Sergio Sinay: "Nisman, Lola, Ángeles; en el diario leemos novela negra todos los días"

Más conocido por sus ensayos sobre vínculos que por su narrativa, con Noruega te mata el escritor regresa al género que más lo apasiona
Silvina Premat
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5 de marzo de 2015  

Un árbol de hojas ocre, un chico de la mano de su padre, dos pocillos de café juntos, un corazón y... más allá, un revólver apuntando de frente. Al entrar al sitio web de Sergio Sinay ("Vínculos humanos y exploración existencial", explica un banner), se devela en imágenes la aparente antinomia entre la treintena de libros que hablan de amor, madurez, paternidad, y el último título que el autor acaba de publicar: Noruega te mata. En verdad, lo que hay que saber es que, aquí y ahora, a los 67 años, el escritor se está reencontrando con su primer amor, la novela negra.

Tenía 27 y trabajaba como periodista cuando Daniel Divinsky publicó en Ediciones de la Flor Ni un dólar partido por la mitad, a la que siguió, en 1983, Sombras de Broadway, publicada por Ediciones de la Pluma, uno de los emprendimientos gráficos que impulsó Sinay. Pero no fueron ésos sus libros más vendidos, sino los que escribió después en el rubro de la autoayuda o la psicología. Ser padres es cosa de hombres (1998) lleva unas veinte ediciones. Lo sigue de cerca La sociedad de hijos huérfanos (2007).

En diálogo con LA NACION, el periodista y ensayista explica lo que no es más que su búsqueda personal.

-Su última novela negra fue Es peligroso escribir de noche (1992) y después se dedicó a los vínculos.

-Sí. Con ese libro entró en hibernación mi relación con la novela negra. Pero mis primeros cuatro títulos son de ese género, de los años en los que nació el género en la Argentina. Antes había novela policial. En la novela negra no importa tanto descubrir el enigma de un crimen como su vinculación con lo que ocurre en la sociedad. Hoy más que nunca en nuestro país la novela negra es el género realista por excelencia, y de alguna manera el espejo del mundo que se está viviendo. Cualquier libro de investigación periodística casi podría ser una novela negra y cualquier novela negra dará mucha información el día que sea leída en perspectiva, sobre la Argentina del momento en el que se escribió.

-¿Qué lo llevó a escribir Noruega te mata ?

-Una deuda que tenía conmigo mismo y que se hacía dolor. Siempre quería ponerme a escribir y lo postergaba por alguna otra demanda. El año pasado encontré esta historia, de la que había escrito la primera parte. Me conmovió el personaje y me propuse continuarla. En marzo estaba terminada. Fue una emoción enorme, como la primera vez, en el 75; una emoción que no me produce un ensayo terminado.

-¿No teme que se lo tilde de oportunista, porque hay un resurgir del género?

-Yo sé que no lo es; en todo caso, es una puesta al día conmigo desde un punto de vista personal y literario.

-¿Deja de escribir de vínculos?

-No. En los ensayos digo lo que pienso del mundo en el que vivo, de las relaciones entre padres e hijos, los valores, la moral.

-¿Sus personajes son antihéroes?

-Sí. Son cuatro que vienen perdiendo en la vida y el viento los amontona en algún pueblo de la pampa, y se les ocurre un plan que creen que es genial y que los va a salvar para siempre. Y esto ocurre todos los días en la Argentina entre anónimos y en la cumbre del poder. Siempre hay alguien que ve la salvación en algo que, con mecanismos idénticos a los de la tragedia griega, está preparando un final sangriento del que será partícipe mientras cree que, en realidad, está preparando un futuro venturoso.

-¿Qué mecanismo de la tragedia griega toma la novela negra?

-El mismo que retomó Shakespeare; desde el comienzo, se pone en marcha una maquinaria que indefectiblemente terminará mal, en sangre, en tragedia. Y los personajes son como los bichitos de luz que no pueden frenarse a pesar de que se van a quemar. Cuando se leen para atrás muchas de las historias que nos horrorizan en los hechos reales se puede ver que son como crónicas de una muerte anunciada. Novela negra son los casos Nisman, Ángeles, Lola... todos los días leemos una en los diarios.

-¿Hay una ilación entre escribir ensayos para optimizar las relaciones y novelas sobre los mecanismos que llevan al fracaso?

-Sí. Parto de la idea de que ningún ser humano quiere sufrir. Entonces, ¿por qué se sufre tanto? Porque somos poco eficaces en la búsqueda de caminos, no digo a la felicidad, porque creo que la felicidad no puede ser una meta en la vida sino una consecuencia de la manera de vivir... Si te pones la felicidad como meta, lo más probable es que termines haciendo una novela negra con tu propia vida.

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