Perspectivas múltiples
Primer volumen de un ambicioso proyecto dirigido por Carlos Altamirano, La ciudad letrada, de la conquista al modernismo propone una historia de los hombres de ideas en el contexto que posibilitó o limitó sus intervenciones y debates
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Historia de los intelectuales en América latina. Volumen I.
Por Carlos Altamirano (dir.) y Jorge Myers (ed.)
Katz
$129
La publicación del primer volumen de la Historia de los intelectuales en América Latina -un proyecto dirigido por Carlos Altamirano, que prevé la salida de un segundo y último tomo el año próximo- es un acontecimiento de peso y ciertamente pionero: no sólo se trata de la primera historia de los intelectuales con proyección latinoamericana, sino que, además, representa una auténtica propuesta, a la vez que un riguroso e inteligente modelo, sobre cómo hacer historia intelectual en esta región del mundo. También sobre el modo de llevar adelante el desarrollo de esta disciplina que, al tomar como objeto la figura del intelectual inserto siempre en el contexto histórico que posibilitó o limitó sus intervenciones, que determinó la recepción de sus ideas o su eventual injerencia en el ámbito político-social, convoca necesariamente la confluencia de disciplinas "vecinas", como la historia de las ideas, la de la literatura, la historia política y la sociología de los intelectuales, así como, de un modo particular, la historia de la prensa y de la edición.
Una de las grandes ambiciones del proyecto es, no su eventual pretensión de exhaustividad (no todos los países latinoamericanos ni todos sus intelectuales se incluyen en el volumen), sino la fina tarea de orquestación de perspectivas disciplinares y de las diferentes variables que determinaron, en cada época, el accionar intelectual, lo que da como resultado una historia completamente alejada de la abstracción idealista, del recorte unívoco, del anacronismo, y que permanece atenta, en cambio, a las "condiciones de existencia" concretas de las ideas, de los textos y de sus mentores.
Así lo señala Altamirano en su "Introducción general" al afirmar que, si bien existen numerosos estudios de las obras escritas por intelectuales latinoamericanos, "no contamos, sin embargo, con una historia de la posición de los hombres de ideas en el espacio social, de sus asociaciones y sus formas de actividad, de las instituciones y los campos de la vida intelectual, de sus debates y de las relaciones entre ´poder secular y ´poder espiritual ". La reconstrucción de esas posiciones no aspira a sostener "un relato épico" sobre los intelectuales, ni tampoco a la desacreditación de éstos, sino que busca "elaborar los temas y los problemas de una historia más terrenal de estos grupos y sus figuras", que permitan trazar un recorrido transversal por América latina sin desestimar por ello las especificidades de cada región.
El uso del adjetivo "terrenal" no se limita aquí a una metáfora casual; se corresponde con lo que logra cada uno de los capítulos del volumen y se ve reafirmado por las palabras introductorias del historiador Jorge Myers, editor responsable de este primer volumen, subtitulado La ciudad letrada, de la conquista al modernismo, que abarca desde los años de la colonia hasta los inicios del siglo XX. Detrás de estas declaraciones de principios, hay un trabajo previo de discusión que involucra tanto al comité de académicos que diseñó el plan integral de la obra como a los colaboradores (pertenecientes al campo de las letras, la historia y la sociología, de diferentes generaciones y de nacionalidades diversas), quienes pudieron exponer y discutir sus ideas en dos jornadas de 2006 y 2007, signo de la verdadera naturaleza colectiva de la obra y del comprometido trabajo intelectual que ha exigido, en dirección espejada hacia el "afuera" del libro, de los autores.
Una de las cuestiones que hilvana el recorrido cronológico de los capítulos es la definición de aquellos sujetos o grupos que pueden identificarse con la actividad intelectual de cada período. El primer problema surge al revisar los años de las colonias españolas y lusoamericanas: ¿existió en esa época una figura de intelectual tal como se la concibe en la modernidad? La respuesta es negativa; sin embargo, en los trabajos de Oscar Mazín, Sonia V. Rose y Laura de Mello e Souza se estudia a la "gente de saber" o a los "letrados" (originalmente miembros del clero, y luego de extracción laica) que llevaron adelante las tareas de escritura y enseñanza, contemplando también el surgimiento de universidades y las taxonomías disciplinares, entre otros factores que diseñan los antecedentes del intelectual futuro. En el segundo apartado, "...lites culturales y patriotismo criollo: prensa y sociedades intelectuales", los trabajos de Myers, Silvia Beauregard, Rogelio Pérez Perdomo, Klaus Gallo, Rafael Rojas, Elías J. Palti y Annick Lempérière indagan una transformación verificable en todos los países latinoamericanos que se emanciparon de la Corona a comienzos del siglo XIX: el brusco cambio del papel de los intelectuales en el contexto de las revoluciones. El tercer apartado, "La marcha de las ideas", sigue nuevos estadios de esa transformación durante la primera mitad del siglo XIX con los aportes de Fernando Devoto, Horacio Crespo, Alicia Rezende de Carvalho y Javier Lasarte Valcárcel, mientras que "Entre el Estado y la sociedad civil" complejiza el panorama del campo intelectual con la inclusión de ámbitos de creciente autonomía: las asociaciones, el paulatino desarrollo de la prensa y de un público alfabetizado, las redes construidas desde el exilio, el rol de los intelectuales en la formación de los Estados nacionales. Finalmente, en el último apartado, "Exilios, peregrinajes y nuevas figuras de intelectual", Alejandra Laera y Susana Zanetti presentan los perfiles del "escritor popular" y del "intelectual modernista", mientras que Beatriz Colombi se centra en un tema presente en muchos de los anteriores capítulos: los viajes y migraciones de los intelectuales hispanoamericanos, en este caso a la "meca cultural", París.
Será en el segundo volumen de esta historia cuando el siglo XX y sus intelectuales ocupen el centro de la escena, aunque seguramente bajo un similar diseño de temas y problemas transversales al espacio latinoamericano, que encuentran un novedoso equilibrio entre la especificidad del "caso" y la mirada global. Si, tal como señala Myers, "la historia intelectual del continente latinoamericano recién comienza, y este libro es un muestrario de sus primeros frutos", sólo resta celebrar que ese comienzo se haya producido con tan notables resultados.



