
Picasso y los maestros
París rinde homenaje al artista más importante del siglo XX con una formidable muestra en el Grand Palais, centrada en las influencias decisivas en la obra del malagueño genial. Con el patrocinio del presidente Nicolas Sarkozy, los millones del grupo LVMH y la asociación con L´Express y Le Figaro, los principales museos del mundo se unieron para producir un éxito
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Qué se puede decir que no se haya dicho de Pablo Picasso? Siempre hay una nueva mirada sobre el artista que reinventó la pintura y se reinventó a sí mismo tantas veces como la vida y sus mujeres le dieron la oportunidad. El último registro se llama Picasso y sus maestros , colosal muestra curada por Anne Baldesarri, directora del Museo Picasso de París y Marie Laure Bernadac, Conservadora General de Patrimonio de Francia, que hasta el 2 de febrero se exhibe en el renovado Grand Palais, sobre la más parisina de todas las avenidas: Champs Elysées.
El complemento intimista son dos bellísimas exposiciones monográficas, una en el Louvre y otra en el Orsay, destinadas a revisar las relaciones de Picasso con Delacroix y con Edouard Manet, cuyos azules violáceos, que tanto escándalo provocaron en el Salón de 1881, deslumbraron y sedujeron a Picasso, hasta el punto de fijar el espíritu cromático de su conocida, y muy cotizada, época azul.
Nunca antes se habían comprometido los esfuerzos y el patrimonio de tantos museos de primerísimo nivel. A pocos días del cierre, la crítica y el público la consideran de manera unánime "la muestra del año" y los más aventurados, "la exposición del siglo". Picasso y los maestros fue posible gracias al soporte financiero de grupo Vuitton, a la Reunión Nacional de Museos y al gobierno de Francia, que, bajo el patronato del presidente Nicolas Sarkozy, declaró la muestra de interés nacional: más de 200 pinturas procedentes del Museo del Prado, de la National Gallery de Londres, del Museo Picasso de París, del Museo d´Orsay, del Museo Picasso de Barcelona y de colecciones privadas esperan en el Grand Palais.
Picasso resiste todos los climas y es infalible a la hora de atraer multitudes. En el invierno helado, con las temperaturas más bajas de los últimos veinte años, los visitantes esperan pacientemente su turno en una fila que avanza lentamente contra el fondo majestuoso del Arco del Triunfo. Esa foto es la confirmación de los pronósticos de los organizadores, que apostaron a un promedio de 10.000 visitantes por día. El público responde al magnético nombre de Picasso, aliado en esta oportunidad a las "ligas" mayores de la historia del arte. En el chorus line están nada menos que Velázquez, el Greco, Goya, Manet, Renoir, Pubis de Chavannes, Ingres y Tiziano.
"Pasen y vean que no habrá otra igual", es el mensaje que los medios asociados, Le Figaro y L´Express , transmiten a su audiencia. Lo mismo opina Michael Kimmelmann, crítico de The New York Times , que recomienda enfáticamente reexaminar a Picasso en "su" mirada de los maestros.
Sólo los millones de Vuitton, dicen que ha gastado más de 4, y la influencia de la curadora Baldasarri pudieron movilizar obras de tamaña envergadura aseguradas en cifras astronómicas. Se calcula que hay más de 2000 millones de euros encerrados en las paredes del Grand Palais. El ticket de entrada cuesta 12 euros. Nada si se piensa que en ocho salas están juntas por única vez obras maestras del arte universal como El rapto de la Sabinas , de Poussin; La Venus recostada de Tiziano, La maja desnuda de Goya y los retratos de El Greco y de Velázquez, prestados por El Prado y la National Gallery.
A Picasso le hubiera gustado el aporte high tech servido en bandeja por los sponsors : el visitante puede conectar su llave USB y bajar a su celular o MP3 la clase magistral que lo acompañará durante la recorrida. En la misma línea, el merchandising que enriquece la muestra incluye souvenirs para todos los gustos y presupuestos: desde remeras y delantales hasta imanes para heladeras y un catálogo razonado que vale lo que pesa. Nadie sale con las manos vacías. La marca Picasso despierta un frenesí de consumo, no por casualidad sus pinturas Muchacho con pipa y Retrato de Dora Maar son las más caras de la historia. El malagueño fue el precursor del marketing del arte, mucho antes de que Andy Warhol hiciera un personaje de sí mismo. Cuenta una voz sedosa en la clase magistral de mi MP3, que siendo muy joven, el artista decidió abandonar el apellido paterno Ruiz, tan común en España como García o López, para usar el Picasso materno, a secas, porque tenía otra sonoridad.
Sin embargo, fue su padre, José Ruiz, profesor de Bellas Artes y pintor mediocre, su primer maestro. Era un hombre de aspecto atildado, buen mozo, retratado por Pablo cuando tenía solo catorce años. Esa pintura precoz deslumbró a don Ruiz. Tras el asombro inicial, le regaló los óleos y los pinceles. Nunca más volvería a pintar. Estaba delante de un artista inmenso? que no había llegado a la mayoría de edad.
Picasso y sus maestros comienza con los retratos españoles. El Greco, Velázquez y Goya le prestan la apostura, los gestos, hasta la paleta.... y el malagueño pone lo suyo. Con la misma actitud de Goya se retrata frente a la tela, pero agrega la pincelada furiosa en el blanco de la camisa. La negra mirada fija sobre el espectador justifica el título de la obra Yo Picasso , un cuadro de enorme magnetismo vendido en los años de bonanza en 50 millones de dólares.
En 2001, el Sunday Times puso en marcha una encuesta entre 500 críticos curadores y directores de museos para determinar quién era el artista más influyente del siglo XX, la respuesta colocó en el podio a Marcel Duchamp, padre del arte conceptual, pero esos mismos referentes eligieron a Picasso como el artista más representativo del siglo XX. Encarnó la modernidad en sentido absoluto, pero fue al mismo tiempo un estudioso de la tradición y de la historia del arte, que hizo sus primeros bocetos inspirado en una escultura griega. Nadie conoció a los maestros como el joven audaz que experimentaba con los nuevos ismos. Saca de acá y de allá, copia, aprende, cambia, vuelve al Renacimiento, se inspira en las máscaras africanas y, como un caníbal, se apropia de lo que ve en el Panteón de sus elegidos. Velázquez y el Greco fueron espejos en los que se miró cuando a los diez años entró por primera vez en el Prado; ese día tuvo sus reparos frente a la imagen edulcorada de Murillo. Sabía mirar.
Tenía siete cuando garabateó en un papel a un jinete en movimiento y lo llamó El picador . A los once, dibujaba con la solvencia de un académico y vivió lo suficiente para pintar en la madurez con la inocencia de un niño.
En 1980, el MoMa de Nueva York celebró sus primeros cincuenta años de vida con una gran retrospectiva de Picasso organizada por el curador de pintura del museo William Rubin. Fue la primera mega, con más de novecientas obras,el aporte financiero de IBM y un libro catálogo que ya es historia. Fue, también, la última vez que el público pudo ver juntos el Guernica y Las señoritas de Avignon , sin duda sus obras más famosas. El Guernica estuvo en el MOMA en calidad de préstamo por decisión del propio Picasso, mientras vivió el dictador Francisco Franco. En 1981 fue trasladado al Casón del Buen Retiro, anexo al Museo del Prado, y, poco después, a su emplazamiento actual en el Museo Reina Sofía, de donde no se mueve más, aunque lo pidan los vascos. Guernica es el cuadro más visitado de España.
Era un niño Pablo Picasso cuando su padre fue trasladado a La Coruña, como director de la escuela gallega de artes y diseño. Allí hizo las primeras armas, pero su verdadero debut se concretó en Barcelona, en el bar Els Quatre Gats, con sus amigos de la noche, a quienes retrató a la manera de Toulouse Lautrec. Otra vez en acción, el artista antropófago, que hace del estilo de los otros su propio estilo. Para confirmarlo basta pensar en su relación con Braque en el umbral del cubismo a comienzos del siglo XX. ¿Dónde termina Braque y dónde comienza Picasso?
Expuso en París por primera vez en 1900, para el Pabellón Español de la Exposición Universal. Esa visita sería clave en su vida de artista. Descubrió a los impresionistas y quedó deslumbrado al contemplar el Manet de Desayuno sobre la hierba . La obra sería motivo de múltiples reinterpretaciones: más de 26 pinturas, 140 dibujos, grabados y cerámicas fueron creados a partir de esa escena costumbrista.
Mucho después, en 1955, el objeto del deseo serían Las mujeres de Argelia , de Delacroix, pintura de 1834 sobre la que realizó 15 sorprendentes telas y múltiples bocetos. Menos extrema y rupturista es la relación entre sus melancólicas mujeres de El peinado y las muchachas de Pubis de Chavannes al borde del mar.
Hay en sus primera pinturas, como El cuarto azul (1901), una clara influencia de Vallotton, mientras en sus obras de la juventud parisina, como El Moulin de la Galette , prevalece la nocturnidad expresionista del alemán Kirchner.
Es en esta fascinación por la reinterpretación donde la curadora Anne Baldasarri, ha fijado la atención. Ella propuso establecer un puente entre las pinturas cubistas de Picasso y las obras maestras de artistas clásicos. Para lograr el objetivo había que encarar "la gesta milagrosa", de reunir obras "imposibles" La National Gallery prestó el retrato de Ingres de Madame de Moitessier? a cambio del compromiso escrito, por parte del Museo Picasso, de París, de un préstamo de 20 obras para la muestra programada para este año por el museo londinense. Nada es gratis.
El diálogo entre las obras seleccionades pone en evidencia paternidades impensadas, como ocurre con el desnudo d´après Tiziano, en el que Venus recostada sobre la seda del terciopelo se deja seducir por el Amor y la Música.
Picasso, en suma, se divierte, juega como un chico con las imágenes icónicas de los maestros y lo reconoce: "Soy el heredero de todos ellos. Un pintor tiene siempre un padre y una madre en la historia del arte; no nace de la nada".
Su visión se amplifica con la presencia de la Maja desnuda, de Goya, (1798) con la Odalisca , de Ingres (1824) y la Olympi a de Manet (1863). Picasso y los maestros pone en evidencia la rigurosa formación académica del malagueño y su inigualable talento para calibrar el punto de partida, correr todos los riesgos y no pedir garantías por el punto de llegada.
El mismo artista, capaz de hacer una pirueta en el aire y dibujar una paloma de un solo trazo, pintó La Primera Comunión. Esa obra del artista adolescente es un gran cuadro realista, bien pintado. Curiosamente, eligió como modelo a su padre, José Ruiz, el hombre que dejó para siempre los pinceles cuando vio lo que era capaz de hacer su hijo Pablo.
Una inversión millonaria
El presidente del grupo LVMH (Louis Vuitton Moët Hennessy) sponsor oficial de la muestra Picasso y los maestros, en el Grand Palais, anunció oficialmente que tiene previsto invertir más de 100 millones de euros en el edificio proyectado por Frank Gehry (Museo Guggenheim de Bilbao), que será la sede de la Fundación Louis Vuitton para albergar su colección de arte contemporáneo. La fundación ocupará un terreno en el Bois de Boulogne, en París. Será conducida por Suzanne Page, que anteriormente dirigió el Museo de Arte Moderno de la ciudad de París. Entre las obras que serán exhibidas se cuentan un dibujo de Damien Hirst, que el artista británico regaló al empresario francés, y una obra de Francis Bacon. El vocero del grupo LVMH dijo a la prensa que "Esta decisión muestra cómo la industria del lujo, asociada a conductas elitistas y arrogantes, puede ser vehículo de un gesto generoso". Está previsto que la nueva fundación abra sus puertas en 2010. Además de patrocinar la muestra de Picasso, Arnault financió una exposición de 49 obras de Gerard Richter, en la Serpetine Gallery, de Londres.
200
obras llegadas de 30 museos internacionales fueron reunidas por la curadora Anne Baldasarri en el Grand Palais con el apoyo del presidente Nicolás Sarkozy
4 millones
de euros invirtió el grupo Vuitton en la mega Picasso y sus maestros. El local de la marca está a pocas cuadras del Grand Palais
104 millones
de dólares fue el precio pagado en Sotheby´s (2004) por Muchacho con pipa, de Picasso, el cuadro más caro del mundo
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