
Una tarde con Mallarmé y Gauguin
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HACE un tiempo se organizó en la casa de campo de Mallarmé (hoy convertida en museo), en los alrededores de París, la exposición "Una tarde con Mallarmé y Gauguin". El motivo central de la muestra, en la que también se exhibían manuscritos y ediciones originales del poeta, era una talla de madera que Gauguin esculpió y regaló al escritor. El museo había comprado la obra en cuatro millones de francos y la exposición tenía como finalidad celebrar esa adquisición.
Aunque es sabido que Mallarmé mantuvo una estrecha relación con los pintores más importantes de su época, puede sorprender enterarse de que entre ellos se contaba Paul Gauguin, dado lo disímiles que fueron las personalidades del escritor y del artista. No obstante, si bien no fueron amigos íntimos, Gauguin y Mallarmé se tuvieron una gran estima recíproca. Se admiraban y eran mutuamente conscientes de la transformación que, respectivamente, introducían en la literatura y en el arte.
De joven, Gauguin había leído con entusiasmo el poema de Mallarmé, "Brisa marina". Esos versos seguramente influyeron en él y fueron la semilla que lo impulsó más tarde a viajar a Tahití. Cuando el poeta Charles Morice los presentó, Gauguin, muy impresionado, realizó un aguafuerte (su única obra grabada) que representa a Mallarmé con una oreja de fauno y con un cuervo sobre la cabeza. El cuervo aludía a la traducción que Mallarmé había hecho del poema "The Raven", de Poe. De allí en adelante, el pintor comenzó a asistir a los célebres mardis , las reuniones literarias que se realizaban los martes en el famoso salón literario de Mallarmé.
El artista se sentía obsesionado por el deseo de viajar a Tahití, pero no disponía de medios para solventar los gastos del viaje. Organizó entonces una exposición con la esperanza de vender varias telas. Con el producto de esas ventas pensaba lanzarse a la aventura. Muy gentilmente, Mallarmé le pidió al gran crítico Octave Mirbeau que escribiera el prólogo del catálogo. Esas líneas fueron decisivas para la suerte de la muestra. Gauguin tuvo éxito comercial y reunió suficiente dinero como para emprender el viaje tan deseado. El pintor le quedó agradecido de por vida a Mallarmé por el artículo de Mirbeau.
De regreso del primer viaje a Tahití, en 1893, Gauguin le regaló a Mallarmé una talla de madera que el escritor colocó en el aparador del comedor, al lado de un yeso de Rodin y rodeado de cuadros de Manet, Monet, Morisot, Redon y otros. La talla, que conmemora la amistad de Gauguin y Mallarmé, es La siesta de un fauno . Esa obra salvaje, color ámbar como el cuerpo de los polinesios, representa el poema de Mallarmé que la inspiró. El arte erudito del poema mallarmeano encuentra un eco insólito en el misterio de las formas primitivas talladas por Gauguin. Los dos creadores, tan distintos, se asemejaban en el deseo de sugerir, más que decir, y en la búsqueda de lo esencial tanto en la literatura como en el arte.




