
Sombras perturbadoras
La rosarina Graciela Sacco expone en Diana Lowenstein un conjunto de obras heliográficas que muestra temores y frustraciones sociales.
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El arte político es un arte obsesionado por su utilidad o "destino social", como escribió en 1865 Joseph Proudhon. Para el filósofo sólo el arte que tenía un propósito moral y una relevancia social podía tener un significado. Este arte no data de ayer; Jacques Louis David, el mayor pintor de la Revolución Francesa, fue el prototipo del artista comprometido. Gustave Courbet, socialista desde 1840, vinculó el realismo de su pintura con sus ideas políticas. En el siglo XX, en Rusia, los artistas de vanguardia consideraban a sus obras abstractas como expresiones del espíritu revolucionario.
Desde finales de los sesenta y comienzos de los setenta, en Estados Unidos, Europa y América latina, los artistas encontraron un amplio espectro de cuestiones para expresar sus críticas. Julio Le Parc decía que para los artistas comprometidos había una labor que cumplir: actuar como francotiradores y crear de manera deliberada perturbaciones en el sistema artístico y en las manifestaciones más representativas (bienales, Documenta, etcétera). En la Argentina existe una rica tradición de arte político, con nombres como los de Berni, Ferrari, Grippo, Vigo, Bony, Renzi y las conocidas experiencias del Instituto Di Tella y Tucumán arde (en los años sesenta).
En el contexto de lo que se ha llamado "cultura posmoderna", algunos artistas, colocándose en la orilla opuesta a la apología del consumismo, cuestionan temas sociales candentes. En los años noventa, en esta vía surgió la idea de la "otredad" (reconocimiento de la identidad y especificidad del "otro"), concretada con las bienales "periféricas", como las de La Habana y Sydney.
La rosarina Graciela Sacco puede adscribirse, con pleno derecho, a la saga de arte político argentino. Desde comienzos de los ochenta, su obra adquirió un tono de denuncia obstinada. Las investigaciones que desarrolló sobre el uso de la técnica heliográfica, utilizándola para imprimir fotografías, le posibilitaron producir una obra en concordancia con su intención estético-política. Según sus palabras, con el viejo medio heliográfico (utilizado por los arquitectos para copiar planos), pudo interpretar "la memoria resguardada en los objetos" (memoria de las desventuras sociales).
Las manos, impresas heliográficamente sobre almohadas y valijas, las manifestaciones callejeras sobre palos, las bocas entreabiertas que aparecen en las cucharas, sugieren apariciones difusas, con un cierto aire de tiempo pasado, de recuerdo impreciso. Esos objetos, en general, remiten a situaciones traumáticas, en las que se percibe el miedo, la brutalidad, el hambre.
En la exposición que Sacco presenta en Diana Lowenstein Fine Arts, se exhibe un conjunto de objetos e instalaciones que remiten a la realidad cotidiana. Las fotografías de grupos de hombres y mujeres impresas sobre cortinas venecianas, borrosas, con colores sepias, muestran la sospecha o la ferocidad que se esconde en el interior de las viviendas. Las cuarenta cucharas con bocas, que flotan en un rincón de la galería, aluden al flagelo de la pobreza que azota a buena parte de la humanidad. Las obras están realizadas sobre la base de fotografías de prensa (o tomadas especialmente) impresas sobre los más variados soportes. Parceladas, fragmentadas, desdibujadas, las imágenes se convierten en presencias inquietantes, en sombras perturbadoras, acusadoras. La impresión heliográfica (escritura solar) aportó a la obra de Sacco esa cualidad inmaterial, como de algo que está a punto de desaparecer y se resiste a hacerlo.
De ese modo se presentan al contemplador las rudas manifestaciones callejeras de las series Cuerpo a cuerpo , impresas sobre maderas colocadas como un cerco rudimentario. Una de ellas fue exhibida en la Bienal de San Pablo con el título El incendio y las vísperas , que cita un libro de Silvina Bullrich, cuyos personajes están sumergidos en los sucesos de la quema de las iglesias durante el gobierno del general Perón. La fotografía, apropiada de un diario, corresponde a una escena de las grandes huelgas de 1995 en París. Es evidente la cita de Mayo del 68 en la misma ciudad, pero también es cierto que para los contempladores argentinos remite igualmente al Cordobazo de 1969.
Graciela Sacco (Rosario, 1956) es graduada en artes en la Universidad Nacional de Rosario. Autora de varias publicaciones sobre las vanguardias de los años sesenta y sobre la técnica heliográfica, becaria del Conicet y profesora universitaria. En 1996 fue la única representante de la Argentina en la Bienal de San Pablo. En 2000 su obra fue expuesta en las ferias de arte de Madrid (Arco) y Basilea, en la Bienal del Centro de la Imagen de México y en la Bienal de La Habana. Recientemente, el Museo Municipal de Bellas Artes Juan B. Castagnino, de Rosario, presentó una importante muestra individual de su obra.
( Hasta 31 del actual, en Diana Lowenstein. Av. Alvear 1595. )
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