Parábola del Hijo Pródigo
PARABOLA DEL HIJO PRODIGIO Por María del Mar Estrella-(Ultimo Reino)-80 páginas-($ 12)
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María del Mar Estrella ha plasmado, en Ultimo nombre, un ámbito luminoso en el que recrea hondamente la parábola del Hijo Pródigo. Aunque, más allá del texto evangélico, estos atípicos sonetos, compuestos por versos endecasílabos pero sin rima, aluden con entrañable belleza al tránsito humano sobre la tierra; al destino ineludible del hombre, hecho de desencuentros y de la ardua asunción de sí mismo. Ese sí mismo que sólo se valida al ser-por-el Otro. Lo ratifica el verso inicial de uno de los poemas que integran "Hijo mayor", la segunda y más dramática sección de este libro (compuesto además por un capítulo inicial, "Hijo menor", y por otro final, "Padre"): "Empiezo a comprender que uno es el otro...". Si somos capaces de asumir las debilidades y torturas más íntimas, podremos trascenderlas, parece sugerir la poeta. Los celos y la envidia hacia ese Hijo menor, que regresa y que con sólo ese gesto parece instituirse en favorito, serán sustituidos por la comprensión de que todos somos uno. De que el Padre lo es sólo en sus hijos y éstos en él. Como señala en su prólogo Horacio Peltzer, "el pródigo, ya de regreso [...] más que arrepentimiento trasunta seguridad. Merced al viaje pudo disipar ?la duda penitente de ser hombre".
La celebrada autora de El poblador (1963), Pueblo de Caín y otros poemas (1968), Corazón habitado (1982), Los dioses mutilados (1997) y otros textos, que le valieron distinciones nacionales e internacionales, tutela cada sección con citas de El regreso del Hijo Pródigo, de Henry Nouwen. Mientras que en este poemario el que ha vuelto dice: "Porque soy el cordero y soy la culpa", el hermano que ha sido fiel al padre y que se siente discriminado saca a luz los infinitos matices del desgarramiento, en los que cabe, sin embargo, la esperanza: "Tal vez cuando la pena dé reposo/ descubra la piedad y logre indulto/ la certeza de ser un desdichado". Será el Padre quien confirme que el amor siempre perdona, que hay un "Ultimo nombre al que se llega solo/ por deseo de amar. Cuando se acude/ al encuentro del Ser, vida aceptada./ Mientras, el viento va borrando el viaje...". Viaje simbólico que ahora reanuda la poeta, con solvencia y profundidad conmovedoras.





