
Un gato criollo compite por el Andersen
Ema Wolf: "Historias a Fernández" la obra infantil de la escritora argentina concursará por el prestigioso lauro mundial.
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Fernández como los pájaros puede descansar sobre un alambre. Frecuenta los bordes las ramas de los árboles los sitios en donde un derrumbe siempre es posible.
Esta nota no trata la vida de un equilibrista. Fernández es un gato. Lo inventó Ema Wolf una escritora de relatos "infantiles".
Ella es quien le posibilitó ser conocido: 4000 ejemplares de la editorial Sudamericana y la nominación para la Lista de Honor del IBBY 1996 lo atestiguan.
Sin embargo el felino sigue con sus costumbres. Ni siquiera la fama pudo cambiarlo.
Las 51 páginas de "Historias a Fernández" cuentan una de sus caídas el corte en su mollera los desvelos de su ama por mantenerlo despierto mediante tres cuentos para que no prospere la conmoción cerebral (sería terrible que la mascota quedase dormida).
El IBBY (Organización Internacional para el Libro Juvenil) como todos los años se encargó de seleccionar los libros de narrativa infantil que consideró mejores. De allí surgió una lista de honor de la que participa "Historias a Fernández".
Esta misma enumeración de obras a su vez pasará a concursar en el premio Hans Christian Andersen posiblemente el galardón más importante en el género.
Los resultados serán conocidos en agosto de este año.
En oportunidades anteriores el premio fue entregado a autores de la talla de Astrid Lindgren Erich Kastner y Patricia Wrightson.
Ahora una autora argentina tal vez pueda engrosar la lista.
Gato por perro
"No elegí un perro para mi relato porque veo en los gatos algo así como cajas donde una puede meter distintas formas de ser -comentó Ema Wolf con un cigarrillo de aquí para allá-. Estos bichos ya sean atorrantes o refinados siempre son verosímiles."
La escritora nació en Carapachay provincia de Buenos Aires en mayo de 1948. Es licenciada en Letras y periodista. Tiene dos hijos "ya grandes" dice y varios felinos. Está casada con Carlos Trillo.
No requiere de gestos solemnes para hablar. El jean la camisa blanca y el tabaco son un poco parte de su persona.
Tampoco le interesa el típico cuento infantil con moraleja. Rechaza esta fórmula porque no quiere asumir una postura paternalista. Ella tiene confianza en los chicos y en la literatura a secas de un Salgari.
Ni siquiera pretende ser encasillada en un género. Sabe que su escritura se construye a partir de "historias sencillas" pero no encuentra en ello más limitaciones que la psicología del lector sus miedos.
Llegó a la escritura por casualidad: "Hace 17 años una amiga ilustradora me pidió que escribiera algo para los chicos -recordó-. Desde entonces comencé con este trabajo. Mis primeros cuentos salieron en la revista Anteojito. Por aquel entonces todavía me ganaba el pan como redactora. Recién ahora puedo decir que sumando los derechos de autor redondeo un sueldo mensual".
Le cuesta precisar la cantidad de premios ganados. Confiesa tener una lista en su casa donde aparecen todos los datos en detalle. Pero su casa queda lejos de este diálogo.
Entre sus libros pueden destacarse: "Los imposibles" (ganador del premio Banco del Libro de Venezuela) "Maruja" y "La gran inmigración". "Historias a Fernández" fue finalista del premio Casa de las Américas de Cuba.
La hipocresía de unos cuantos
Al cabo de tres cigarrillos y con otro en la diestra la autora no dudó en mostrar su enojo ante el discurso reiterado de quienes aseguran que hoy se lee menos.
"Hay un discurso hipócrita -sentenció-. Se dice que los chicos no leen porque no quieren hacerlo. Y esto no es así; lo que realmente pasa es que no hay dinero para libros sobre todo en las escuelas. Además no todo el mundo debe estar obligado a leer ficción. Sostener esta idea también es paternalista."
Siguiendo con esta línea defendió la televisión: "Creo que los medios audiovisuales aceleraron el relato con la cantidad de información que brindan y los lectores piden eso a los escritores que seamos más rápidos así de simple como en un dibujo animado. De manera que el desafío está en nosotros en lograr nuevos ganchos con ellos".
Con estas palabras cerró la conversación. Había transcurrido cerca de una hora y Ema Wolf posiblemente querría estar de nuevo en su casa a la pesca de otra historia. Motivos no le faltaban. Quizá Fernández estaría por dormirse.


