
Poner límites para canalizar valores
El escritor y psicoterapeuta acaba de editar un libro guía para padres y docentes del país
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Límites y valores. Estos dos conceptos son los que el escritor y psicoterapeuta Julio César Labaké considera prioritarios hoy para que padres y educadores analicen más, repiensen y establezcan con mayor claridad cómo mejorar la educación de los niños y adolescentes.
Inmersos en una cultura que él describe como permisiva, consumista, que busca satisfacer sensaciones inmediatas, nota que los educadores están desorientados sobre cómo tratar a los chicos y cuándo establecer límites.
Por eso, y debido a la demanda explícita de los docentes de las escuelas que él visita en sus múltiples conferencias mensuales, Labaké se lanzó a la aventura de escribir su 35° libro: "Límites y valores en la educación", que será presentado dentro de pocos días en la Feria del Libro.
Dos caras de una moneda
"Noto que los maestros y los papás se sienten desbordados por sus hijos. A veces tienen miedo de decirles que no a ciertas conductas. En alguna medida los adultos hemos contribuido a formar chicos activos, autónomos, que pueden y quieren decir lo que piensan. Esto está bien, pero es importante acompañarlos en el proceso de pautar límites y valores para vivir", señaló el autor en una entrevista con LA NACION.
Para él, límite y valor son las dos caras de una misma moneda. Uno no puede vivir sin el otro.
-¿Qué relación existe entre ellos?
-Valores y límites son dos conceptos inseparables. Los límites son tan importantes porque son el cuidado que merecen las realidades valiosas. Lo que tiene valor necesita una protección: eso es el límite. Por ejemplo: si consideramos que la vida es valiosa... ¿podremos vivirla de cualquier manera, sin suspender deportes arriesgados, el consumo de drogas que nos termina matando?
-¿Cómo establecer límites claros y no pasarse de la línea?
-Primero hay que indagar en cuáles son los valores que uno tiene. Esto requiere un sincero examen de conciencia. Los valores darán sentido a los límites que acompañarán. Creo que la sociedad actual rechaza los límites porque hemos perdido la noción clara de los valores y se ha hecho creer a los jóvenes que la libertad consiste en hacer todo lo que se siente. La cultura actual empuja permanentemente a la experiencia del placer inmediato y esto desorienta a menudo a los adultos. Los padres y docentes deben prestar un servicio de autoridad para con sus hijos. Cuando renuncian a ejercerlo porque quieren hacerse amigos de ellos en realidad los están estafando.
-¿Por qué cuesta tanto definir límites?
-Creo que las funciones del padre y del docente están desdibujadas. Ellos ya no tienen la primacía para formar la experiencia de vida del chico. Se ven superados por la televisión, la sociedad que no valora su función. Además, los adultos no tienen muy claro el rol que deben ejercer como educadores. Es imprescindible recuperar el rol de liderazgo, facilitador. No se puede renunciar a esto.
-¿Cómo pueden los adultos recuperar ese rol de líderes?
-Creo que formando en valores, pero como una experiencia vivida, más que un discernimiento teórico. Los valores se viven y es bueno que el chico tenga esa experiencia de lo que es razonable y bueno. Aunque más tarde en su adolescencia él cuestione estos valores y tome sus propias decisiones. Además me parece oportuno que adultos y menores reflexionen juntos sobre cuáles límites son importantes respetar, por qué y para qué. En otros momentos los mayores tendrán que ponerse firmes e imponer la última palabra, con coraje. Hay que tener claro que los límites no están pasados de moda, como muchos creen.
-¿Pueden hacer daño los límites?
-En un capítulo del libro trato justamente este tema. Creo que los límites hacen mal cuando no tienen una razón sólida y válida que los justifique, o cuando se los impone de mala manera, en un momento poco oportuno, en un mal lugar. Al contrario, los límites hacen bien cuando están sustentados por un valor, una razón sólida, cuando se establecen de forma adecuada, en el lugar y momento indicados.
-¿Los límites pueden llegar a coartar la libertad de la persona?
-Esta pregunta remite a definir lo que entendemos por permisividad y represión. Creo que es importante no reprimir lo que sentimos y deseamos, pero al mismo tiempo no dar rienda suelta a actuar todos nuestros deseos. No toda negación es represión ni hace daño. Me parece importante ayudar a los chicos a ejercitar el autogobierno. Ante todo, supone que los padres lo ejerciten con el testimonio de la propia vida. Además, es un proceso que implica tres dimensiones: mostrar actitudes tanto positivas como razonables; demostrar que son buenas para la vida, y una tercera, la conductual: motivar a convertir en conductas concretas eso que se ha descubierto como razonable y querible. Si logramos esto en algunas oportunidades, habremos avanzado bastante.



