
PROA sacará el arte a las calles de La Boca
Remodelará la sede con una inversión de US$ 1 millón
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Como en un efecto cascada, además de la ampliación del Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba), según el proyecto "ecológico" de Emilio Ambasz, y de las modificaciones en el Centro Cultural Recoleta, le llegó el turno a la Fundación PROA, ubicada en la Vuelta de Rocha, en el pintoresco barrio de La Boca.
"A fines de mayo o a más tardar a comienzos de junio", según adelantó a LA NACION la directora de la institución, Adriana Rosemberg, PROA se renovará totalmente y duplicará su superficie para exposiciones, en un total de 1500 metros cuadrados. La intención es poder enfrentar las demandas tecnológicas que plantea el arte del siglo XXI.
Las obras demandarán ocho meses de ejecución, con el cierre temporario de la institución por ese lapso, con una inversión cercana al millón de dólares, según estimaciones de varios especialistas consultados por LA NACION.
La ampliación le fue encomendada al estudio italiano Caruso y Torricella, expertos en arquitectura y montaje museístico de alta complejidad. Ambos son los autores del proyecto que dio nacimiento a PROA en noviembre de 1996. Los arquitectos milaneses, que trabajan también en París, han dejado su marca también en la Universidad Tecnológica, que actualmente se levanta en Campana y en la sala de joyas del Museo Poldi-Pezzoli en Milán.
A grandes rasgos, el proyecto de Giuseppe Beppe Caruso contempla algo tan revolucionario como sacar el arte a la calle, de manera de poder integrar el devenir cultural de PROA con el corazón del barrio, y mostrar arte en las veredas mediante la utilización de la amplia senda peatonal de 8 metros de ancho sobre la calle Pedro de Mendoza.
De aquella edificación neoclásica, de 1880, con fachada italianizante, que alguna vez fue la residencia de un ilustre vecino de La Boca, los arquitectos idearon un moderno centro cultural que desde el exterior armoniza con la arquitectura boquense y en su interior cumple con los más altos estándares museísticos internacionales, dándole un impulso decisivo al barrio de Quinquela, Lacámera y Macció.
Actividades diversas
PROA tomó prestado su nombre de la publicación literaria que Borges fundó en 1922 como emblema de un renovador barco en movimiento, que se abre paso por los mares de las vanguardias. Recibe anualmente más de 100.000 visitantes y en su década de vida ha presentado muestras notables, como la retrospectiva del mexicano Rufino Tamayo, los sugestivos autorretratos de Frida Kahlo de la colección Gelman, las colosales cabezas olmecas en "Arqueología Mexicana", las fotografías de Sebastián Salgado y, el año último, las obras de Picasso, Magritte y Ernst en "Arte del siglo XX".
Además, es sede de los talleres de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, creada por Gabriel García Márquez, y propicia proyectos cinematográficos.
"La nuestra es una apuesta al barrio y al futuro. Todavía estamos definiendo detalles del anteproyecto para poder presentar los planos definitivos a la municipalidad", respondió Rosenberg cuando LA NACION le pidió precisiones sobre detalles y costos de las obras. Admitió que serán solventadas por la Fundación Techint.
De las dos grandes salas en la planta baja, una de ellas tendrá destino multidisciplinario y flexibilidad para poder transformarse en auditorio, además de funcionar con autonomía del resto del centro. "Este nuevo espacio expande el horizonte de nuestra programación -señaló Rosenberg-, pues en esa sala podremos brindar conciertos, obras de teatro, conferencias y performances, sin mantener abierto el resto del centro."
En el primer piso se proyectan otras dos grandes salas. Y en la espaciosa terraza con vista al Riachuelo, habrá dos nuevos ambientes vidriados, de 100 metros cuadrados cada uno y techo de chapa, para mantener la clásica fisonomía del barrio. "Uno servirá para albergar muestras pequeñas, funcionará como taller de artistas y presentará proyectos experimentales", explicó la directora. El otro espacio albergará una confitería para sacarle provecho a la vista panorámica de las terrazas", agregó Rosemberg.
"Los museos modernos se caracterizan por la indefinición de sus espacios. Eso motiva al artista a crear e innovar", señaló Caruso. Y destacó "el alto nivel de tensión y contrastes como zona industrial, portuaria y de inmigración que mantiene todo el barrio de La Boca", que en los hechos es una herramienta disuasiva para que los artistas del exterior acepten exponer en PROA, según el realizador Caruso.




