
Remedio para melancólicos
Todos lo sabemos en el fondo del corazón: el libro del futuro será digital. Pasarán cinco años o diez, pero en algún momento el papel será una cosa del pasado. Ya hay pantallas con hojas de fibra óptica que se pueden voltear, que contienen miles de libros, que se pueden subrayar y anotar y que por estar conectadas a Internet hasta permiten hablar y discutir con los autores. Lo que queda por mejorar será perfeccionado muy pronto, con certeza. Nuestra nota de tapa de este número no sólo nos pone al día con lo que existe hoy: también nos deja avizorar lo que ya está llegando.
No hace mucho, esta misma revista publicó el anticipo de una obra de Umberto Eco y Jean-Claude Carrière que sostenía que los libros no desaparecerán. Pura melancolía anticipada, por supuesto, que, como todo mal, tiene un remedio. Es muy sencillo: los libros no desaparecerán; solamente desaparecerá el papel. No sólo seguirá siendo posible leer los siete tomos de En busca del tiempo perdido , sino que será muchísimo más liviano. Es una noticia que no debería causar nostalgia, sino alegría.







