Copa Libertadores: la eficacia de Boca vs. el juego colectivo de River

Christian Leblebidjian
Benedetto, poder de fuego en Boca; Enzo Pérez y Nacho Fernández, volantes con elaboración en River.
Benedetto, poder de fuego en Boca; Enzo Pérez y Nacho Fernández, volantes con elaboración en River. Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
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7 de diciembre de 2018  • 23:59

"Si nosotros atacamos, sabemos que hacemos un gol". La frase de ayer de Guillermo Barros Schelotto refleja la mayor virtud de Boca. Tiene desde el desequilibrio ofensivo individual (y la cantidad de variantes) las mejores herramientas para ilusionarse con ganar la final en Madrid. El DT encima se dio el lujo de recuperar a Cristian Pavón, a quien analiza juntarlo con Darío Benedetto y Wanchope Ábila, la fórmula del doble 9 que le dio buenos resultados en la Bombonera. No confirmó la alineación, pero sí la intención. El Mellizo sabe, además, que Boca no necesita merecer un gol para convertirlo, tampoco generar cinco chances claras para vulnerar las redes rivales. Se apoya en eso. Y sigue teniendo como recambio a Tevez, Zárate, Cardona, Espinoza, Villa… Si Boca llegó a la final de la Copa Libertadores, en gran parte, por sus delanteros, también sigue con las chances intactas en la final por ellos. En la ida, el xeneize había sido muy superado desde lo táctico y el funcionamiento colectivo de River, pero tuvo tres chances y convirtió dos goles.

Marcelo Gallardo, en cambio, tiene a Lucas Pratto como el único atacante con experiencia; sufre por la lesión de Scocco y la suspensión de Santos Borré. Sabe que Mora no está en plenitud y no descarta sorprender con Julián Álvarez, una apuesta de 18 años. Pero tiene mediocampistas que arman buenas sociedades y atacan el área llegando desde atrás, como Enzo Pérez, Exequiel Palacios, Nacho Fernández y Pity Martínez; el colombiano Quintero también responde a esa característica, por lo que puede tener el millonario un mayor control de la pelota y así también buscar profundidad. En el fondo, el Muñeco sabe que River tiene más argumentos colectivos para imponerse. Y así también puede ser peligroso.

Lo anímico también jugará su partido (el desgaste mental y físico de las últimas semanas no será un detalle más), como la falta de rodaje ideal de los protagonistas (partidos suspendidos, reprogramaciones, viajes). Pero entre la eficacia de Boca y el mejor manejo de la pelota de River estará una de las claves tácticas del clásico en Madrid.

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