
Palabras del siglo XIX
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Hoy que los diccionarios de argentinismos, de dudas panhispánicas y de americanismos (éste en preparación) se han hecho familiares para una sociedad que, atiborrada de información, emplea cada vez menos palabras para comunicarse, resulta novedoso saber que el primer diccionario de argentinismos nació en el siglo XIX y fue un meduloso trabajo que llevó a cabo la Academia de Ciencias, Artes y Letras, en 1875. El dato podría ser una perla perdida en un océano de noticias culturales sin otro destino que el olvido. Pero habrá de convertirse en una novedad editorial de la Academia Argentina de Letras, cuando se publique en agosto como una joya bibliográfica de nuestra cultura y nuestra memoria.
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El presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia (quien en estos días recibe en Perú un doctorado honoris causa), localizó -por una afortunada coincidencia- un ejemplar único de aquel diccionario del siglo XIX en la biblioteca de un coleccionista privado, cuyo nombre reservó. El volumen, escrito con pluma y en una cuidada caligrafía, se titula: "Diccionario Argentino. Voces pátrias definidas para la Academia de Ciencias-Letras i Artes de Buenos Ayres". Y fue publicado en 1879. El volumen recogió vocablos que no se usaban en España o, en caso de emplearse, tenían una acepción diferente de la rioplatense. Aquellos argentinismos se internaron también en la espesura de las palabras de las provincias. En 1879, los vocablos registrados eran 3000 (se estima en más de 6000 los actuales, según datos brindados por Barcia a LA NACION) y se recogían minuciosamente las palabras vinculadas con la flora y la fauna autóctonas, habida cuenta de que el registro era responsabilidad de científicos, historiadores y docentes. Hay, entre aquellos vocablos autóctonos, algunas curiosidades. Por ejemplo, podría suponerse, con amplio margen de error, que "compadrito" es una palabra del siglo XX, vinculada con la cultura suburbana, el tango y las milongas.
Pues no. A "compadrito" se le atribuía en el siglo XIX un origen francés -procedente del vocablo "compère", designaba a "un tunante temible que vive entre la plebe de las ciudades"- y se aplicaba como diminutivo de compadre, palabra a la que no le iba mejor con la definición: "Tipo sumamente antipático de los suburbios de la ciudad de Buenos Aires. Colocado entre el gaucho y el hombre culto, fáltale la nobleza de aquél y la educación de éste, apropiándose los defectos y los vicios de ambos". Y abunda el diccionario en la pintura del susodicho: "Es camorrero, vicioso y desleal; (...) su arma predilecta es el facón o el cuchillo; ocúpase comúnmente en preparar caballos para las carreras y gallos para las riñas".




