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El mexicano Mauricio Sulaimán tiene 56 años. Es presidente del Consejo Mundial de Boxeo (CMB) desde 2014 y su carta de presentación es categórica: “Soy el hijo de José Sulaimán”. Siempre destaca su gran herencia en esta industria aludiendo a su padre, uno de los dirigentes más brillantes de todos los tiempos y fallecido ese año.
Volvió a Buenos Aires tras 8 años de ausencia. Combinó vacaciones con actividades pugilísticas y se plantó muy firme en sus ideales en un período muy difícil y caliente para todas las organizaciones del boxeo. Hizo base en la icónica “Casa del boxeador”, de Bartolomé Mitre 2020, en pleno barrio de Congreso, y habló extensamente con LA NACION sobre la política de este deporte y las internas.

–¿Dónde está ubicado en Consejo Mundial de Boxeo (CMB) en estos momentos de tanta lucha política y ambiciones entre gente poderosa y acaudalada que quiere tomar el control del boxeo mundial?
–Estamos más fuertes y unidos que nunca. No hay ningún país, ningún dirigente, ningún organismo, ningún campeón que sea más importante que el boxeo. Es decir, el boxeador en sí mismo. El boxeo no existe sin Manny Pacquiao, sin “Canelo” Álvarez, sin Usyk, sin Monzón sin Rodrigo Valdez, sin Fury. Es un deporte mundial. No hay ninguna organización que pueda gobernar al boxeo y muchos menos cuando sus pretensiones son solamente económicas. Buscan hacer un emporio multimillonario en dólares a su favor por un puñado de boxeadores que ganarían muy poco dinero (NdR: en referencia al objetivo de Zuffa Boxing a través de sus contactos con el gobierno de Estados Undios). La realidad es otra, ya empezó el cambio. Ryan García expondrá el titulo welter (CMB) ante el inglés Connor Ben, en septiembre, bajo esas promociones y así será. Estamos abiertos a todos. Le dimos y le damos la bienvenida a Zuffa como promotora y a quienes quieran ingresar a este ambiente. Eso sí, con los valores y la honestidad que los boxeadores nos enseñan para seguir adelante.
–Zuffa Boxing está muy cerca de Trump para presionar y quedarse con el manejo del boxeo. Usted también, alguna vez, estuvo muy cerca de Trump. ¿Cómo maneja estos vaivenes de ida y vuelta, con la frialdad de un jugador de póker?
-Uno sólo puede hacer lo que a uno le corresponda. Si tú te preocupas en vez de ocuparte, estas situaciones que son amenazas pueden ir creciendo y así te puedan dominar. No tengo la mínima preocupación. El CMB es el organismo de Muhammad Alí, de Carlos Monzón, de Rodrigo Valdés, de Roberto Durán, de Sugar Ray Leonard, de Julio Cesar Chávez, de Tommy Hearns, de Floyd Mayweather, de Manny Pacquiao, de “Canelo”. Es el deporte mundialista. No tengo preocupación, todo estará bien y es cuestión de colaborar y abrir las puertas. En estos momentos estamos poniendo “la otra mejilla” porque el inicio de todo esto fue un golpe vil, con amenazas, con una arrogancia absoluta y total. Ya pasamos ese trance y ahora cuanto más boxeo haya será mejor para todos.

-¿Le dolió que un campeón como Crawford cuestionara al CMB y que otro como Usyk dejara vacante su corona después de que usted tomará una posición política a favor de Ucrania excluyendo a Rusia de sus competencias?
–Duele, sería una mentira si dijera que no. Yo sé lo que significa para un boxeador llegar a ser campeón mundial. Son años de sacrificio, de entrega, de levantarse temprano, de soñar, de tener hambre y de un día a otro dejar el cinturón. Pero más duele la manera en que lo hizo. Me llamaron y me avisaron: fui a las redes sociales y vi una indiferente acción de Usyk diciendo que dejaba sus cinturones. Tuve una relación muy buena con él. Siempre. Fue una decisión material, por una conveniencia de finanzas, que espero no gaste y disfrute por el resto de su vida.

Crawford fue un caso diferente. Él pelea por el título indiscutido, los cuatros cinturones de las entidades principales en juego, una concurrencia única, ganó 50 millones de dólares ante “Canelo” y obtuvo el respeto del mundo al vencerlo y se rehusó a pagar las cuotas de sanción por campeonato que él sabía cómo eran. El sabía todo, no se trata de porcentajes o cantidades. Se trata de principios y valores. Si tu quieres un objeto y te gusta…lo pagas. Es como si vas a un restaurant y pides una langosta y luego de comerla no quieres pagar por su valor y quieres abonar como si fuesen mariscos comunes. Fue una actitud lastimosa y todo esto ya pasó. Ya tenemos campeón, es Christian Mbilli y tendrá una gran pelea frente a “Canelo” próximamente. Dentro de algún tiempo, días o años, Usyk y Crawford estarán junto al CMB porque esa es su familia.
–El jeque árabe Turki Alalshik admitió su deterioro neurológico que, quizá, lo afecte en un par de años. ¿Es negativo o positivo para el boxeo, más allá de las fortunas que paga a los atletas?
–Depende del ángulo en el que se lo quiera analizar. Es positivo porque su riqueza permitió organizar peleas que los promotores clásicos no podían hacer y los sentó a la mesa a todos a negociar. Organizó el Grand Prix en Arabia Saudita, que fue una de las grandes experiencias de mi vida. Don King y Bob Arum tienen 95 años, la historia habla por ellos. Turki, en cambio, está construyendo un legado y aferrado a una esperanza médica y la evolución científica para superar sus males. Es una buena persona que, a su estilo y a su manera, ha entrado en el boxeo.

–Los rusos vuelven al olimpismo y los criterios de su polémico dirigente Umar Kremlev hicieron mella en el COI, que ahora pagará 10.000 dólares a la medalla dorada pugilística. Usted los apartó del CMB por la guerra con Ucrania. ¿Cómo sigue esta historia?
–El CMB tiene principios y valores. Nuestra relación con Nelson Mandela duró 17 años. Un veto total y absoluto a Sudáfrica por discriminación en esa época. Buscamos durante 25 años el “Gran Perdón” para Jack Johnson y lo conseguimos. Mientras Ucrania no pueda recuperar su vida normal y no cese la guerra, tanto Rusia como Bielorrusia siguen vedados de la fiscalización pugilística del CMB.
–El boxeo estuvo a punto de quedar marginado de Los Ángeles 2028. Ahora, Golovkin es el presidente de World Boxing (WB), entidad rectora del pugilismo olímpico. ¿Cómo lo ve en su nuevo rol?
–No sé. Aún lo desconozco, pero es una esperanza. Compitió muchos años en ese sistema y conoce el tema. Espero que tenga la capacidad administrativa y reúna un grupo de trabajo que lo pueda ayudar a tomar las decisiones adecuadas.

–Argentina tiene dos pugilistas con edad de “esperanzas” que marcan la diferencia: Alan Chaves y Kevin Ramírez, clasificados mundiales. ¿Cómo los ve?
–¡Creo que Argentina no sólo tiene dos…! ¡Tiene muchísimos boxeadores listos para llegar! Argentina merece más medallas olímpicas y más campeones del mundo. Hay un jovencito, Ismael Flores, que llegó sobre la hora a Las Vegas y dio una pelea fabulosa en mayo último. Cuando uno ve el boxeo argentino encuentra calidad. Kevin Ramírez es un ejemplo. Tuvo su oportunidad y dio una gran ventaja en kilos para ganar el Grand Prix en Riad. Argentina es una pieza de oro molido en boxeo. Tienen que juntarlo y adminístralo bien para darse cuenta lo que valen.




