Peter Handke, un Nobel con estrecha relación con el cine

Bruno Ganz como Damiel, el ángel enamorado en el centro de Las alas del deseo, de Wim Wenders, escrito por Handke, flamante premio Nobel de Literatura
Bruno Ganz como Damiel, el ángel enamorado en el centro de Las alas del deseo, de Wim Wenders, escrito por Handke, flamante premio Nobel de Literatura Fuente: LA NACION - Crédito: Mauro V. Rizzi
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10 de octubre de 2019  • 09:50

El escritor austríaco Peter Handke, quien acaba de recibir el premio Nobel de Literatura 2019 es además dramaturgo, guionista y director de cine. Su obra más conocida para la pantalla grande es Las alas del deseo (1987), escrita a cuatro manos con el director Wim Wenders, con quien también trabajó en Movimiento falso (1975), con Rudiger Vögler y Hanna Schygulla, y La angustia del arquero ante el penal (1972) y, recientemente, en Les beaux jours d'Aranjuez (2016), adaptada de una obra teatral en francés del escritor, quien también escribió para la pantalla la versión de una de sus obras más conocidas, Carta breve para un largo adiós (1978), telefilm dirigido por Herbert Vesely, con Geraldine Chaplin y Thomas Astan.

Trailer oficial de "Las alas del deseo" - Fuente: YouTube

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En Las alas del deseo, Bruno Ganz - quien murió en febrero último, a los 77 años - interpretaba a un ángel que se enamora de una mortal (Solveig Dommartin) y desea volverse humano para experimentar las pasiones que ha pasado milenios observando. El film, considerado un clásico moderno -y la "película definitiva" sobre la capital alemana en la pantalla grande- fue luego adaptada en 1998, sin intervención de sus creadores, por Hollywood como Un ángel enamorado, con Nicolas Cage y Meg Ryan.

Escena de "Las alas del deseo", de Wim Wenders, con guion de Peter Handke - Fuente: YouTube

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En La angustia del arquero ante el penal (1972), la expulsión del futbolista Josef Bloch (Arthur Brauss) lo acercaba a una boletera de cine. En un ensayo incluido en Lento en la sombra (Eterna Cadencia), Handke recordaba: "A diferencia nuevamente de los libros, que, en los golpes de suerte, se convertían durante la lectura en cosa posible -la más pura de todas las posibilidades de vida-, el cine se abría una y otra vez al espectador como cosa real, de la más vasta de las realidades, y como la única cosa semejante en aquel entonces, en los años sesenta del siglo XX. Y todos los cines eran así, no sólo éste o aquél en especial. Cada cine encarnaba un lugar, ¡y qué poderoso!, en medio de la falta de lugares, o del encierro, o la inaccesibilidad, que a uno le saltaba a la cara, al menos en aquel tiempo, desde las calles, los pasajes y los callejones de la iglesia. "Adentro, en el cine, tomaba aire", así podía aún decir a fines de los sesenta sobre uno de mis héroes, y ése era casi el único instante en el que el exarquero Josef Bloch no se sentía dividido de la realidad, sino que era uno con ella, o simplemente era con ella [...] Nada en el mundo me proporcionó regresos al hogar como después del cine, después de Historia de Tokio, de Ozu; después de Andrei Rublev de Tarkovski; después de Mouchette, de Bresson; después de Nazarín, de Buñuel".

Escena de "La angustia del arquero ante el penal", de Wim Wenders, con guion de Peter Handke

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Como director realizó A Chronicle of Current Events (1971), La mujer zurda (1978), Das Mal de Todes (adaptado de la novela de Marguerite Duras El mal de la muerte, que también protagonizó junto a Marie Colbin) y La ausencia (1992), entre otras.

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