
"Todos llevamos una novela adentro y es atractivo contarla"
El autor español llegó para presentar su novela "Dos mujeres en Praga"
1 minuto de lectura'
Las novelas del escritor español Juan José Millás -que además es un prestigioso columnista del diario El País, de Madrid- atrapan no sólo por sus historias, sino por crear climas tan cautivantes que, por trastornados que parezcan los personajes, acaban persuadiendo al lector de la verosimilitud de los hechos.
Millás llegó ayer a Buenos Aires, procedente de Chile y México, bajo la torrencial lluvia de invierno, para presentar su reciente libro "Dos mujeres en Praga" (Planeta), ganador del Premio Primavera de Novela 2002, en España. Hoy, a las 20, tendrá un encuentro con lectores en La Boutique del Libro, en San Isidro.
El escenario de la novela es Praga, pero transcurre en Madrid. ¿Por qué?, pregunta LA NACION. Y Millás, con verbo rápido, responde: "Praga y Madrid son espacios míticos. La Praga del libro no es real, sino una imaginaria, que a uno de los personajes le parece una ciudad zurda, porque desde ella la realidad puede verse distinta del punto de vista al que estamos habituados".
-Su personaje, Alvaro Abril, escribe biografías por encargo. ¿Es un dato real o de ficción?
-Es real. Cuando mi novela salió, el dato llamó la atención. Pero en España empieza a haber demanda de este género. Hay cuatro o cinco agencias que se dedican a ello. ¿Por qué? Una biografía personal es el mejor regalo que se les puede hacer a los hijos o a los nietos. Cuando los padres desaparecen, uno revisa el álbum familiar, porque al hacerlo se incluye. Uno tiene la impresión de que los padres se han ido sin contarnos lo más importante, con algún secreto. Por eso la idea de una biografía es tan atractiva. Hoy toda la gente quiere contar su vida. Me dicen: "Mi vida sí que es una novela. Si se la contara, usted escribiría un libro". Todo el mundo lleva una novela adentro. Y cuanto más gris es una vida, más apasionante es contarla. Kafka llevó una vida de oficinista y fíjate lo que había dentro de su cabeza.
-En sus novelas los personajes son muy solitarios. ¿Por qué?
-Me interesa mucho la soledad, porque en ella ocurren cosas muy contradictorias. Vivimos en aglomeraciones urbanas, pero cuanto más juntos, más solos estamos. Hay una soledad impuesta que empieza a ser terrible, porque los datos lo son. En Madrid, este año han muerto cerca de 30 ancianos solos en sus casas y se ha tardado días o semanas en encontrar sus cuerpos, pues nadie los había echado de menos. Pero hay otra soledad buena, que es el espacio moral en el que nos encontramos con nosotros, crecemos y sabemos quiénes somos.
-"Una mañana te levantas y te das cuenta de que ya es tarde para todo", dice uno de sus personajes. De cara a la realidad mundial, ¿lo comparte?
-Algunas cosas se precipitan. Nos estamos acostumbrando a que no haya procesos, sino a que un día te levantes y haya sucedido una catástrofe. Empieza a ser una realidad cotidiana. Los argentinos lo saben bien. En cuanto a la guerra, pues un día nos levantaremos y nos enteraremos de que Irak se ha convertido en un solar.




