
Prólogo de una subasta
Hay expectativa por un cuadro de Prilidiano Pueyrredón
1 minuto de lectura'

Por muchos motivos, las exposiciones que prologan una subasta de arte son mucho más que una cita para coleccionistas, compradores u operadores del mercado. Pinturas, muebles y objetos suelen reunirse por única vez antes que el martillo comience a marcar su dispersión.
Si la premisa se cumple por tradición, es más cierta aún aplicada al caso de la exposición organizada por J. C. Naón con motivo de la subasta de las colecciones de Josefina Diehl Ayerza de Pereyra Iraola.
El lote más importante es, sin duda, "Viejo pescador en la ribera", el cuadro de Prilidiano Pueyrredón que, a juicio de los organizadores, es tal vez el último "disponible" en el mercado local. La mayoría de sus obras se encuentra en museos o en grandes colecciones.
Documentar con fidelidad
"Viejo pescador en la ribera" concilia la buena pintura con el valor iconográfico, virtudes que definen la obra de Pueyrredón (1823-1870), artista e ingeniero formado en París que pintó el retrato de Manuelita Rosas cuando tenía 28 años. Pueyrredón es un especialista en documentar con fidelidad. En este caso, la escena muestra en primer plano al caballo y a su jinete, que regresan cansados tras un día de pesca en un bañado bonaerense.
Además de "Cerrazón", un Fader azulado con mucho empaste, hay un Koek Koek que supera generosamente las obras más difundidas de este artista que por años pintó en los altos del primer domicilio de Naón, en la calle Barlolomé Mitre. Obras de Alonso, Léonie Mathis, Gómez Cornet, Cordiviola, Daneri y Helleu integran esta selección de pinturas y buenos muebles, como el importante conjunto portugués para sala siglo XVIII, seis sillas y dos sillones con tapizados originales de cuero de Córdoba pintados a mano, que según detalle del catálogo pertenecieron al virrey Cisneros. Hasta el martes, de 10 a 13 y de 16 a 21, puede visitarse la exposición. El remate comenzará el miércoles, a las 19. Los nuevos compradores y coleccionistas tendrán su oportunidad si recorren el salón del fondo, donde muebles, objetos, pinturas y alfombras tienen la medida de lo que en buen romance se llama "pichincha".


