Roberto Saviano: “Nunca imaginé que llegaría a esta edad, estaba convencido de que me matarían antes”
El escritor italiano, que vive escoltado hace veinte años, publica su nueva novela, una trágica historia de amor dentro de la ‘Ndrangheta; “La mafia ya no importa, ahora el problema de seguridad son los inmigrantes, es increíble”, declara
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ROMA.– Como en cada entrevista con Roberto Saviano (Nápoles, 47 años), acercarse a él ya da una idea de la vida que lleva. La presencia de los Carabinieri es evidente en torno a Villa Albani, la sede del Instituto Cervantes de Roma, donde tiene lugar la conversación. La institución ha cedido cortésmente este hermoso palacio en un lugar apartado de Roma porque es una ubicación idónea para la seguridad.
Saviano siempre es simpático pero serio, aunque sonríe con frecuencia, a veces hablando de asuntos graves. En la charla, repite cosas que ya dice desde hace años, que se arrepiente de haber escrito Gomorra, que conllevó una amenaza de muerte del clan de los Casalese que le persigue desde entonces, que se ha dejado robar la vida. Pero esta vez parece incluso más cansado, más pesimista, casi más cínico. Aunque luego siempre resurge con fuerza en la conversación cuando habla de su sentido del deber como escritor, de su compromiso político y cívico.
En realidad, en sus últimos libros ya no solo domina la violencia y el crimen, también emerge el tema del amor, y es algo a lo que le da cada vez más vueltas. Como en el último, que ahora publica Alfaguara en España, Mi amor no muere, basado en una historia real y terrible en el seno de la ’Ndrangheta, la mafia calabresa. Cuenta la vida de una estudiante de Florencia, Rossella Casini, que en 1977 comenzó una relación con un joven calabrés, Francesco Frisino, sin saber que su familia tenía vínculos con clanes criminales. Una historia de amor que la mafia arrastra inexorablemente a la tragedia. Era un caso totalmente desconocido y olvidado en Italia, Saviano lo ha rescatado porque hubo algo en él que le fascinó.
–Abre el libro con una dedicatoria del poeta español Pedro Salinas.
–Sí, es un poeta capaz de unir dos cosas complicadas: el romanticismo, algo que siempre me inspira cierta cautela, y la tragedia realista del sentimiento. Un romanticismo que no considera el amor solo como algo que justifica la vida, si no algo al mismo tiempo terriblemente trágico. Encajaba bien en la historia de Rossella.

–Al escribir esta historia, ha logrado que este amor no muera, como dice el título. Era desconocida y le ha dado vida.
–Es mi venganza para ella porque nunca tuvo justicia. Nadie fue condenado, es increíble. Cosas así solo pasan en Italia. La sentencia de primera instancia reconoció responsabilidades monumentales de la familia de su novio, los Frisina, pero dijo que no se habían presentado pruebas concluyentes. Debería haber facilitado el segundo juicio, pero los jueces presentaron fuera de plazo el recurso. Esto solo pasa en Italia. Poder contar su historia rompe el cerco de silencio de la ‘Ndrangheta, que se avergonzaba de este asesinato. La hicieron desaparecer porque dejar rastro era una señal de debilidad. ¿Qué significa matar a una chica de 20 años, que apenas medía metro y medio? Que eres débil, que te llevó al límite y por eso la haces desaparecer. La mafia sigue una regla: todos deben comprender quién es el responsable, pero nadie debe poder probarlo. Es la misma lógica de Putin: mata a Navalny pero afirma no haberlo hecho, aunque todo el mundo lo sabe.
–¿Por qué se sospecha que la mató la propia familia de su novio?
–Para limpiar el nombre de su novio. Se había convertido en colaborador de la justicia y así pudo salvarse. La culpa de hablar con la policía recayó sobre Rossella. De hecho él siguió haciendo negocios. Todavía vive en Roma.
–Sí, era el dueño del bar de enfrente de Palazzo Chigi (sede la presidencia del Gobierno), una noticia que tuvo eco hace años. Se convirtió en un capo más.
–Bueno, es demasiado cobarde para ser un capo. Digamos que se convirtió en una figura de alto rango.
–¿Intentó localizarlo?
–Por supuesto, pero fue imposible hablar con él. Cuando fui a su pueblo, a Palmi, todo el mundo decía: “No, Rossella no murió, se fue a Japón”. Increíble.
–Sí, en el libro explica que es una de las tesis sobre su misterioso final. Ojalá fuera cierto, y ella pudiera leer el libro.
–Temo que dijo la verdad, que el arrepentido contó que la violaron, la descuartizaron y la arrojaron al mar.
–En el clan ella es “la extranjera”, una persona ajena a ese mundo. En el libro se capta bien algo que, como dice, solo pasa en Italia: hay un mundo real, pero si por azar te cruzas con el mundo de la mafia, te lleva a otro sin retorno.
–Así es. Esto sucede cada vez más en toda Europa en los negocios. En Italia hay un ejemplo increíble, que seguro que conoce. El subsecretario del ministerio de Justicia, Andrea Delmastro, forma parte del consejo de administración de una empresa que fundó con la hija de 18 años de Mauro Caroccia, blanqueador de dinero del rey del crimen de Roma.
–Michele Senese, ‘O pazzo (el Loco).
–Eso es, y creó la empresa cuando las investigaciones ya estaban en curso. Conozco el motivo, pero no se puede decir públicamente porque me llevarían a los tribunales. Así es Italia. El poder de la mafia es la forma más fuerte de poder económico. En España también ocurre, últimamente se presta un poco más de atención. Hace poco hubo una incautación de cocaína, la mayor en la historia de Europa, un barco que iba de Libia a España. Valía mil millones. ¿En qué se invierte luego ese dinero? En academias de fútbol, hoteles, campañas electorales. Ese es el punto clave.
–Sí, en España no existe conciencia sobre la infiltración de la mafia italiana. Son listos, hacen negocios pero no disparan. De vez en cuando detienen a alguien, pero parece que estaba de paso.
–Un capo me contaba que estaba en España con la esperanza de acabar en una prisión española, porque para ellos es mejor. Respetan las jerarquías italianas y además puedes tener sexo una vez al mes, algo que en Italia está prohibido. Me dijo: “Prefiero pasar diez años en España que cinco en Italia”.
–Bueno, en toda Europa no hay la conciencia del fenómeno mafioso que hay en Italia. Usted se habrá sentido muy incomprendido en el extranjero.
–Totalmente. Solo ahora veo que las cosas cambian. Por ejemplo Suecia, que registra el mayor número de muertes relacionadas con la mafia en Europa, se ha dado cuenta del problema. Es increíble cómo Europa se ha convertido hoy en un centro neurálgico del crimen organizado. Las normas del capitalismo financiero actual son exactamente las de la lógica mafiosa.
–En este auge de la ultraderecha muchos líderes actúan como matones mafiosos, empezando por Trump. ¿Qué piensan los mafiosos de verdad de ellos? ¿Este auge es bueno para el negocio?
–Es buenísimo para sus negocios, sin reglas, sin controles, sin que los focos apunten hacia ellos. El mentor de Trump fue Roy Cohn, el abogado de Cosa Nostra, le permitió cerrar tratos para construir en Las Vegas. E importantes jefes de la mafia rusa también trataron con Trump. Es un asunto serio. Sin embargo, el tema de la mafia ya no importa, ahora se percibe a los inmigrantes como el problema de seguridad, es increíble.

–Acaba de escribir un artículo sobre los 10 años de la muerte de Dario Fo y repite algo que ya ha dicho: gana quien no tiene reputación; la censura no necesita imponer prohibiciones, le basta ahogar las voces en el ruido.
Sí, la censura a la que se enfrentó Fo en realidad lo fortaleció. La censura que yo sufrí me fortaleció a mí. Te destroza, pero sigues existiendo. Hoy es distinto. Nadie te censura, te sumergen en ruido y demandas judiciales. Creo que la izquierda triunfará el día que renuncie a la reputación. No sé cómo se logra eso sin convertirse en un cantamañanas, pero así son las cosas.
–¿Por qué?
–Una reputación representa una forma de capital que dice: “Soy íntegro, soy coherente”. El riesgo de ser desacreditado, sobre todo con mentiras, es tan grande que si pasas todo el tiempo defendiéndote. Es mejor ser un evasor de impuestos, una basura, no tener vida privada. Nadie puede hacerte daño.
–¿Por qué dice que la izquierda debería renunciar a la reputación?
–Porque no logra defender la reputación de los suyos, lo he visto en Italia, en España con Sánchez… El propio bando, de alguna manera, muerde el anzuelo. Un votante de derechas defiende a muerte a su presidente si es investigado, sin ni siquiera mirar las pruebas, pero en la izquierda empiezan las dudas. Existe un instinto de turba dispuesta al linchamiento y al mismo tiempo un deseo de encontrar un santo. No se puede esperar que una persona nunca cometa errores. Un error no es un delito, un error no es corrupción. En el otro bando, la reputación no existe. Nadie que vote por Trump cree en la reputación de Trump. Nadie espera que sea una persona íntegra. Si basas tu fortaleza en tu reputación, ¿a dónde llegas? Yo estoy sepultado por demandas.
–Sí, le ha denunciado Meloni, Salvini…
–Los políticos pueden llevarte a los tribunales cuando quieran, es una forma de ejercer presión. Los propios magistrados italianos tienen miedo, son coaccionados por políticos que airean sus nombres en la prensa y les destrozan la vida. Así es la extrema derecha en el gobierno: infundir miedo, provocar ansiedad, arruinar vidas. Por alzar la voz se pierde el trabajo, los medios te destrozan. Ahí es cuando la democracia se ve comprometida.
–¿Cree que la democracia ha retrocedido en Italia con Meloni?
–Sí, está totalmente comprometida. No es que antes las cosas fueran bien. Meloni simplemente radicalizó lo que ya ocurría. Italia es un país del que hay que huir. Lo digo siempre.
–Pero nunca se marcha.
–Sí me marcho, el problema es que vuelvo. Es una especie de adicción. No sé qué es, iba a decir ego, pero no, me han ofrecido de todo, incluso entrar en política.
–Para usted escribir es una misión.
–Sí, tanto es así que sufro por ello, no hay alegría en esto. Para mí este libro, por ejemplo, fue una tarea necesaria. Me dije, a la mierda, ahora voy a contar esta historia, voy a contar una historia del amor, un sentimiento que nunca he experimentado de esa manera.
–En el libro ella va a ver al capo mafioso, son el amor que no muere y el odio que no muere. Es la historia humana, el bien y el mal. ¿Ve la vida de forma tan trágica?
–Sí, sin duda (sonríe). De hecho, nunca imaginé que llegaría a la edad que tengo ahora. Estaba convencido de que me matarían antes. Creo que he seguido con vida por ponerlos en el punto de mira. Existía un fuerte escudo mediático que impedía a los Casalese actuar contra mí.
–Justo ahora lleva 20 años bajo protección policial, desde octubre de 2006. Hace un año confesó que atravesaba una crisis, que no podía seguir así y tenía que encontrar una solución. ¿La ha encontrado?
–No, y es culpa mía, pero sigo buscando. Es decir, la verdadera solución es simplemente guardar silencio. No entiendo por qué no lo hago.
–Pero disfruta escribiendo.
Sí, pero las consecuencias son demasiado pesadas, por mucho que lo disfrute. La verdad es que estoy demasiado aferrado a la idea de la venganza, la idea de que consigan silenciarme me come por dentro. Debería decir: “Elijo la paz, la libertad, recuperar mi vida”. Sigo viviéndolo como una forma de sacrificio personal.
–¿Ha pensado en escribir algo que no tenga nada que ver con la mafia?
–Sí, muchas veces. Tarde o temprano pasaré a la ficción histórica, pero ahora mismo es como si tuviera aún asuntos urgentes que abordar.
–Historias que aún deben ser contadas.
–Exacto. Sientes que si nadie habla de ellos se olvidarán. Pero también tengo que dejar de sentirme el caballero blanco. Ya basta. Vivir así, con la escolta de los Carabinieri. Ya he tenido suficiente, no puedo más. Estoy harto de un país tan profundamente ingrato.
–Pero es muy querido en Italia, tiene muchos lectores.
–Sí, pero a menudo incluso la gente cercana a mí, quizás con bastante ingenuidad, no comprende la enorme carga que supone tomar ciertas decisiones, la presión económica, enormes gastos legales, el desgaste físico de llevar una vida así.
–En España, en Francia, hay grandes protestas por la casa, la educación, problemas que en Italia son incluso peores. ¿Por qué en Italia no sucede nada?
–Bueno, Italia es el país más envejecido del mundo junto a Japón, nunca hay que olvidar eso. Ya no tenemos hijos, formar una familia en Italia es un coste inimaginable. Por eso me choca que la extrema derecha esté en el gobierno y no proteja ni remotamente aquello que dice defender: la familia, los hijos, tener una casa. Tampoco hay una rebelión porque todo el mundo tiene miedo a los interminables problemas legales. Tenemos el sistema judicial más lento de Europa occidental. Nada funciona, nada, esa es la realidad, el tópico, cualquiera que lo viva sabe que es verdad. Y lo que funciona es solo gracias a la voluntad individual: el enfermero heroico, el médico heroico, el funcionario municipal que hace turnos de 20 horas.
–Todo se resuelve en el plano humano, para bien o para mal.
–O por los vínculos familiares. Si no tienes familia no llegas a ninguna parte. Italia sigue siendo la Italia del papa Borgia.
–Se suele basar en hechos reales, documentos judiciales, ¿cómo detecta el potencial literario en esa prosa árida?
–Es una pregunta difícil, el potencial suele estar ligado a una historia de múltiples facetas, y esta lo era. Tiene que ser algo que permita al lector conectar de inmediato, detalles. Un ejemplo: en la guerra de clanes de Scampia, en Nápoles, como las madres de un clan habían pasado a la clase media, sus hijos no habían sido entrenados para usar armas. Cuando estalló el conflicto, los jefes se encontraron sin hijos que supieran disparar. Pero los de sus rivales, que no habían llevado vidas tan acomodadas, sí. Los jefes acabaron teniendo hijos, no soldados. Es un detalle que revela todo un mundo. Va más allá de la crónica de sucesos. Otro ejemplo: una víctima inocente, Dario Perillo, no tenía nada que ver con el crimen organizado, pero vestía igual y conducía una moto parecida a la de un traficante. Le mataron, llegó su hermano y al verlo se puso a saltar. Sentía tanto dolor que su cuerpo colapsó. Daba saltos.
–Son historias con tal potencial novelesco que parecen inventadas.
–Sí, son relatos salvajes de vida y muerte, increíbles. Había una regla establecida por Paolo Di Lauro, capo de Nápoles: nadie podía matar sin la autorización de la cúpula del clan, pero si quería matar a alguien de su propia familia podía hacerlo sin permiso. Un hombre tenía un rival al que no podía matar, así que hizo que su hijo se casara con la hija de su rival. Así pasó a ser de la familia y lo mató.
–No te puedes inventar una historia así. En el libro Francesco es un estudiante al que llaman a la guerra y debe ir. Solo en Italia...
–Sigue siendo así, realmente no puedes escapar de eso. Es una cuestión de sangre y familia.
–En los últimos años ha escrito varios libros en los que el amor está presente. Se ve que le interesa, imagino que vuelca mucho de sí mismo en ellos.
–Sí, agradezco a las personas que me permiten observar sus sentimientos, amigos, gente de mi entorno. Estoy convencido de que el tipo de amor que intento investigar es un amor peligroso, porque implica confianza. Yo no confío en la gente, ya no puedo. Años de terapia no me han ayudado. Así que explorar el amor es, ante todo, explorar un riesgo, confiar en esa persona. En mi caso no he sido capaz de hacerlo, ya no puedo. Siempre piensas que, si se comete un error, aun sin que ocurra nada grave, si saben cómo soy realmente, dejarán de quererme. Por eso no me fío.
–En el libro el amor nace en una jaula. Cuando habla de este tipo de amor, ¿está hablando del amor en su propia vida?
–Sí, así es.
–Pero no se puede vivir sin amor, ¿no? Amará y habrá sido amado.
–Sí, pero no todas las formas de amor son iguales. Yo, por mi parte, casi siempre he sentido que debo merecer el amor.
–¿Por qué?
–Si te comportas de cierta manera, si tienes una forma específica de desenvolverte en el mundo o de gestionar la tensión, el amor se acaba. Eso me ha ocurrido, y el amor del que hablo en el libro es el que describe Kundera: “El amor es, por definición, inmerecido. Qué maravilloso es saber que eres un desastre total y, aun así, escuchar a alguien decir: eres el amor de mi vida”. Sé que es algo tóxico, ¡pero es fantástico! Al menos en mi fantasía es algo hermoso: sentirse amado por lo que eres. Con todos los errores, las contradicciones. Creo que surge de ser una figura pública, por la vida que uno lleva. Estás pagando un precio tan alto que sientes que tienes que ganarte el derecho a ser amado. También es muy fácil decepcionar, cuando tu misión es elevada, cualquier error terrenal conduce a la decepción. Todo en esto es equivocado, nada de vivir así, librando esas batallas, te permite una vida en la que puedes respirar.
–¿Está harto de ser un símbolo?
–Sí, ya basta. Ser un símbolo no duró mucho, luego me convertí en un blanco. Durante años ha sido una masacre, desde la política. Ahora han ganado de forma tan contundente que ya no necesitan hacerlo.



