
Un infinito campo de batalla
LA ETERNIDAD POR LOS ASTROS Por Louis Auguste Blanqui-(Colihue)-208 páginas-($ 11,90)
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Louis Auguste Blanqui (1805-1881) participó activamente en las sociedades secretas, los clubes de conspiración y las insurrecciones populares del agitado siglo XIX francés. Revolucionario de barricadas, pasó treinta y siete años de su vida enclaustrado en diversas prisiones, por lo cual se lo conoce en la leyenda del siglo como "el Encerrado" (l´Enfermé). En 1871, en el inicio de su último período de encierro --que duraría ocho años--, escribió La eternidad por los astros, suerte de tratado de astronomía-ficción, escrito en un calabozo de la Fortaleza de Taureau, en el que el jefe revolucionario critica la teoría de la mecánica celeste de Laplace y se adelanta a la formulación del eterno retorno nietzscheano.
Blanqui arguye que, aunque "no se manosea el infinito con la palabra", aunque sea inconcebible e indefinible, se pueden determinar los cien cuerpos simples de los que parte la naturaleza para poblarlo. Para "hacer frente a las necesidades del infinito" con sólo una centena de elementos, la naturaleza no puede crear más que un número limitado de combinaciones o "tipos originales", y el recurso a la repetición se le hace entonces indispensable, siendo las repeticiones resultantes, las "copias", los astros "sosias" (y los seres que los habitan) infinitos en el tiempo --eternos-- y en el espacio.
Si cada tierra y cada ser humano son eternos en cada segundo de su existencia, concluye Blanqui: "Lo que yo escribo en este momento en un calabozo de la Fortaleza de Taureau, lo escribo y lo escribiré durante la eternidad, sobre una mesa, con una pluma, bajo estas vestimentas, en circunstancias totalmente semejantes. Y así para cada uno de nosotros". Dado que las repeticiones son a la vez infinitas en el espacio, hay también innumerables tierras sosias contemporáneas habitadas por "sosias" o "álter ego" de cada uno de nosotros, que no son fantasmas sino "actualidad eternizada". En este universo de repeticiones monótonas nos resta sin embargo --señala-- la esperanza de las "bifurcaciones": en el mismo instante en que un hombre, en una tierra, se encuentra en una encrucijada y opta por una alternativa, uno de sus álter ego opta, en otra tierra, por la alternativa desdeñada, movimiento de bifurcación que se reproduce en --y hasta-- el infinito que puede albergar todas las posibilidades.
En este punto, la hipótesis de Blanqui recuerda el laberinto infinito concebido por Ts´ui Pên en "El jardín de los senderos que se bifurcan", de Borges, quien en La historia de la eternidad, por su parte, considera la doctrina del "Eterno Regreso" del "comunista Blanqui" como "la mejor razonada y la más compleja". En cuanto a la eternidad --el infinito en el tiempo--, la hipótesis se adelanta a la noción de eterno retorno de Nietzsche. Es así como Nietzsche, sin saberlo, engendra a su peculiar precursor: un revolucionario activo que, desde su reclusión, osó pensar lo impensable, el infinito y la eternidad, con imágenes vivaces y con un lenguaje prístino y conmovedor.
Desde su condición de revolucionario, Blanqui considera que los astros extinguidos reviven gracias a la fuerza de atracción que los lleva a acercarse, a generar calor y a entrechocarse en "conflagraciones resurreccionistas" que se llevan a cabo "sobre un campo de batalla de millones de billones de leguas de extensión". Desde su condición de "Encerrado", se identifica con los despreciados cometas (a los que denomina "pelucas vagabundas", "nihilistas de largas cabelleras", "astros locuelos", entre otras expresiones). Y así como defiende a los cometas se apiada de las "pobres" estrellas, "creadoras y sirvientas de la potencia productiva de los planetas" que "tienen brillo sin gozo".
Accedemos a la fulguración de las imágenes de Blanqui gracias a la espléndida versión de Margarita Martínez. Completa el volumen un jugoso apéndice en el que Christian Ferrer rastrea con minucia la presencia de Blanqui en la obra de Borges y en la de Benjamin, de quien traduce los apuntes para el proyecto de "Los pasajes de París" (obra inconclusa) dedicados al Encerrado y la Introducción y la Conclusión de París, capital del siglo XIX.
Este libro de la colección "Puñaladas" --dirigida por Horacio González-- es una pieza rara. Los amantes de las curiosidades de la historia y de la complejidad de sus protagonistas; los amantes del pensamiento, de la literatura, y de ese campo en que la historia, el pensamiento y la literatura se entrechocan, como los astros de Blanqui, para generar calor y renovar una lectura abierta al despliegue intertextual, encontrarán este libro fascinante. Y tal vez sientan, sumergidos en la lectura, que han leído y leerán eternamente la misma página en el preciso instante en que, en otra tierra, uno de sus álter ego la da vuelta.
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