
Recuperar las voces
En un texto delicado y perturbador, Karina Bidaseca y Marta Sierra tratan de rescatar, en la palabra de una de las últimas sobrevivientes selk’nam, las historias de un pueblo extinguido
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Una historia en tres tiempos es la que cuentan Karina Bidaseca y Marta Sierra en Postales femeninas desde el fin del mundo . El Sur y las políticas de la memoria. Una historia que es de sometimiento y espanto, pero también de empatía, de reconocimiento, de belleza. El primer momento transcurre en 1923, cuando el etnógrafo Martin Gusinde toma imágenes del hain, una ceremonia secreta del pueblo selk'nam, también conocido como ona. El segundo es en 1964, cuando la antropóloga franco-norteamericana Anne Chapman llega a Tierra del Fuego para entrevistar a Lola Kiepja, una de las últimas representantes de esa comunidad. El tercero es el presente de la enunciación, que hilvana la escritura crítica de las autoras con perspectivas teóricas de los estudios poscoloniales y el feminismo, así como con textos literarios y mágicos: se trata de atravesar el límite del tiempo pero también de las culturas y los géneros.
"De vez en cuando camino al revés, es mi modo de recordar? si caminara hacia adelante, te podría contar cómo es el olvido." Las palabras de Kiepja, que abren y cierran el volumen, aluden al intento por recuperar las voces que emprenden Bidaseca y Sierra. No sólo las del pueblo extinguido: también las de los encuentros entre la informante y la antropóloga, que parecen guardar una clave de entendimiento entre mujeres que trasciende la situación de estudio. Como sugiere la socióloga Dora Barrancos en el prólogo, Postales femeninas desde el fin del mundo nace de una pulsión de "sororidad", que define como "un estado de identificación con mujeres del pasado y del presente que sufren mayores obturaciones para la visibilidad y el reconocimiento". El de las autoras es, entonces, un feminismo tanto en la teoría como en la práctica, entre el análisis y la militancia. La ceremonia del hain es un nudo de significación que se desata en varias direcciones. Las fotografías de Gusinde muestran los cuerpos pintados y enmascarados de los hombres adultos que se disfrazan para asustar a los jóvenes en el rito de iniciación. Las poses hablan tanto de la mirada cosificadora de la ciencia occidental como de la nostalgia por la inocencia perdida.

Chapman habla con Kiepja del hain, velado a las mujeres por ser uno de los ritos de afirmación del patriarcado característico de la sociedad selk'nam. Pero Kiepja conoce muchos de los secretos por haber sido iniciada como chamán: "Se me ha permitido venir a la montaña del poder", canta en una de las grabaciones. Kiepja sabe, como era revelado a los novicios en el acto final de la ceremonia, que los espíritus eran los hombres adultos de la tribu: que la impostura es, a la vez, magia y simulacro.
Para Bidaseca y Sierra, el hain representa el sometimiento de las mujeres pero también un lugar de afirmación y resistencia. Citan a Chapman, quien sostiene en sus trabajos que para las mujeres selk'nam, "fingir era una forma de protegerse, y que ellas temían que los hombres fueran capaces de matar a una mujer si sospechaban que conocían la verdad del secreto, esto es, que los temibles espíritus eran sus esposos y hermanos disfrazados". Pero el secreto constituye también un lugar irreductible a la mirada etnográfica. Como explican las autoras, "el secreto emerge como una de las limitaciones quizás más claras de la práctica antropológica, como los numerosos estudios sobre el relato testimonial han hecho evidente".
Postales femeninas desde el fin del mundo muestra que no es posible desandar los pasos perdidos pero sí reiniciar la conversación en otro plano, más allá de las dicotomías dominador-dominado o sujeto-objeto de la investigación. Es un texto delicado, inquietante por momentos, que nos ayuda a entender, a sentir, que los otros somos también nosotros.
Postales femeninas desde el fin del mundo
Karina Bidaseca, Marta Sierra
Ediciones Godot
100 páginas
$ 85



