Cuando caiga el sol, será otra historia

Claudio Cerviño
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27 de diciembre de 2001  

Sostienen algunos que el hartazgo fastidia aún más que el calor que agobia a las dos de la tarde en cualquier estación de la línea B de subterráneos, lo cual ya es mucho decir. Hemos llegado al hartazgo progresivamente, aunque con efecto potenciado en el último mes al punto de, ni siquiera, poder descorchar un champagne o una sidra sin hablar de bancarización, corralito, pesificación, devaluación, cacerolazo, saqueos, corrupción, inacción, tercera moneda. O hasta mostrar perplejidad ante la cantidad de gente que, los últimos días, entra y sale de la Casa Rosada, transitando por la alfombra roja y sin poder sortear la tentación de detener la marcha y hablar por un micrófono que ya es protagonista de la cotidianidad televisiva.

Disculpe, no quiero hartarlo si es que, por un milagro de la naturaleza, ya no lo está. Y aunque hay que buscarlas con lupa, también suceden cosas lindas. Me imagino lo que habrá sido esta noche que pasó para los hinchas de Racing; me transporto a aquellas vigilias a un examen en el secundario, a una entrevista de trabajo, al sorteo de la colimba . Ansiedad, nervios, angustia, insomnio. Todos tenemos amigos y/o conocidos que simpatizan con la Academia. Es más, sabemos de muchos que, a pesar de ya exhibir las primeras canas o muestras de erosión capilar, nunca tuvieron ni vivieron la indescriptible sensación de sentirse campeón, al menos a nivel nacional. Alguna vez todos (o casi) supimos que es precisamente eso de gritar campeón. Racing y su gente lo palpitan como pocas veces. Lo sienten.

Ni siquiera tiene sentido entrar en el juego-debate de si debe ser el dueño del Apertura por aquello de la cuestionada calidad de su plantel y de las comparaciones con River, la amenaza. Siempre habrá equipos de un mismo club que son mejores que otros. Este Racing sin figuras, que pensaba más en salvar la zona de Promoción que en encontrarse en la antesala del máximo festejo, es el que más puntos cosechó hasta hoy. Y si de anécdotas se refiere, de ser el vencedor mayor curiosidad y rasgos irónicos arrojará la historia por concretar un sueño de 35 años luego de salvamentos varios, incluida la neutralización de una quiebra por 60 millones de dólares que lo pudo haber llevado a la desaparición.

Como Racing, otros clubes e hinchas vivieron una madrugada de pasiones similar. Por ejemplo, media Bahía Blanca, con Olimpo jugándose el ascenso; el sufrido Quilmes, que tantos golpes recibió en los últimos años con campañas que quedaron truncas en el tiro del final, y que vuelve a la carga, y hasta San Martín, de Mendoza. Sabiendo, todos, que es tangible esa preciada posibilidad de regodearse con los titulares de los matutinos de mañana con la palabra campeón sin que se trate de una broma del Día de los Inocentes.

Pasó esa noche interminable. Es de día. Cuando hoy vuelva a caer el sol, ya debería entrar en vigencia el carrusel de promesas por cumplir, sorteado el último paso, claro. Muchos dejarán de estar hartos. Ojalá les dure.

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