facilitan la lectura de un relato que intenta trazar un hilo de argumentación coherente sobre un arco temporal de más de 6 millones de años.




