
Una enfermedad bajo la lupa
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Los últimos días de Eva. Historia de un engaño
Por Nelson Castro
Vergara
$36
Publicar algo sobre Evita cuenta con la ventaja de que hay una gran cantidad de admiradores dispuestos a comprar el libro. Pero meterse con ella para averiguar qué ocurrió con su enfermedad es más espinoso. Fue lo que emprendió el periodista Nelson Castro en su apasionante investigación Los últimos días de Eva. Historia de un engaño . La historia empezó en enero de 1950, cuando Oscar Ivanissevich intervino a Evita por una presunta inflamación de apéndice y sospechó que un cáncer de cuello uterino amenazaba su vida. De inmediato, le sugirió que se realizara unos análisis y le deslizó que tal vez hubiera que hacer una operación de matriz. Ella se negó: "A mí usted no me toca -le contestó enojada-, porque yo no tengo nada. Lo que pasa es que me quieren eliminar para que no me meta en política. ¡Y no lo van a conseguir!" Muy preocupado, el cirujano -entonces ministro- le planteó el caso a Perón, pero este prefirió no obligar a su esposa a una segunda operación.
Uno de los médicos llamados por Perón fue el conocido ginecólogo Jorge Albertelli, quien recordó que Ivanissevich le había sugerido a Evita una revisación ginecológica. "Pero ella rechazó la idea de manera violenta -afirma Albertelli-, con un carterazo al doctor Ivanissevich." Explica Castro algo que se conoce ahora y que es muy importante. Se trata del virus del papiloma humano, del que son portadores algunos hombres. Esta es la causa más frecuente del carcinoma de cuello uterino, pues se transmite a través del contacto sexual. Perón no lo dijo, aunque debe de haber recordado que Aurelia Tizón, su primera esposa, había muerto joven por un cáncer similar. Pero, como entonces no se conocía ese riesgo, nadie le había aconsejado examinarse.
Un gran secreto giraba en torno de la enfermedad de Evita. Dos ministros se disputaban su favoritismo: Raúl Mendé y Armando Méndez San Martín. El primero proponía que la operara Albertelli, "un cirujano ginecólogo de prestigio -sostiene Castro- que estaba en perfectas condiciones técnicas de realizar la operación de Wertheim-Meiggs que se le practicó a la enferma". El segundo prefería consultar a Canónico, para que este eligiera un médico de renombre internacional. En medio de esa mezquindad y de los enredos palaciegos, se optó finalmente por llamar al norteamericano George Pack, un famoso cirujano oncológico. El libro ofrece un intercambio de conversaciones y pujas entre los ministros médicos; revela lo que Pack le contó al embajador de su país y los mensajes a la CIA. También abunda en intrigas surgidas por las mentiras de los cirujanos, como le ocurrió al prestigioso Ricardo Finochietto, quien quería hacer la intervención y no pudo. Finochietto se convirtió en una pieza clave del engaño a Evita, pues "su condición de cirujano general -observa Castro- permitía desplazar el foco de atención de la paciente del tema estrictamente ginecológico". Intervinieron en esa trama, además, los médicos Joaquín Carrascosa, Humberto Dionisi, Jorge Taiana y Alberto Taquini. Castro ha hecho una síntesis de esos intrincados elementos y logra, con muy buena pluma, capturar al lector. Hasta en el final, cuando la Revolución Libertadora cesantea de sus cargos públicos a todos los médicos -menos a Taquini- que atendieron a Eva.




