
Un dibujo de Borges sale a subasta en Nueva York
Por Susana Reinoso Especial para lanacion.com
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Un dibujo atribuído a Jorge Luis Borges, creado en tinta hace 35 años por el autor de Ficciones, a pedido del barman y librero neoyorquino Burt Britton, fue puesto a subasta el viernes último por Bloomsbury Auctions, con una base de entre US$ 6000 y US$ 8000.
El diario The New York Times se hizo eco del remate y concedió a la obra de Borges, que integra la Colección Britton, un lugar prioritario pues ilustró su edición on line con el dibujo borgeano. Britton atesoró durante 35 años 2000 autorretratos y creaciones de celebridades de las letras, la música y las artes en su colección privada, de la que 200 autorretratos salieron a subasta a través de Bloomsbury Auctions.
Entre otros lotes hay dibujos de Richard Avedon, J.H. Lartigue, André Kertész, Paul Jenkins, Art Spiegelman, Rem Koolhaas, Margaret Atwood, Saul Bellow, Tom Berger y el ya mencionado de Borges, al que Britton tituló "Borges as Labyrinth".
Hace tres décadas y media. Britton que trabajaba como barman y vendedor de libros para financiar su pasión por el arte y la literatura, comenzó sin saberlo su impresionante colección. Fue, como suele ocurrir con los acontecimientos salientes en la vida, por una casualidad.
A Britton, su pasión por el contacto con escritores y estrellas de otros rubros lo llevaba a demorar la noche entre copas. Una madrugada, mientras intentaba convencer al último parroquiano en el Bar Village Vanguard, en Manhattan, de que se fuera a dormir, le sirvió un trago y le pidió que le hiciera un dibujo. Le dijo: "Norman, aquí, en este trozo de papel, dibuja un autorretrato para mí, bebe tu trago y terminemos la noche".
Norman Mailer fue el primero en esa larga lista de celebridades que pasaron a formar parte de los tesoros de Britton y que salió a remate con la creación de Borges. Entre los 200 lotes hay verdaderas perlas que tienen detrás historias tan fascinantes como los propios dibujos.
Borges y su laberinto. Si el encuentro de Britton con Borges fue memorable, lo fue aún más la impresión que el escritor argentino le causó más tarde. En el subsuelo de la librería Strand, en Broadway, frente a la hoja en blanco, el escritor argentino reconoció primero con sus manos los bordes del papel y luego, con su dedo guió la lapicera en la otra mano para dibujar su laberinto.
Britton conoció al autor de El Aleph por su traductor en Estados Unidos, en un momento en que Borges no era todavía un autor muy traducido. "Su dibujo fue perfecto y es uno de los más fascinantes de la colección", subrayó Britton en una entrevista. Los hechos que siguieron le dejaron una impresión inolvidable.
Al cabo de un rato, Borges le dijo que estaba cansado y que necesitaba descansar. Britton lo acompañó a subir las escaleras hasta la planta principal.
De pronto, el escritor se detuvo, "para sentir la habitación, y oír los anaqueles y los libros". Volviéndose a Britton le dijo: "Tiene usted aquí tantos volúmenes como nosotros en nuestra Biblioteca Nacional".


