
Reivindican a Kafka en Praga, a 120 años de su nacimiento
Emplazarán una estatua del escritor
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A 120 años del nacimiento del escritor checo Franz Kafka, dos entidades que llevan su nombre inaugurarán próximamente en Praga un monumento en su honor.
La estatua será emplazada en un parque de la capital checa, donde nació el 3 de julio de 1883, en una modesta casa, que aún existe, cerca de la Sinagoga Española.
El homenaje adquiere el significado de una reconciliación de los checos con Kafka, que durante mucho tiempo no le perdonaron que hubiese escrito todos sus libros en alemán, dejando de lado su lengua de nacimiento.
Su padre, de origen judío y cuya estricta educación marcó la vida del escritor, implantó el alemán en la familia porque su uso le permitía una mayor aceptación social. La conflictiva relación con Hermann Kafka fue reflejada por el escritor en "Carta al padre", que data de 1918.
En diálogo telefónico con LA NACION, el embajador argentino en la República Checa, Juan Eduardo Fleming, calificó como "espléndida" la idea de erigir el monumento -obra del escultor Jaroslav Rona, un afamado artista-, y comentó que esa representación mantiene un fluido contacto con las entidades patrocinantes, la Asociación Franz Kakfa y el Centro Franz Kafka.
A este reconocimiento se suma la muestra internacional que la embajada argentina prepara para junio del año próximo, junto con la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina de Praga y el Museo Judío, al cumplirse 80 años de la muerte del escritor. La exposición reforzará el vínculo literario entre nuestro país y la República Checa: se denominará: Kafka-Borges/Buenos Aires-Praga.
El diplomático -fervoroso lector del autor de "La metamorfosis"- explicó que el objetivo del homenaje es "irradiar al mundo la idea de que "Kafka vive, igual que nuestro Borges".
Junto con Joyce, Proust y Faulkner, Kafka conforma el grupo de escritores que mayor influencia ejercieron y aún ejercen en la literatura contemporánea. Entre otros, su efecto llega a Virginia Woolf, Samuel Beckett y Gabriel García Márquez, entre otros autores.
El cuarteto, sin embargo, exhibe diferencias estilísticas y temáticas. Si a Proust y a Faulkner les preocupa el tiempo (aunque en sentido inverso: en el primero, la evocación del pasado no posee la significación trágica de que aquél define fatalmente el presente, tomada de los griegos por el autor de "El sonido y la furia"), Joyce apela al monólogo y al discurrir interno, como símbolos de la carencia de interlocutores válidos.
Un futuro sombrío
A un costado de ellos queda situado Kafka, en un estadio intermedio cuyo contexto general está entre lo que pasó, lo que pasa y lo que puede pasar. De modo que el futuro se torna un interrogante ominoso y sombrío o, al menos, asediado por lo inexplicable. "Esperando a Godot", de Beckett, parece lo más próximo al mundo kafkiano, un adjetivo que rápidamente se acomodó a nuestros tiempos, con sus azarosos laberintos, obstaculizadores de todo intento de buscar una respuesta o un destino.
A su gran amigo Max Brod le debemos haber desobedecido el pedido que le hizo Kafka, poco antes de morir de tuberculosis, para que quemara y no publicara sus obras.
Gracias a la infidelidad de Brod -que quizás no hizo más que comportarse como un personaje de su amigo-, no hubiéramos leído títulos como "El castillo", "La construcción de la Muralla China" y "El proceso", entre otros.
Después de Francia, la Argentina puede considerarse uno de los países con más cantidad de adictos a Kafka. Borges admitió haber sido un "tardío discípulo" suyo, pero escribió un deslumbrante prólogo, incluido en una versión de "La metamorfosis" de 1991, en el que hace notar que el torturado autor checo fue el primer escritor contemporáneo en aplicar en el relato una técnica filosófico-literaria.
Una vida atormentada
- Franz Kafka nació en Praga el 3 de julio de 1883 y murió en Kierling, Austria, el 3 de junio de 1924.
- Estudió leyes en la Universidad de Praga y trabajó para una compañía de seguros. Sus atormentadas novelas surgen de conflictos interiores (la relación con su padre, sus affaires amorosos, su hostilidad al rutinario trabajo de oficina).
- En sus 40 años de vida publicó una pequeña parte de su obra. Sus novelas "El desaparecido", "El proceso" y "El castillo" se publicaron luego de su muerte, aunque él había indicado que fueran destruidas.
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