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El nuevo formato del Mundial, con 48 selecciones, abrió la ventana para que Uzbekistán rompiera el hechizo y se clasificara por primera vez a la Copa del Mundo. El pasaje fue el broche a un proceso que se inició en 2019, producto de una crisis interna en la Federación de Fútbol que provocó desde el cambio de denominación, porque pasó a ser una Asociación, a la renovación de dirigentes para darle forma a un proyecto a largo plazo. De la alianza entre políticos y militares, los últimos impusieron como presidente a Abdusalam Azizov, que fue ministro del Interior, de Defensa y que en ese momento estaba al mando del Servicio de Seguridad del Estado; actualmente, el coronel general Bakhodir Kurbanov es quien lleva las riendas del fútbol uzbeko.
Las directrices de la nueva gestión incluyeron un decreto para el fomento de un programa para la “concepción de desarrollo del fútbol hasta 2030”, con la meta de posicionar a la selección dentro de las mejores 50 del ranking FIFA. La creación de 14 escuelas de fútbol y la construcción de un estadio nacional para 34 mil espectadores, algunas de las decisiones políticas. Los resultados del plan se empezaron a observar en las selecciones juveniles, que jugaron los cuartos de final del Mundial Sub 17 de 2023, año en que la Sub 20 obtuvo la Copa Asiática tras derrotar a Irak en la final. La clasificación para los Juegos Olímpicos de París, de 2024, otra señal del crecimiento que se coronó el 5 de junio del año pasado, con el empate sin goles con Emiratos Árabes Unidos, en Abu Dhabi, punto que clasificó al Mundial 2026.
Timur Kapadze fue el director técnico de la histórica clasificación, también el que condujo a los JJ.OO. de París. El Tigre es una leyenda del fútbol uzbeko: ganó la Super Liga en 12 oportunidades, con cuatro clubes distintos, y como futbolista disputó 119 partidos con la selección. Pero cuatro meses después de sellar el objetivo mundialista, el coronel general Kurbanov dio un golpe de timón con la contratación del italiano Fabio Cannavaro para que dirija en el Mundial 2026.
Como futbolista, el napolitano fue una estrella: el último capitán de Italia en levantar la copa del mundo, en Alemania 2006; en la final con Francia recibió el premio a Mejor Jugador del Mundial, siendo el único defensor en ser galardonado con esa distinción. Napoli, Parma, Inter, Juventus y Real Madrid, los cinco clubes en los que se destacó durante 15 temporadas antes de planificar el retiro con sus participaciones en el fútbol de Emiratos Árabes Unidos y la India.
El recorrido como futbolista no tuvo la misma estrella cuando se convirtió en entrenador. En las ligas de China, donde logró los mejores resultados, y de Arabia Saudita descubrió el inicio, antes de comenzar une breve aventura europea, de 37 partidos, entre Benevento y Udinese -ambos de Italia- y Dinamo Zagreb (Croacia). La estadística no asomó como un requisito para el llamado uzbeko, que buscó inyectar un gen competitivo y la experiencia en los mundiales a un plantel que llega ilusionado y que podría confundirse ante el gigantesco escenario. Cannavaro dirigió ocho partidos, suficientes para enseñar qué pretende y cómo idealiza desarrollar la idea de juego.
El esquema táctico básico es 3-4-2-1, que se convierte en 5-3-2 cuando la alineación retrocede. La intensidad para recuperar la pelota y la agresividad en los duelos individuales no son negociables para el exzaguero. Las credenciales competitivas las expuso en los últimos partidos amistosos, en las derrotas ajustadas antes Países Bajos y Uruguay –ambas por 2-1- y las victorias frente a Irán, en definición por penales, y Egipto, por 2-0. Cannavaro no ahorra elogios para sus jugadores: “Son duros, nunca se rinden. Jugar contra ellos es un dolor de c...”, señaló el napolitano, que en el tablero tiene a dos jugadores que se destacan sobre el resto: el juvenil Abdukodir Khusanov y el atacante Eldor Shomurodov.
Entre los rivales del estreno estará Luis Díaz, mientras que en el camino también se topará con Cristiano Ronaldo. Dos estrellas internacionales, futbolistas desequilibrantes y con gol. Cannavaro no entra en pánico y, con una sonrisa, señaló: “Yo ya no puedo jugar, pero trataremos de hacer un trabajo de equipo, para poder limitarlos. Soy consciente de que nuestro grupo es muy difícil, pero el fútbol me enseñó que no siempre gana el más fuerte”.
De 22 años, Khusanov es el futbolista que Cannavaro moldea para que se exprese como referente en el campo de juego. Nació en Tashkent, la capital de Uzbekistán y no lleva el apellido de su padre, que puede cambiárselo a sus hijos en honor a un familiar. El abuelo de Abdukir se llamaba Khusan, y lo bautizaron Khusanov. Apodado como el Tren, es el primer centroasiático en llegar a la Premier League. En el estreno en Manchester City lo traicionaron los nervios, pero con la madurez impropia de su edad revirtió esa imagen y es uno de los preferidos de los hinchas. Con su velocidad, corre a 37 km/h, había encandilado a Pep Guardiola.
Eligió un camino diferente para trascender: en lugar de instalarse en Rusia o Turquía, los destinos frecuentes para un futbolista uzbeko, envalentonado por su padre, Khimatjon Khoshimov –exfutbolista- y su representante Gairat Khasbiullin, acordó con FC Energetik-BGU, de Bielorrusia. Una temporada y media le valió el reconocimiento en el simbólico equipo de la temporada y las dificultades económicas del club apuraron una transferencia a Lens, de Francia, que hizo un fantástico negocio: desembolsó 100 mil dólares en 2024 y, después de 31 partidos, lo vendió en US$ 40 millones al Manchester City. En la Ligue 1 fue condecorado como el mejor jugador joven del año.
Tres años atrás, se erigió en el líder de la selección juvenil que obtuvo la Copa Asiática Sub 20, que más tarde jugó el Mundial de la categoría en la Argentina. Uzbekistán perdió en el estreno con el equipo que dirigía Javier Mascherano, por 2 a 1, en Santiago del Estero. Los ojeadores de las potencias europeas llevaban las planillas de Máximo Perrone, Valentin Carbone y Matías Soulé, pero esa tarde agregaron a Khusanov.
Los Lobos blancos, independientes desde 1991 después de la caída de la URSS, debutarán el miércoles con Colombia en el primer Mundial de su historia. En el campo de juego, Khusanov será el espíritu de Cannavaro.


