Corea ante España, a todo o nada

Se definen las otras dos plazas
Se definen las otras dos plazas
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22 de junio de 2002  

GWANJU, Corea del Sur (De nuestros enviados especiales).– Tuvo demasiadas sorpresas este Mundial como para no creer que todo es posible. En la madrugada, desde las 3.30, Corea, que por primera vez había alcanzado esta instancia en la Copa del Mundo, se jugaba sus chances ante su público frente a un rival que también quería vencer a la historia: España. Es que el equipo que dirige Antonio Camacho siempre llegó a los mundiales como uno de los favoritos, pero luego se quedó con las manos vacías.

España dividía sus sensaciones entre las esperanzas, el escepticismo que le impusieron tantos intentos fallidos, la expectativa por un equipo que trazó un recorrido intachable y la duda cruel sobre si llegaba o no Raúl, que no se entrenó durante la semana por la lesión que sufrió en el partido frente a Irlanda.

Corea era todo fervor, ansiedad y entusiasmo. A despecho de algunas ayuditas arbitrales, aportó lo suyo para llegar hasta donde llegó. Y es un bagaje nada despreciable: apetito ofensivo, interesante toque de la pelota y un estado físico impactante que les permite a sus jugadores correr en los últimos minutos casi como en los primeros. “Todos nuestros partidos son ante grandes potencias, pero si mantenemos lo elemental de nuestro juego tendremos posibilidades de ganar ante cualquiera”, dijo el entrenador del seleccionado de Corea, Guus Hiddink.

Hay un solo lugar para el éxito. España y Corea pugnaban por ese sitio de privilegio.

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