La cuestión del tiempo manejado

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15 de mayo de 2003  

No siempre el tiempo se maneja en forma adecuada. Muchas veces se lo pierde. No se lo aprovecha como corresponde. Ahí tiene el caso de la 2003-GA de Ferrari, que comenzó a ser construida allá por junio del año último, para empezar a correr este año cuando ya se habían disputado cuatro GP. ¿Hubo problemas para hacer el nuevo auto? ¿Qué cosa atrasó tanto una máquina de Módena como no se recuerda otra en las últimas dos décadas con idéntico demorado alumbramiento?

Otro ejemplo. Renault acaba de confirmar que este fin de semana mostrará en Austria la evolución del motor de su RS23, aparentemente potenciada en unos 20 caballos. ¿Se aceleró su construcción, visto el suceso en el que Fernando Alonso tiene mucha participación? ¿Cuál puede ser la franja de recuperación que tendrá el nuevo impulsor con referencia al precedente? Y en punto a confiabilidad, ¿habrá sido todo probado exhaustivamente? Porque hasta aquí, el motor conocido permitió al equipo ser el de más alto porcentaje de eficiencia, corridos cinco GP, lo que es mucho.

Y más: ahora es McLaren el que avisa que el MP4-18 estará en pista en Canadá, casi a punto de alcanzarse la bisagra del campeonato, cosa que acontecerá el 29 de junio en Nürburgring, con el GP de Europa.

¿No se le hizo tarde a Ron Dennis? Porque en favor de sorprendentes resultados del modificado trámite de las carreras de este año, el carrereado McLaren (aunque nunca los coches de los principales equipos son viejos) había sacado un par de buenos dividendos, que nunca podían justificar cierto aire de perdonavidas, con el que Dennis vivía sosegadamente, mientras no aparecía la nueva rossa y en tanto el Renault no crecía tanto como se podía esperar.

¿No se durmió la gente de McLaren? Un coche nuevo para nueve competencias parece ser un costo muy elevado en los tiempos que corren. Un coche nuevo para dar las últimas nueve batallas del año induce a suponer que aquí también alguna cosa se cayó del estante y trastornó el trabajo. ¿O no?

Estas son –pueden serlo– tres pistas para observar más atentamente el GP de Austria en el horizonte de la bucólica Spielberg. Y comprender que el tiempo es inmanejable. El tiempo no es un automóvil. Aparentemente, el tiempo se gobierna a sí mismo. Y eso no es malo.

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