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La historia de Nicolás Burdisso es la de un muchacho que con sólo 24 años coleccionó numerosos títulos y al que la vida nunca le había soltado la mano; siempre le había exhibido una sonrisa. Sin embargo, una vez, sin ni siquiera un pequeño aviso, lo puso ante una prueba. No una más, sino la más dificultosa de su existencia, relacionada con la salud de su mimada hija Angelina, que el 3 del mes próximo cumplirá tres años. Todo comenzó con un simple golpe en la cabeza, producto de la travesura de cualquier niño, pero ese "chichón que nunca se iba" derivó en lo peor: le diagnosticaron que padecía un tumor maligno. Los médicos estudiaron de dónde provenía y se determinó que la pequeña Angelina sufría de leucemia.
"En octubre de 2004 estábamos comiendo pizzas y viendo partidos del torneo argentino en la casa del Cuchu Cambiasso, en Milán, y Angelina se cayó de un sillón y le salió un chichón que con el correr de los días no se le iba. La vio un neurocirujano de Italia y en noviembre la volvimos a hacer ver, pero nadie nos decía algo confiable. Después, vinimos a la Argentina para las fiestas y acá seguía todo igual. Cuando volvimos a Italia le hicimos una tomografía y dio muy mal. Nos sugirieron operarla para extraerle el bultito. Preferimos hacerlo en la Argentina, y después de hacerle la biopsia nos confirmaron que tenía leucemia", recuerda hoy Burdisso, desde Milán, Italia, en una comunicación telefónica con LA NACION.
Esa noticia actuó como un mazazo anímico. Sin embargo, con el optimismo que siempre lo caracterizó, Nicolás -junto con su mujer, Belén-, enfrentó el problema sin temores. La salud de su hija pasó a ser la prioridad N° 1, y el defensor dejó de jugar en Inter para estar junto a Angelina durante el tratamiento. Hoy, la pesadilla pasó. Angelina superó el tratamiento; volvió a sonreír, a jugar, a cantar... Y en los ojos de Burdisso se reflejó otra vez el entusiasmo por correr detrás de una pelota.
"Ella ahora está en una etapa que se llama mantenimiento. Está medicada con pastillas, y atrás quedó el tratamiento más agresivo. Este mes es casi el octavo de quimioterapia y ella está muy bien. El tiempo del llanto quedó atrás. Es la estrella, si se puede decir así, porque hizo todo con alegría. Ahora tenemos que seguir con los controles y pidiéndole a Dios y la Virgen que la sigan ayudando. Lo más difícil ya pasó. Ahora tenemos otro integrante de la familia para cuidar, Facundito, de tres meses. Es muy tranquilo; nació de la forma que necesitamos en este momento", confiesa el ex futbolista de Boca y enseguida, detrás de la voz paternal se escucha la vocecita alborotada de Angelina. "Me está llenando el sillón de chocolate", sonríe el cordobés.
-¿Cuál fue el momento más duro para vos y tu mujer?
-Y... cuando uno sabe. Cuando a uno le dicen lo que tiene. Ese fue el peor momento de mi vida, me puse a llorar, no sabía qué hacer. Pero por nuestra forma de ser, siempre tuvimos mucha fe, mucha confianza. Gracias a Dios pudimos conocer gente buena, médicos excelentes de la Argentina, como Eduardo Dibar, su grupo de trabajo, y la gente del segundo piso del Sanatorio Mater Dei, porque todos los días estuvieron con nosotros en forma incansable y con un afecto terrible.
-¿Qué cosas te mantuvieron de pie en los momentos difíciles?
-Primero, por mi forma de ser y mi creencia, me aferré en Dios y a la Virgen. Puse todo en manos de ellos. Para nosotros fue muy importante que Angelina hiciera todo más fácil. Se me aflojaron las piernas, pero lo primero que pensé es que iba a pasar, aunque los tiempos de incertidumbre y de temores no me los saca nadie. Esto nos cambió la vida, pero no tenemos un mal recuerdo. Fue una prueba en la vida. Yo estuve las 24 horas del día durante casi ocho meses con mi hija, algo que por mi profesión era imposible.
-¿Ves la vida de otra manera?
-Conocí un mundo nuevo, que es el de las familias que pelean por la salud de sus hijos y los chicos que pelean por salir adelante. Uno siempre escucha en la radio o lee en los diarios de estos problemas, y nunca piensa que le va a tocar a uno, pero no es así.
Burdisso y su mujer decidieron no pasar las fiestas en nuestro país y quedarse en Italia. "Como familia lo mejor es empezar a normalizar un poco la vida. Volver en la Navidad a mi pueblo -Altos del Chipión, Córdoba- iba a ser otro cambio más y no iba a ser bueno", explica Nicolás, que por el inconveniente de salud de Angelina estuvo siete meses fuera de la actividad. "Jugué el último partido a principios de abril y volví a mediados de octubre", rememora.
Y añade: "Durante ese lapso todos los días pensaba en jugar. Extrañaba, pero hasta cierto punto. Sabía cuál era mi prioridad y lo que tenía que hacer. Sabía que ese era el momento para no jugar. Necesitaba estar dentro de la cancha, concentrarme y entrenarme, para descargarme y para todo".
-¿Qué se te cruzaba por la mente cuando te entrenabas solo en el predio de Ezeiza?
-Pensaba en volver a jugar, en llegar al Mundial, que es un sueño, en estar con Inter y en seguir obteniendo cosas, como lo hice siempre. Siempre me puse metas y las cumplí. Ahora me puse la meta de volver a jugar y que vuelvan a confiar en mí.
-Inter te valora porque rechazó una oferta de Ascoli y Parma.
-Sí, desde que volví me están haciendo sentir muy querido. Deseo triunfar en este club. Ojalá se dé...
-¿Qué sentiste cuando volviste a entrenarte y a jugar?
-Fue muy raro, porque habían pasado muchas cosas. Mucho tiempo añorando ese momento, en que miraba fútbol por televisión y me comía los codos pensando cuando yo lo hacía. Y también tenía la incertidumbre de saber cómo iba a volver a jugar, si todo iba a ser normal como antes.
La tormenta pasó. Burdisso retomó sus días tranquilos en el barrio San Ciro, junto con la compañía de su familia y los otros argentinos que actúan en Milán. "Que haya tantos argentinos nos sirve para no sentirnos solos. Además, formamos un gran grupo. ¿Una anécdota? Es muy común que a la mañana en los entrenamientos, después de tomar mate, comentemos Che, ¿viste lo que pasó en Boca? ¡River parece que compra a éste! ¿Viste qué bien juega este pibe nuevo?, estamos al tanto de todo".
Afuera, en las calles de Milán, el frío es durísimo. La temperatura no llega a 0 grado. Antes de despedirse, Burdisso confiesa su deseo para este año: "Ahora sólo pido por la salud de mis hijos, porque es lo más divino que uno tiene. Después, las otras cosas, las deportivas, vienen solas...".
Fecha y lugar de nacimiento:
12 de abril de 1981, en Altos del Chipión (Córdoba)
Altura y peso:
1,74 metro y 77 kilos
Trayectoria:
Boca (1999/2004; 111 partidos y cuatro goles); e Internazionale, de Italia (2004/06; 15 partidos y sin goles anotados).
Partidos en la selección mayor:
seis y sin goles (dos bajo la conducción de José Pekerman y cuatro con Marcelo Bielsa).
Títulos.
Con Boca: torneo Apertura 2000 y ‘03, Copa Libertadores 2000, ‘01 y ’03; Copa Europeo-Sudamericana 2000 y ‘03. Con Inter: Copa Italia 2005.
Con la selección: Mundial Sub 20 en Argentina 2001, Preolímpico Sub 23 de Chile 2003 y Juegos de Atenas 2004.



