
"Rivera refleja las convicciones; Frida, es el ícono de la libertad"
El nieto del gran muralista trajo una muestra de fotos, pinturas, dibujos y cartas
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Poeta, fotógrafo, historiador del arte y curador, Juan Coronel Rivera, el nieto del muralista Diego Rivera, trajo personalmente a Buenos Aires una parte de la herencia que, al morir en 1981, le legó su abuela, Guadalupe "Lupe" Marín. Se trata de una rica colección de pinturas y bocetos de murales de su abuelo, junto a los célebres dibujos de Frida Kahlo, que integran la muestra de los dos artistas mexicanos inaugurada anoche en el Centro Cultural Borges.
Cuenta el nieto del consagrado Rivera que la muestra es el preludio de un sinfín de exposiciones en homenaje a las legendarias figuras del arte mexicano, cuando el año próximo se celebre el centenario del nacimiento de Kahlo y los 50 años de la muerte de su abuelo.
"Sólo en México hay previstas 30 exposiciones y dos amplias retrospectivas para la obra de cada uno", anticipa a LA NACION el hombre que hasta los 24 años, cuando se inauguró el Museo Rivera, vivió rodeado de las pertenencias de su abuelo, en la casa de San Angel, en las afueras de la capital azteca, aunque no llegó a conocerlo. "En 71 años produjo 7000 pinturas, 20.000 dibujos y bocetos, además de sus murales. Recuerdo su profusa colección de "Judas" (muñecos de papel que en las festividades populares estallan por el aire, propulsados por cohetes)", dice Rivera, que hoy tiene 45 años.
Comenta que "la familia siempre lo pintó como un hombre muy conversador, con mucho sentido del humor -a veces hasta humor negro-, de fortísimas convicciones y una capacidad de trabajo descomunal. Además de asistir a todas las fiestas e inauguraciones y de fundar partidos políticos, daba conferencias de prensa todos los días y se repartía entre muchas mujeres".
-¿Qué impacto tuvo su figura?
-Me empujó al estudio profundo de su obra. En noviembre editaremos, con Taschen, un libro objeto monumental con todos los murales de Diego. Nos ha llevado la vida tratar de resolverlo. Originalmente eran 35 sus murales, pero localizamos otros 10 en lugares públicos que no estaban registrados. Hay dos en el Museo de Arte Moderno de San Francisco, en California; hallamos en el Museo Pushkin de Moscú, "Gloriosa Victoria", de 1954, sobre la sublevación del pueblo y en el que retrata a su ayudante Rina Lazo con una ametralladora. Otros dos están en Cuernavaca, en la casa de Cantinflas.
-¿Qué le critica a su pintura?
-Como le gustaba tanto comprar arte precolombino (atesoró 57.000 piezas) y tenía que mantener a tantas mujeres, repetía mucho las temáticas de sus obras con un sentido comercial. Pero, bueno, Rembrandt hacía 30 cuadros de un mismo tema.
-¿Cómo veía la familia la debilidad de Diego por las mujeres?
-A mi abuelo le gustaba mucho lo femenino. Y salvo Angelina, su primera mujer, ninguna de sus otras cuatro esposas tuvo problemas con su infidelidad. Me contó mi abuela que en su luna de miel, en Tehuantepec, Diego conoce a una mujer indígena maravillosa y le permite acostarse con ella. Tenía una necesidad profunda de sentirse enamorado para poder transportar toda esa energía que da el amor en el arte. Lo que sí censuró la familia fue su relación sexual con la hermana de Frida, Cristina. Hay que recordar que el primer retrato que hace Diego no es sobre Frida, sino sobre Cristina.
-¿Cómo tomaba la bisexualidad de Frida Kahlo?
-Le encantaba y lo cuenta en sus memorias. Pero le molestaba que Frida tuviera relaciones con otros hombres, especialmente si eran más jóvenes que él. Pero ninguno de los dos tuvo relaciones extramatrimoniales muy largas mientras estuvieron juntos.
-¿La actual proyección de Frida opaca a la de Diego?
-Es maravilloso que finalmente se le está dando un reconocimiento a la pintura latinoamericana de la mano de Frida. Ella ya es un ícono porque habla de las libertades; Diego, de las convicciones. Cuando el mundo vuelva a valorar las convicciones, Rivera va a ser un pintor aún más importante. Hay bastantes prejuicios sobre su pintura al ser tan política, un rasgo para nada comercial.
-¿Por qué no se respetó su voluntad de que sus restos descansaran junto a los de Frida?
-Porque a mi tía Guadalupe, que era diputada, le convenía políticamente que lo enterraran en la Rotonda de los Hombres Ilustres. Y por ello no fue cremado y revueltas sus cenizas con las de Frida, que se conservan en la casa azul, dentro de una urna con forma de rana que, en la tradición azteca, simboliza "la vida eterna". Esa voluntad respondía a la simbología de la pareja primigenia. Era muy místico y masón: fundó la logia Quetzalcoal.




