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El encuentro se disputó el 27 de septiembre de 2026 a las 17.30 en el Audi Field, con el arbitraje de Rosendo Mendoza. Fue una jornada destacada para el equipo paraguayo, que logró dominar las acciones de principio a fin frente a un seleccionado boliviano que no pudo encontrar respuestas defensivas ante la efectividad ofensiva de su rival.
Ambos equipos presentaron estructuras tácticas diferenciadas: mientras que Bolivia saltó al campo con un 3-5-2, Paraguay apostó por un 4-4-2. En cuanto a las conquistas, a los 17 minutos, Miguel Almirón marcó el primer gol tras asistencia de Robert Morales. Posteriormente, a los 48 minutos, Miguel Almirón volvió a hacerse presente en el marcador tras una asistencia de Julio Enciso para sentenciar el 2-0 definitivo.
El juego también tuvo su dosis de pierna fuerte, lo que obligó a los entrenadores a mover el banco de suplentes. A los 45 minutos, el técnico de Bolivia buscó frescura con los ingresos de Ramiro Vaca y Jesús Maraude en lugar de Carlos Melgar y Fernando Nava. Por el lado de Paraguay, a los 61 minutos ingresaron Álex Arce, Ramón Sosa y Matías Galarza para controlar el ritmo del encuentro en la segunda mitad.
El partido estuvo marcado por una alta intensidad que se vio reflejada en la cantidad de tarjetas amarillas mostradas por el árbitro Rosendo Mendoza. En el equipo local, Héctor Cuéllar y Gabriel Villamíl fueron amonestados por infracciones, mientras que en Paraguay, los jugadores Mauricio Magalhães Prado, Robert Morales y Omar Alderete vieron la tarjeta amarilla debido a la rigurosidad en la marca.
La victoria de Paraguay por 2-0 sobre Bolivia resultó justa por la contundencia demostrada en los metros finales. A pesar de los múltiples cambios realizados por el cuerpo técnico boliviano hacia el final del partido —incluyendo el ingreso de jugadores como Marcelo Tórrez y Richet Gómez—, la solidez defensiva paraguaya se mantuvo inquebrantable hasta el pitazo final del juez.


