Policiales argentinos
DE LA FUGA A LA FUGA Por Roberto Blanco Pazos y Raúl Clemente-(Corregidor)-488 páginas- ($ 65)
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El policial en el cine argentino es el subtítulo de De la fuga a la fuga, minucioso registro de las películas pertenecientes a ese género (o con elementos que permiten vincularlos a él) realizadas entre 1935 y 2001. Es decir, más o menos en coincidencia con los estrenos de los dos films aludidos en el título: el clásico La fuga, de Luis Saslavsky (1937), que durante largo tiempo se creyó perdido (hasta hace nueve años, cuando se produjo el hallazgo de una copia en la Cinemateca de la Universidad Nacional de México), y el más reciente La fuga, de Eduardo Mignogna (2001).
Autores de otros diccionarios apreciados por estudiosos y aficionados al cine local, Blanco Pazos y Clemente organizan su material en orden cronológico y ofrecen detalladas fichas, síntesis argumentales, comentarios y referencias acerca de más de trescientos films. El criterio seguido para incluirlos en el género policial es tan abierto como para que quepan en el catálogo desde Apenas un delincuente (Hugo Fregonese, 1949) y Plata quemada (Marcelo Piñeyro, 2000) hasta Operación masacre (Jorge Cedrón, 1973) o La historia oficial (Luis Puenzo, 1985).
Encontrará aquí el lector, entre decenas de títulos recordados, aquellos otros que pasaron poco menos que inadvertidos. Y hallará también más de un motivo para que la lectura vaya organizando su propio itinerario, impulsada por la curiosidad de saber algo más sobre un nombre que desconocía o por las referencias contenidas en las pequeñas biografías de artistas, directores y guionistas que se intercalan en algunas entradas. En este terreno puede que se planteen interrogantes referidos al criterio de selección, ya que si bien se recibirá con interés la información acerca de algunos intérpretes secundarios -Elida Dey, Roberto Bordoni-, resultarán menos comprensibles otras inclusiones teniendo en cuenta que han sido pasadas por alto figuras largamente asociadas al género como Eduardo Cuitiño, Ricardo Trigo o Nathán Pinzón. Más apropiada es la inserción de referencias sobre ciertos personajes y episodios históricos que inspiraron a los realizadores -el Pibe Cabeza, Bairoletto, Severino Di Giovanni, el crimen de Alicia Muñiz, el de María Soledad Morales, el caso Schoklender-, así como el capítulo dedicado a los directores que con más frecuencia o con mejores resultados incursionaron en el policial.




