
Qué hacer para ayudar a los chicos con dificultades en los estudios
Consejos útiles para contrarrestar la dispersión, encarar los trabajos y no llevarse materias
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Cinco de cada diez estudiantes de primero y segundo año del secundario tienen problemas con una o varias materias.
Alumnos con errores graves de ortografía, dificultades para entender consignas en las pruebas, trabas para comprender textos de 200 palabras e imposibilidad de resolver operaciones matemáticas simples de multiplicación y división son las dificultades más básicas que perciben directores y docentes de colegios públicos y privados consultados por LA NACION.
En estos dos primeros años del secundario, que en algunas provincias se han convertido en el 8° y 9° año de la educación general básica, el fracaso escolar alcanza su pico más alto: el 14,7% de los alumnos repite en primer año, y el 16,6%, en segundo, con un promedio de 11,1% si se toma el conjunto de la población de escuelas secundarias en la ciudad de Buenos Aires.
Las materias que más se llevan son matemática, lengua, historia, geografía y biología, en ese orden, según la Secretaría de Educación porteña.
Ni hablar de lo que los directivos consideran el problema central entre sus estudiantes: la falta de hábito y método de estudio. A tal punto que, por ejemplo, en el colegio San Vicente de Paul, de Villa Devoto, se incorporó este año una nueva materia en el secundario: métodos de estudio, una variante del estudio dirigido que ya existe en varios establecimientos.
"La dispersión es enorme. Se distraen con Internet, con la TV, arreglando salidas al boliche. La sociedad no ayuda. Se vive un ritmo de aceleración que atenta contra el trabajo sereno, metódico, silencioso que requiere el estudio", expresó Juan Martín Biedma, director general de la Escuela Argentina Modelo.
"Llegan de la primaria sin conocimientos básicos de historia o geografía y sin hábitos de estudio. Cada año es más pobre el nivel de chicos que recibimos en el curso de ingreso en el Colegio Nacional de Buenos Aires", se sinceró su rector, Horacio Sanguinetti.
El duro retorno
Hoy estos adolescentes retoman las clases luego del receso invernal. Muchos están flojos en una o varias materias. Pero, a pesar de las dificultades, están a tiempo de revertir sus problemas. Pueden aprovechar el impulso que traen casi todos los inicios de actividades para revertir lo que no funciona y aprender. Restan cuatro meses y medio de clases para finalizar el año. Estos son algunos consejos que ofrecen los especialistas:
- Hacer un diagnóstico real de los problemas que se tiene en cada materia. Discernir si se trata de dificultades de comprensión o de falta de estudio.
- Tener un plan de trabajo para cada prueba. Establecer qué contenidos se van a estudiar cada día. Cumplir con el plan establecido.
- Anotar en un cuaderno los trabajos que deben realizar en los próximos días.
- En clase, tomar apuntes; ayuda a mejorar la atención. Sentarse en los primeros bancos y participar activamente preguntando lo que no se comprende. Responder a las preguntas que hace el profesor ("El que más participa es el que más aprende", señaló María Teresa Mayochi, directora del colegio Todos los Santos).
- Acercarse a algún profesor de confianza y trasmitirle sus problemas. Buscar soluciones y caminos juntos.
- Pedir al profesor, compañeros o familiares que lo ayuden a adquirir métodos de estudio (hacer mapas mentales, cuadros sinópticos, resúmenes).
- Disponer en la casa de un lugar apropiado y ordenado para estudiar. Pedir a los familiares que no le pasen llamadas de teléfono y ser estrictos con los horarios de estudio pautados.
Políticas facilistas
"También les diría que no se engañen con la idea de que en diciembre o marzo pueden aprobar lo que no aprendieron durante el año", advirtió Sanguinetti.
"Si bien el sistema educativo contempla políticas facilistas para aprobar materias, es importante que los chicos sepan que el mundo que les tocará vivir no es fácil y les exigirá conocimientos y hábitos de trabajo. El mundo pertenecerá a aquellos que sepan; el resto quedará marginado", dijo, categórico.
"El problema es que poseen un vocabulario pobrísimo. Además, confunden leer y entender con estudiar. Creen que por leer un texto ya lo saben", señaló la profesora Mayochi. A esta directora, como a Abraham Gak, rector de la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini, le preocupa la falta de cultura general de los adolescentes, lo cual empobrece cualquier enseñanza posterior.
Varios directores y especialistas subrayaron la necesidad de poner el foco del cambio en los docentes y los padres.
"Los chicos necesitan modelos que encarnen los valores que pretendemos de ellos. Ese rol lo cumplen padres y maestros", dijo, tajante, Biedma.
En el caso de los profesores, Elena Ortiz de Maschwitz, directora general del Colegio Godspell, de San Isidro, cree que deben actualizar la forma de enseñar para que los chicos no se aburran. "Los alumnos están en una etapa complicada de sus vidas. Su atención está puesta en los cambios que sufren sus cuerpos y no en el estudio. Los profesores pueden ayudarlos a aprender a pensar, a ser curiosos, analizar, discernir, comparar, crear. Que tengan placer por saber", agregó.
Silvina Gvirtz, directora de la Escuela de Educación de la Universidad de San Andrés, sostiene que es importante que los padres acompañen a sus hijos en el proceso de estudio. "Es bueno sentarse con ellos y ayudarlos a encontrar métodos de trabajo hasta que ellos adquieran autonomía", señaló.
A los profesores les recomienda enseñar los conceptos relevantes de cada disciplina en lugar de preocuparse por cumplir burocráticamente con un programa extensísimo. "Sería positivo buscar relaciones entre el conocimiento y la vida cotidiana. Por ejemplo -aconsejó-, enseñar en física el fenómeno de la electricidad y observar cómo se aplica cada vez que se enciende una lámpara."



