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Diez años antes de sentarse frente a los micrófonos como nuevo futbolista de Barcelona, Gabriel Jesus ya había tenido la posibilidad de llegar al club catalán. Para entonces, su vida había cambiado por completo. El chico que había pintado las calles de San Pablo para el Mundial de Brasil 2014 ya era una de las grandes apariciones de Palmeiras. Aquella operación no se concretó y su carrera tomó otro rumbo. Manchester City, Arsenal, la selección brasileña, títulos y una grave lesión pasaron por su vida hasta que, a los 29 años, aquella puerta volvió a abrirse. “La vida me llevó por otro camino y ahora que puedo estar aquí, es un sueño”, resumió este martes durante su presentación.
Su llegada, sin embargo, tiene detrás otra historia. Julián Alvarez había sido el gran objetivo culé durante el mercado de pases y la negativa de Atlético de Madrid a transferir al delantero de la selección argentina llevó al club hacia otra alternativa sobre el cierre del período de transferencias. Gabriel Jesus firmó por tres temporadas, hasta 2029, procedente de Arsenal y debió contestar una pregunta inevitable: qué siente al escuchar que fue el plan B después del intento frustrado por el argentino.
“Esto no me molesta, no me ofende”, respondió el brasileño. Y enseguida completó con una frase que utilizó para marcar sus prioridades: “Me molesta no jugar al fútbol”.

El escenario es novedoso, pero la necesidad de abrirse camino desde un lugar menos favorable atraviesa buena parte de la vida del atacante. Gabriel Jesus creció en Jardim Peri, un barrio periférico del norte de San Pablo, en una familia que quedó sostenida principalmente por su madre, Vera Lúcia, después de la muerte de su padre, y sus tres hermanos. Allí, el fútbol callejero fue mucho más que una distracción: se convirtió en su primer espacio de formación. Años más tarde, el futbolista recordó el impacto de aquella ausencia: “Nunca olvidaré tener 8 o 9 años, jugar al fútbol con mis amigos y ver cómo sus padres venían a jugar con nosotros. Yo me preguntaba: ‘¿Dónde está mi padre?’”.
Su madre trabajaba en la limpieza de casas y pasaba gran parte de las jornadas fuera del hogar para mantener a sus hijos. El propio delantero describió aquella rutina en una entrevista para The Players’ Tribune: “A veces ni siquiera veía a mi madre durante todo el día, porque cuando me levantaba para ir al colegio ella ya se había ido. Cuando volvía a acostarme, ella todavía estaba fuera limpiando casas”.

El fútbol apareció como refugio y, después, como una oportunidad. En Jardim Peri jugaba en las calles y en canchas de su barrio. Pequeninos, una institución que ofrecía actividad deportiva, alimentos y un espacio para chicos con pocas posibilidades, fue uno de los primeros lugares que impulsaron su recorrido. Allí apareció José Francisco Mamede, un entrenador al que Gabriel Jesus llegó a considerar uno de sus “héroes sin capa”.
Pero hay una imagen que el paso del tiempo convirtió en símbolo de esa transformación. En 2014, cuando Brasil se preparaba para recibir el Mundial, Gabriel Jesus tenía 16 años y colaboraba con sus amigos para pintar las calles de San Pablo con los colores de la selección. Todavía no era una estrella ni había llegado al fútbol europeo. Era un adolescente que soñaba con convertirse en profesional mientras acondicionaba su barrio para ver a otros disputar la Copa del Mundo.
Dos años después, ese escenario parecía pertenecer a otra vida. Tras debutar a los 17 en Palmeiras, comenzó un ascenso que lo llevó a la selección brasileña y al oro olímpico de Río de Janeiro 2016, junto a Neymar, marcando tres goles en el torneo. En su primer año en las divisiones juveniles del Verdão marcó 54 goles en 48 partidos y luego sumó otros 37 en apenas 22 encuentros del Campeonato Paulista Sub-17. Además, lograría el Brasileirão con su club. Esos registros aceleraron su recorrido hasta el primer equipo y lo colocaron entre las mayores promesas del fútbol brasileño.
Luego llegó Manchester City, que lo incorporó cuando tenía 19 años. En Inglaterra compartió plantel con figuras como Sergio Agüero, David Silva y Yaya Touré y quedó bajo la conducción de Pep Guardiola.
Más adelante pasó a Arsenal, donde también atravesó el período más complejo de su carrera. En enero de 2025 sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior de la rodilla izquierda. La recuperación alteró su vida deportiva y familiar. “No pude moverme durante dos meses tras la operación. Ver a mi hija pedir jugar y no poder hacerlo me hizo llorar”, contó tiempo después.
Por eso, durante su presentación en Barcelona, otro de los interrogantes estuvo relacionado con su condición física. Gabriel Jesus buscó despejar cualquier duda. “Estoy muy bien físicamente. La rodilla ya no es un problema, me pasó hace un año y medio, me recuperé muy bien y volví a jugar muy bien para el Arsenal”, aseguró.
También sostuvo que su pérdida de protagonismo en Arsenal respondió a decisiones deportivas y no a secuelas de aquella lesión. “Todo mi cuerpo está muy bien, está preparado para dar todo como siempre ha hecho en mi vida”, afirmó.

El brasileño aceptó además una reducción “significativa” de su salario para concretar el pase y agradeció el “esfuerzo grande” que hizo Barcelona para contratarlo. Todavía no conversó con Hansi Flick sobre la función que tendrá dentro del equipo, aunque explicó que su recorrido le permite ocupar distintas posiciones del ataque. “Hoy mi posición es delantero (centro), pero he jugado mucho, yo pienso que un 30% o 40% de mi carrera por fuera también y empecé a jugar al fútbol por el lado”, detalló.
La contratación se produjo casi sobre el cierre del mercado y después de que Barcelona no pudiera conseguir a Julián Alvarez. Esa condición, lejos de incomodarlo, fue asumida públicamente por el delantero en su primera aparición como jugador del club catalán.

Meses atrás había explicado su manera de entender el fútbol después de sus experiencias en Inglaterra. “En City y Arsenal entendí que para ganar títulos no puedes ser egoísta. Prefiero un campeonato que ser máximo goleador”, sostuvo. La frase sintetizaba una trayectoria en la que debió convivir con grandes figuras, diferentes posiciones, suplencias y lesiones.
Ahora empieza otra etapa. Barcelona no era el destino que parecía reservado para Gabriel Jesus al comienzo del mercado ni tampoco pudo serlo cuando tuvo su primera oportunidad, una década atrás. Esta vez llegó después de que el club no consiguiera al futbolista que había colocado por delante suyo entre sus prioridades.




