Qué dicen los Evangelios sobre Jesús niño
Los pocos escritos sobre los primeros años del Mesías deben ser leídos con la mirada de la fe y no como una biografía
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Los Evangelios dicen muy poco sobre la infancia de Jesús y pasan en total silencio una cantidad de años de su juventud. Esta falta de datos ha agitado la curiosidad y la imaginación de muchos cristianos de la antigüedad, que para llenar ese vacío crearon los pintorescos relatos recogidos en los evangelios llamados "apócrifos": el protoevangelio de Santiago, el evangelio de la infancia de Tomás, el evangelio árabe de la infancia, el evangelio del pseudo-Mateo y otros.
Estas narraciones -de fecha tardía y con un marcado interés por lo fantástico- no son dignas de fe. Más aún, algunas imitan el estilo de los evangelios porque pretenden prestar fundamento a doctrinas que no se originan en la predicación de los primeros apóstoles y no son auténticamente cristianas.
Por esa razón, los datos fidedignos sobre la vida de Jesús se encuentran sólo en los Evangelios de Mateo y Lucas, los únicos que se han ocupado de la infancia de Jesús entre los reconocidos como "canónicos".
Pero los Evangelios no son "biografías". Deben ser leídos como "predicaciones". Sus autores, partiendo de datos auténticamente históricos referentes a Jesús, los presentan de tal forma que el lector encuentra en ellos ilustración y alimento para su fe.
En el caso particular de los relatos de la infancia del Señor los escritores los redactaron en una forma semejante a la utilizada por los maestros judíos para comentar y actualizar los antiguos textos bíblicos: tomaron unos pocos hechos de Jesús y los relataron con palabras o con alusiones que traen a la memoria las páginas del Antiguo Testamento y también las tradiciones religiosas del judaísmo.
De esta forma, el lector ve a Jesús en primer plano, dentro de un marco que de diferentes formas recuerda uno o varios textos bíblicos, así como eran leídos por los judíos del tiempo del evangelista. Este "embellecimiento" de las escenas con referencias al Antiguo Testamento tiene como finalidad mostrar al lector lo que los ojos del cuerpo no alcanzan a ver: lo que ese hecho significa para la fe.
San Mateo y San Lucas introducen sus Evangelios con estos relatos que son como estampas densamente cargadas de referencias al Antiguo Testamento, para que los lectores conozcan de antemano quién es este Jesús del que se tratará en el cuerpo del Evangelio.
San Mateo comienza su Evangelio con una genealogía de Jesús, para mostrar que el Señor es el legítimo heredero de Abraham y de David, los dos personajes del Antiguo Testamento que recibieron las promesas mesiánicas. Para narrar el nacimiento virginal remite al lector al texto del profeta Isaías. El profeta anuncia que nacerá un príncipe de la dinastía de David que se llamará "Emmanuel = Dios con nosotros" y que con el nacimiento de ese niño irrumpirán todas las bendiciones de justicia y de paz que Dios ha prometido para el reino gobernado por la descendencia de David. San Mateo dice que cuando Jesús nace de la Virgen se cumple verdaderamente lo esperado por el profeta, porque El es el verdadero "Dios con nosotros" que trae el Reino de Dios a la Tierra.
La visita de los Magos está narrada con alusiones a textos de los profetas y de los Salmos que anuncian el tiempo en que los representantes de todas las naciones irán a postrarse ante el Rey hijo de David. Jesús no es sólo Salvador de Israel, sino de todo el mundo.
El auténtico salvador
La matanza de los niños de Belén y la huida a Egipto evocan lo que sucedió cuando el Faraón de Egipto mandó matar a todos los niños hebreos y Dios protegió a Moisés para que fuera el salvador. El verdadero Moisés, el auténtico Salvador del mundo, es Jesús.
En el Evangelio de San Lucas, el anuncio del Angel Gabriel a la Virgen María está relatado con palabras que remiten a textos bíblicos: Jesús es presentado como hijo y heredero de David y, a la vez, es verdadero Hijo de Dios.
El nacimiento de Jesús en la ciudad de Belén, en un ambiente de pastores, recuerda los orígenes de David. Jesús es su heredero, pero no es sólo Rey de Israel porque su nacimiento se inscribe en el contexto de un "censo de toda la tierra". Al ser presentado en el Templo, se cumple el anuncio profético de que Dios visitaría su Templo para purificar el sacerdocio y los sacrificios.
Como se puede ver, los relatos de la infancia de Jesús en los Evangelios no han sido escritos sólo para que se conserven recuerdos biográficos del Señor, sino sobre todo para ilustrar y alimentar la fe de los lectores.
El creyente que lee estos relatos, más que obtener información sobre lo que sucedió puntualmente con Jesús durante su infancia, recibe una predicación elaborada por un autor inspirado por Dios que le explica quién es Jesús y cómo se cumplen en El todas las promesas y expectativas del Antiguo Testamento. Partiendo de Jesús así como fue visto por la mirada humana, llega a mostrar quién es Jesús visto por la mirada de la fe. Pero hoy es sumamente difícil reconocer qué es lo que sucedió fácticamente y qué es lo que aportó el evangelista para lograr el fin propuesto.




