Suscriptor digital

Patricia Cisneros: "Me gusta que mi colección sirva para cambiar el canon"

La poderosa coleccionista realizó una histórica donación al MoMA de cien obras que harán que "el arte latinoamericano entre por la puerta grande"; hay diez artistas argentinos
Juana Libedinsky
(0)
18 de octubre de 2016  

Cisneros con Glen Lowry, frente a un cuadro de Oiticica
Cisneros con Glen Lowry, frente a un cuadro de Oiticica

NUEVA YORK.- Más simpáticos no pueden ser. Es una sensación no necesariamente frecuente frente a dos de las personas más poderosas de Nueva York. Sin embargo Glenn Lowry, director del MoMA, y Patricia Phelps de Cisneros, la coleccionista que acaba de realizar la mayor donación de arte latinoamericano a la institución, resultan ser la manera más amigable y relajada de pasar una mañana de otoño en la Gran Manzana.

Aunque no dan cifras del valor total, la colección de abstracción geométrica de Patty -con obras de sus coterráneos venezolanos Cruz Diez y Gego, de los brasileños Lygia Clark y Hélio Oiticica, y de los argentinos Gyula Kosice y Tomás Maldonado, entre otros- "va a revolucionar la forma en que se muestra el arte", dice Lowry. Para Cisneros, que la colección -parte ya había sido regalada al museo- haya encontrado un hogar permanente en el MoMA "implica que el arte latinoamericano entra por la puerta grande".

El triángulo del argentino Tomás Maldonado, 1949
El triángulo del argentino Tomás Maldonado, 1949

Pero más allá de las palabras grandilocuentes, de su visible emoción, Lowry y Cisneros no tienen nada de pomposos. Todo el tiempo bromean cariñosamente. Lo primero que Cisneros aclara es que, aun antes de que se instale cualquiera de los cuadros nuevos, ella considera que "el regalo ya es un éxito: ¡nuestro director aprendió español!" Y aclara él con guiño a LA NACION: "Y con profesora argentina". "Ese es su grado de compromiso con la causa América latina -sigue orgullosa Patty-. Incluso hay un curso de español para los curadores." ("¡Ocho y media, el martes!", salta Lowry, un alumno aplicado.) La química entre ambos es innegable, como la alegría por la donación de esta colección, que en su totalidad se podrá ver entre 2019 y 2021, en un nuevo edificio que está construyendo el MoMA para expandirse. Cisneros explica en detalle el detrás de escena del histórico regalo.

-¿Cómo surgió la donación?

-Siempre fue mi misión honrar a los artistas latinoamericanos, es un gran orgullo nuestra herencia cultural. En ese marco específicamente buscamos promover a los artistas del modernismo, con mucho de Uruguay en los 30, de la Argentina en los 40, de Brasil en los 50 y de Venezuela en los 60. Ése es el perfil. Sentíamos una gran frustración, había un arte que no estaba siendo tomado en cuenta como se debía y teníamos artistas que estaban a la par de cualquiera de los que habían captado la imaginación del mundo y del MoMA. Quisimos corregir eso.

-¿Cómo se concretó?

-Cuando Glenn entró en el museo en el 93 y nos encontramos -creo que en otra oficina y ¡él fumaba!- me di cuenta inmediatamente de que la visión que tenía del museo era expandir aún más lo internacional. Y América del Sur era una parte fundamental de su proyecto. Él puso la semillita a germinar en mi cabeza para trabajar junto con el MoMA y que la colección terminara aquí. En ese momento yo no tenía la colección bien formada, pero me gustó la idea de que cuando estuviese redondeada, sirviera para cambiar el canon, cómo se muestra la historia del arte de la modernidad. Porque creo, humildemente, que después de este regalo los que escriban sobre modernismo van a tener que tomar en cuenta a América latina de una manera u otra.

-¿Por qué MoMA y no otro museo, o su propio museo?

-¿Adónde más, si no, las obras de todos nosotros, los latinoamericanos, van a colgar con esos Mondrian y Picasso? El MoMA recibe entre tres y cuatro millones de visitantes anuales, de los cuales un tercio son de América latina, y tiene más de 12 millones de cibernautas (mi hija dice que es una palabra muy anticuada, pero no sé otra) que lo pueden visitar desde lejos. Era claramente el hogar natural para dar a conocer mejor estas obras.

-El estereotipo de arte latinoamericano que se mantiene es el de color, pasión, figuras reconocibles. Esta donación está en las antípodas, ¿qué efecto cree que tendrá?

-Hubo dos vertientes que fueron creciendo paralelamente en el mundo del arte. El realismo, muy bien manifestado en el muralismo mexicano o de los países andinos, y esta otra, de abstracción. La del realismo había ofuscado la de la abstracción, pero yo me crié en Caracas en los años 60, que era el centro del modernismo, entonces mi estética personal siempre fue esa y es lo que empecé a coleccionar simplemente por gusto. Es muy importante que el mundo conozca este arte, igual de válido que el otro, pero diferente.

-¿Qué hay de la presencia argentina en la colección?

-Tenemos obras de Xul, Kosice, Maldonado, Lidy Prati, Juan Mele, Molenberg, Villalba y otros. Unos diez en total. Casi todos ya fallecieron, pero tuvimos experiencias muy divertidas en Buenos Aires en la búsqueda de las piezas. Con Kosice en particular lo pasábamos muy bien en su estudio; sentías que estabas andando con él en ese universo que representa. Sin excepción todas estas piezas luego estuvieron colgadas en casa. Nuestros chicos crecieron con ellas y cada día les descubríamos algo nuevo. Por eso sentimos que la donación es con gran respeto hacia las obras y los artistas que las hicieron, pero sobre todo con mucho amor.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?