Magnus Carlsen es insaciable: el número 1 del mundo ganó también en el ajedrez 960 o Fischer Random
El noruego se adjudicó un torneo que se desarrolla con un sistema creado por el genial estadounidense, una variante que viene ganando adeptos
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El ajedrez 960 o Fischer Random es una modalidad de ajedrez que viene ganando adeptos en todo el mundo. Se trata de sortear la ubicación de la posición inicial de las piezas, para así hacer más variado y entretenido el juego. El número 960 refiere a la totalidad de posiciones iniciales posibles (que incluyen la reglamentaria). La mención a Bobby Fischer se debe a que el estadounidense fue el creador de esta modalidad.
Se entiende fácilmente que si la sola posición inicial del ajedrez clásico da lugar a una vastísima cantidad de estudios de aperturas, esto, multiplicado por 960, abre una enorme cantidad de nuevas perspectivas en el juego. Entonces, a tono con el creciente interés que provoca esta modalidad, empresarios alemanes organizaron un torneo en el exclusivo complejo Weissenhaus, de la costa alemana del Báltico, que incluyó al noruego Magnus Carlsen; al campeón mundial de ajedrez clásico, el chino Ding Liren; al número 2 del ranking, el estadounidense Fabiano Caruana; al ya veterano armenio Levon Aronian, y a los fortísimos menores de 20 años Alireza Firouzja, de Irán; Vincent Keymer, de Alemania; Nodirbek Abdusatorov, de Uzbekistán, y Gukesh D, de India. El triunfo correspondió al insaciable Carlsen.
No conforme con ser el número 1 del mundo y con ganar todos los torneos importantes de ajedrez clásico, rápido y blitz, Carlsen suma al ámbito de su dominio al ajedrez 960. Esta vez superó a Caruana en la partida final, que definía al campeón. Por su parte, Ding Liren vivió una nueva frustración al verse desbordado por la mayoría de sus rivales.
La estrategia, o mejor dicho, el enfoque del Fischer Random es distinto del convencional. Mientras que en el tradicional los maestros realizan sus primeras jugadas rápidamente y empiezan a pensar recién llegado el medio juego, producto de un conocimiento memorizado, en el Random es necesario pensar, y mucho, desde la primera jugada. Al no existir, todavía, estudios de teoría de aperturas, es necesario concentrarse y entender la posición inicial, antes de hacer la jugada de comienzo. Luego, de a poco, y teniendo en cuenta que los principales preceptos del ajedrez clásico son los mismos que en el Random, ambos jugadores se preocupan por llevar las piezas a posiciones similares a las comunes, de modo que se les facilite la conducción estratégica.
Pero si bien el ajedrez 960 tiene ese factor de interés citado, también encuentra un serio obstáculo para hacerse popular. Todos los jugadores, aficionados y maestros, han aprendido el juego a partir de su posición inicial histórica; se han familiarizado con sus aperturas, sean sicilianas, indias o gambitos de dama, y se acostumbraron a pensar en el ajedrez como lo fue siempre. Y cambiar eso de repente, en beneficio de una nueva fórmula, no es algo que se asiente fácilmente en el ánimo. Todo ese bagaje de aprendizaje que el ajedrecista lleva en su mochila mental es un saber que no merece desperdicio.
Así que en eso está el ajedrez de Fischer, haciéndose popular de a poco. Torneos de campeones como éste coadyuvan para que lo logre.
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