Un documental donde la música es la única esperanza
El film de Pablo Reyero narra la historia de tres adolescentes de barrios marginales del conurbano, se podrá ver en el cine Cosmos y en el Malba
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No es la primera vez que una película predica la virtud de la música como vehículo de salvación. Angeles caídos es precisamente eso, la historia real de tres adolescentes de barrios marginales del conurbano (Villa 20 de Lugano, Ingeniero Budge y Bajo Flores) que luchan por salir adelante a partir de este medio de expresión que, como motor invisible, los aleja del hambre y la pobreza.
"Movilizado por mi origen humilde, intenté contar una historia que se saliera del lugar común de las crónicas amarillas sobre dolidas y tristes vidas de pequeños delincuentes y adictos y busqué dar cuenta de cómo estos jóvenes construyen sus subjetividades y espacios de pertenencia", sostiene el director del documental, Pablo Reyero, nacido en Villa Gesell en los años 60.
El piso 16 de un monoblock del Bajo Flores, donde vive Eli Suárez -el líder del grupo de rock Los Gardelitos-, es la primera imagen que capta la cámara de Reyero. Eli y su hermano Bruno, a cargo de la batería de la banda, levantan los alimentos rechazados por los mercados populares para alimentar a su familia. Eli, acostumbrado a vivir sobre terrenos fiscales, es contundente: "Yo no soy más que nadie, pero tampoco soy menos que nadie", aclara, mirando a la cámara.
El próximo escenario será una casa de material situada en la villa 20 de Lugano, donde María Aguayo, de 12 años, intenta mantenerse alejada de los robos y las drogas para concentrarse en su amado instrumento: el chelo. "Yo estaba muerta y la música me hizo sobrevivir", reconoce en el documental, y cuenta que tocó en el Teatro Colón y en el Coliseo, con la Orquesta Infantil de Lugano.
El documental, de 64 minutos, concluye en una pequeña vivienda de madera a medio construir, en Ingeniero Budge, donde la historia a documentar es la de Ezequiel Rojas, de 17 años, que estudia el violín para tocar en la orquesta juvenil de Lugano y, muchas veces, no cuenta con el dinero para asistir a clases. Los relatos y confesiones de los tres músicos marcan el ritmo de la historia y nos sumergen en el micromundo de Eli, María y Ezequiel: en sus vínculos afectivos, lugares de pertenencia y en sus códigos. Hallar a los protagonistas requirió un recorrido de seis meses por barrios marginales, "especialmente en centros culturales y programas de orquesta y música", cuenta Reyero. La cámara, situada frontal y a la altura de los ojos, "destaca sus puntos de vista sobre la propia existencia y la experiencia artística", comenta el director, que simultáneamente al estreno del documental en Buenos Aires presenta su primera película de ficción, La cruz del sur , en un ciclo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York; será la única obra latinoamericana y participará junto a directores consagrados, como Laurent Cantet y Phillippe Garrel. Angeles caídos, llevada a cabo con muy bajo presupuesto, busca despejar el lugar común que muestra a la juventud como sinónimo de vagancia y delincuencia y destilar "un poco de esperanza", según su autor, que retorna al documental luego de su reconocido film Dársena Sur, de 1997.
Pero Reyero ya está concentrado en su próximo proyecto, Sobrevivientes , que contará con la producción de Luis Puenzo y con la actuación de Leonardo Sbaraglia y comenzará a rodarse en agosto.
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