
Sobre el amor y el matrimonio
ULTIMAS HISTORIAS DE HOMBRES CASADOS Por Marcelo Birmajer-(Seix Barral)-315 páginas-($ 27)
1 minuto de lectura'
Desde el título, Ultimas historias de hombres casados se ubica como la continuación y el cierre de los dos libros de relatos Historias de hombres casados (1999) y Nuevas historias de hombres casados (2001). Los doce relatos que integran estas Ultimas historias... confirman los temas, el estilo narrativo, el sistema de personajes que Marcelo Birmajer ha empleado en sus libros anteriores, con singular éxito de ventas.
Efectivamente, la fórmula narrativa es la misma: en este volumen, Javier Mossen, narrador y alter ego del autor, que fue ganando espacio a lo largo de la trilogía hasta convertirse en único narrador -salvo un relato en tercera persona-, escucha historias ajenas sobre amor y matrimonio y las cuenta en un estilo llano, que abunda en giros coloquiales, personajes estereotipados y los lugares comunes de las aventuras y desventuras de la pasión. Mientras que en los dos volúmenes anteriores, Mossen, un escritor judío que, como Birmajer, ha publicado historias de amor y novelas juveniles, era también protagonista de muchos de los relatos, en Ultimas historias... es, ante todo, aquel que escucha. Mossen recupera "las historias de mi tribu" con una certeza: la de ser el que "había llegado a esta tierra a escucharlas". Desde esta perspectiva, escuchar y transmitir esas historias no es un mero recurso narrativo sino que se concibe como pieza fundacional de una identidad ("ser judío es en gran medida contar historias", afirma Birmajer en una entrevista; "los judíos se obligan, desde hace cientos de años, a contar en determinada fecha una misma historia").
El registro de la oralidad sobre el que hacen pivote la mayoría de los cuentos ratifica un lugar de enunciación y una tradición narrativa. Y lo hacen reiterando, con variaciones mínimas, las mismas historias, los mismos procedimientos, las mismas estrategias descriptivas. No hay sobresaltos para el lector que los cuentos de Birmajer imaginan; las narraciones avanzan con la misma cadencia desprolija de una historia oída: con la ausencia de economía en los detalles, los cambios de tema, la falta de rigor argumental. Tampoco hay desafíos: si se menciona a Philip K. Dick, el narrador informa que se trata de "uno de los escritores más conocidos de la segunda mitad del siglo XX"; si un personaje nombra a La Maga, enseguida se aclara que está "refiriéndose al personaje de Cortázar".
En este sentido, es emblemática la manera como se incorpora el tema de la última dictadura militar, materia ausente en los volúmenes anteriores y telón de fondo de varios de los cuentos de Ultimas historias de hombres casados. Como en otras narraciones publicadas en los últimos años, Birmajer pone el acento, no tanto en el accionar de los militares, sino más bien en los grados de participación de la sociedad civil. Pero mientras que la reciente narrativa sobre la dictadura cuestiona críticamente la supuesta inocencia de los civiles, Birmajer, nuevamente, tranquiliza a quien lo lee. Mossen recuerda que, a finales de los años setenta, su padre, un contador público en una dependencia del Estado, se negó a participar en un pequeño episodio de corrupción organizado por un militar: "Por ser poco espectaculares, estas historias son poco conocidas; pero en cuanto se lee a cualquier investigador riguroso uno encuentra cientos de casos, rescatados del olvido, de pequeños sujetos que en tal o cual ocasión dijeron que no al poder de turno, sin más heroísmo que el de decir no".
El único relato en tercera persona retoma como personaje principal a Elías Borgovo, un escritor que funciona, de alguna manera, como el alter ego futuro de Javier Mossen / Marcelo Birmajer. En el último relato del volumen anterior, un Borgovo sesentón enfrentaba su vejez conquistando a la última mujer que podría conquistar en su vida y reencontraba el amor filial de su hija; en este tomo, se cierra su trayectoria personal y literaria no sólo con el abrazo de su hijo sino, y sobre todo, con la obtención del Premio Nobel de literatura. Si bien "sus libros se habían traducido a cinco idiomas" pero "sus compatriotas no sabían quién era", esta suerte de parábola del destino de un escritor muy leído pero que se sabe no reconocido por la crítica condensa una visión optimista, por momentos irónica y maliciosa, del oficio de escribir y del funcionamiento del campo literario argentino.




