
Un diálogo que pone en foco la colección del MNBA
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La propuesta de la exposición consiste en establecer un diálogo de las artes plásticas y las letras con el periódico Martín Fierro, que entre 1924 y 1927 acompañó el desarrollo cultural de la joven vanguardia porteña, enmarcada en el grupo de Florida.
En su mayoría, las obras que integran la muestra provienen de la colección del Museo Nacional de Bellas Artes, ya que uno de los propósitos es realizar una lectura de su patrimonio, unido al relato del periódico Martín Fierro. También se suman obras del Museo Provincial de Bellas Artes de La Plata, la colección de la Cancillería argentina, la colección Blaisten, de la ciudad de México, y otras procedentes de colecciones privadas.
A principios de la década del 20, quienes serían los precursores de esa nueva sensibilidad estética -Pettoruti, Norah Borges, Guttero y Curatella Manes- encontraron en la publicación un espacio de expresión y análisis, alentados por la crítica de arte promovida especialmente por Alberto Prebisch.
La exposición no pretende hacer una reconstrucción arqueológica del periódico Martín Fierro, sino establecer una aproximación al ideario estético -plástico y literario- que se desprende de los 45 números publicados, como un hilo conductor entre las obras, los libros y la documentación exhibida. A través de una lectura museográfica del periódico, se desprenden los conceptos fundamentales de la vanguardia internacional: el primitivismo en la obra de Paul Gauguin; el análisis de la percepción e imaginación en los dibujos de Pablo Picasso, por Marcelle Auclair; la obra del escultor Antoine Bourdelle, según de Waldemar George, autor de un texto con motivo del emplazamiento del monumento al general Alvear, cuyos planos y bocetos acompañan la muestra. Las obras de Foujita y Modigliani, introducidas por Maurice Raynal, así como también la colaboración que Sandro Volta le dedica a la obra de Carlo Carrà, en el período que el artista abandonó el futurismo, son algunos de los ejemplos de cómo Martín Fierro construye una mirada sobre las artes plásticas internacionales.
Evar Méndez, el mítico director, definía la publicación como un periódico de poetas, y en sus páginas se registra el más fiel reflejo del movimiento literario de nuestra juventud. De esa manera, la exposición encuentra en las críticas literarias firmadas por Borges, Marechal, Nicolás Olivari o Jacobo Fijman, un itinerario de los libros que fueron considerados los principales exponentes de esa generación. Este capítulo biblio-hemerográfico destaca la alta calidad del diseño y la tipografía de la época que caracterizó las publicaciones de la vanguardia.
Las resonancia transatlánticas convivieron cómodamente con la búsqueda de una identidad estética propia: las indagaciones de Borges sobre el tango y la utilización de un lenguaje propio como recurso frente a los contemporáneos españoles son temas decisivos en la aventura martinfierrista.
De la vereda de enfrente se filtran en la publicación las voces del grupo de Boedo, a través de sus representantes más heterodoxos. De esta manera, y partiendo de su exultante manifiesto, Martín Fierro en las artes y las letras indaga en el desafiante proyecto cultural de la década de 1920 en el país.




