
Un triángulo en expansión
Tras una década prodigiosa para las artes visuales, los madrileños asisten a la ampliación del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía y del Thyssen Bornemisza
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MADRID.- Cuesta hacer coincidir la imagen de esta Madrid de 2002, que se prepara para celebrar la Navidad con traje de luces, con aquella de fines de los años ochenta, acosada por una altísima tasa de desempleo y en busca de su destino en la Europa comunitaria.
El mal trago pasó. La bonanza económica y la alternancia política, en paz y sin traumas, se notan en la transformación de esta capital con memoria provinciana convertida en un centro de arte internacional.
Robert y Sonia Delaunay, Jean Nouvel, Malevich, Torres García, el universo de Gaudí, los bodegones holandeses y el exquisito refinamiento de la corte de Felipe V animan la temporada de exposiciones, visitadas por miles de turistas, pero también por los españoles del interior que desembarcan en Serrano o en la Puerta de Sol con ánimo comprador.
En este panorama de envidiable optimismo, la única nube que empaña el ánimo hispano es la maldita mancha de petróleo derramada por el Prestige, que ha ennegrecido la costa gallega y amenaza al mayor reservorio de marisco del mundo.
Los madrileños viven la vigilia de un año electoral. Se preparan para elegir nuevo alcalde mientras asisten a una asombrosa expansión del circuito museístico, conocido como el "triángulo de las artes". La apuesta más fuerte es, sin duda, la del Reina Sofía, que comenzó a gestarse cuando era director José Guirao y quedará inaugurada en 2004.
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El Reina -como llaman los madrileños a la institución vecina de Atocha- fue creado por decreto real, en 1988, con sede en el antiguo Hospital General de Madrid, un edificio del siglo XVIII adaptado a las necesidades del arte contemporáneo.
Desde 1992 exhibe su colección propia y la estrella de la casa: el Guernica de Picasso. Picasso dejó el cuadro al Museo del Prado para que fuera exhibido en el Casón del Buen Retiro, anexo correspondiente a la pintura del siglo XIX. Allí estuvo por años, hasta que la lógica y el marketing lo mudaron al Reina Sofía. La lógica: Guernica es una pintura clave del siglo XX, estéticamente vinculada con las vanguardias y comprometida con un tiempo traumático para los españoles.
El marketing: un museo nuevo como el Reina necesitaba un ancla poderosa, una imagen que asociada a la identidad de la joven institución acortara la distancia con los museos ya consolidados, y ese cuadro de Picasso ha sido y es la obra más visitada de España.
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Juan Manuel Bonet, actual director del Reina Sofía, ha viajado a Río de Janeiro para cerrar el acuerdo de una muestra del gran paisajista Burle Marx prevista para octubre próximo.
Pero la gran noticia para los argentinos es la confirmación de la retrospectiva de Guillermo Kuitca, que será inaugurada en febrero, coincidiendo con una nueva edición de Arco, la feria de arte contemporáneo de Madrid. La exposición del artista argentino más conocido en el mundo incluirá 60 pinturas y 100 dibujos, seleccionados entre colecciones públicas y privadas por el curador carioca Paulo Herkenhoff, organizador de la XXIV Bienal de San Pablo. La muestra, de carácter itinerante, viajará del Reina Sofía al Malba de Buenos Aires para hacer realidad el sueño incumplido del maestro Kuitca: ver sus cuadros colgados en un museo de su propio país, donde hace más de diez años que no expone.
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Una enorme expectativa ha despertado en el mundo del arte la ampliación del Thyssen, museo que nació bajo la buena estrella de la celebración del Quinto Centenario, fecha simbólica y punto de partida. Luego del acuerdo firmado entre el baron Heinrich Thyssen Bornemisza y el duque de Badajoz, hombre de confianza de Juan Carlos I, fue mudada la colección de Villa Favorita, en Lugano, al Palacio de Villahermosa, en Madrid.
Un palacio del siglo XVII proyectado por Piero Della Mirandola reciclado por el arquitecto Rafael Moneo (Premio Pritzker) con un criterio de extrema sencillez, privilegiando los espacios interiores, la luz, y la generosidad del hall de entrada de triple altura y paredes color damasco.
Ese pase estratégico del Ticino a la tierra castellana no hubiera sido posible sin la influencia de Carmen Cervera, ex Miss España, baronesa Thyssen y verdadera responsable del sí del Barón.
La colección incluye obras de Carpaccio, Durero, Cranach, Caravaggio, Rubens, Van Gogh, Frans Halz, Mondrian, Hopper, Rauschenberg y una joyita del arte contemporáneo: el retrato del barón Thyssen firmado por Lucien Freud, nieto del fundador del psicoanálisis y autor del último retrato de Isabel II. Lucien Freud nació en Viena, pero vive y pinta en Londres.
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Tomás Llorens, un imaginativo y cultísimo historiador de arte, dirige el Thyssen desde su creación. Llorens hizo sus primeras armas en el IVAM (Instituto Valenciano de Arte Moderno), espacio legitimador del arte actual y punta de lanza del proceso de descentralización de la oferta cultural, que abrió el juego a las autonomías regionales, cuando era ministra de Cultura la abogada Carmen Alborch, muy amiga de Felipe González.
El Thyssen futuro tendrá 16 nuevas salas para la colección permanente, una sala de 700 metros para muestras temporarias; más cafetería, librería y un taller de restauración dotado de las nuevas tecnologías.
Mientras tanto, Tomás Llorens se las ingenia para armar buenas muestras en las salas del subsuelo. En estos días, el encuentro, casi mágico, es con las obras de Robert y Sonia Delaunay -la mayor que se haya visto en Madrid-, una pareja llena de encanto que resultó decisiva en la formulación del arte moderno.
Robert influyó en la afirmación de la abstracción, además de ser un colorista pleno de recursos, capaz de dotar de sensualidad a un arabesco de formas miméticas. La obra de Sonia alcanzó mayor popularidad al vincularse estrechamente con el arte textil.
La exposición cuenta con el patrocinio de la Fundación Caja Madrid, dato que ilustra acerca de la participación de la empresa privada en proyectos culturales para todo público.
Sin esta política mixta (aunque los españoles reclamen mayores ventajas impositivas para el mecenazgo) hubieran sido imposibles de concretar proyectos como el Guggenheim de Bilbao, impulsado, entre otros, por los bancos vascos (BBV, Santander), que en pocos años demostró haber sido la mejor inversión posible para una ciudad perdida en el mapa, que es hoy una de las más visitadas de Europa.
Robert y Sonia Delauney se conocieron en 1907 y vivieron muchos años en España. Un voluntario exilio, determinante, entre otras cosas, de esa festiva y luminosa paleta tan afín a la obra de ambos.
Crecer bajo el a la del Reina
Las necesidades de almacenaje, restauración y el calendario de muestras temporarias obligaron a pensar en una ampliación ambiciosa, que luego del concurso de ideas, en 1999 fue adjudicada al arquitecto francés Jean Nouvel, conocido internacionalmente por su proyecto para el Instituto del Mundo Arabe, en París.
La ampliación se proyecta en dirección a la estación de trenes de Atocha y crece en el espacio conquistado de antiguas construcciones demolidas. En la maqueta el enorme techo en voladizo cobija una plaza pública, un auditorio, restaurante, salas temporarias, oficinas, talleres de restauración. Sumados, serán más de 25.000 metros cuadrados, casi un 55 % de la superficie actual. Además de la ampliación del Reina Sofía, Nouvel proyectó también un museo en Burgos y un centro cultural en Santiago de Compostela.


