Boca ganó porque encontró el gol que Independiente buscó toda la noche

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Boca Juniors

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  • Edwin Cardona
Rodolfo Chisleanschi
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2 de diciembre de 2018  • 18:20

Con un pie en el avión y la cabeza a mitad de camino entre Buenos Aires y Madrid, un Boca de fútbol muy menor se llevó de Avellaneda un 1-0 que encontró casi sin querer. Independiente lo sometió a un dominio casi absoluto, rondó su arco una y otra vez pero no acertó nunca, convirtió a Esteban Andrada en figura estelar, y cayó porque sin importar quiénes estén en la cancha, al equipo de los Barros Schelotto se le caen los goles de los bolsillos.

El golazo de Cardona

El Rojo había preparado una despedida del año en su casa (el último partido de 2018 será en su casa) como para que no pasara inadvertida. Su gente llenó el estadio como si de un partido de Copa se tratase, sin importarle la palidísima imagen enseñada el pasado lunes ante Lanús y poniendo el acento en que hoy por hoy, y más allá del carácter clásico de siempre, un choque frente a Boca posee condimentos extras que no hace falta ni explicar.

Pero además, Ariel Holan colaboró sacando el bisturí para buscarle remedio a la indolencia de la semana pasada, y los cinco cambios en el elenco titular se hicieron sentir. Durante la mayor parte del primer tiempo volvió el equipo reconocible por intensidad, buen pie, presión asfixiante y búsqueda ofensiva permanente. También el de las ocasiones despilfarradas.

En un arranque espectacular, las biromes echaban humo para dejar constancia de las oportunidades creadas: Gigliotti a los 6, Benítez a los 7, Domingo a los 9, otra vez el Puma a los 10... pero ninguna alteró la chapa. Casi siempre por deficiencias propias en el remate; un par de veces porque Andrada volvió a demostrar que hoy por hoy es el mejor seguro que tiene su equipo en el arco.

¿Era penal para Independiente?

Boca no daba pie con bola, y no es una frase hecha. Desbordado por los cuatro costados en la marca -aunque mucho más por el costado donde se movía Gago, que regalaba la espalda y no colaboraba con nadie- e incapaz de sostener la pelota más de diez segundos, durante casi media hora quedó a merced de la (nula) puntería del local.

Solo los futbolistas xeneizes saben si semejante diferencia se debió más a la indudable distracción que provoca este tiempo de limbo a la espera de la final de Copa que a la notable diferencia de funcionamiento que se vio en la cancha. Lo concreto es que salvo una combinación que acabó con un disparo suave de Zárate allá por los 39, lo suyo fue de una pobreza futbolística poco común, incluso preocupante si no fuera por la coartada del inminente viaje a Madrid.

¿Estuvo bien anulado el gol de Meza?

El complemento pintaba parecido hasta que a los 52, Guillermo Barros Schelotto, tantas veces criticado por su falta de acierto en los cambios, decidió una sustitución de las que alteran la deriva de un encuentro. Ingresó Cardona por un Chicco que llevaba un buen rato jugando gratis gracias a uno de los infinitos desaciertos de Darío Herrera -obvió un penal de Magallán a Silvio Romero y otro por mano de Buffarini, anuló un gol lícito a Meza, su criterio en el reparto de tarjetas resultó inexplicable-, y 5 minutos después el colombiano se fabricó un gol fantástico, clavándola abajo, contra el palo derecho de Campaña.

El tanto enardeció el ya de por sí alterado clima del estadio. Los hinchas pasaban de los insultos a Herrera a los gritos contra la Conmebol, el presidente Macri, las pérdidas de tiempo de Boca, y el Rojo cambió la brújula por la carga ciega. Los Mellizos metieron el partido en el freezer.

Sobre todo luego que a los 60' Gigliotti motivara la segunda amarilla de Magallán. Independiente siguió insistiendo y generando oportunidades incluso sin orden y exponiéndose a la contra. Todos tuvieron su chance: Meza, Gigliotti, Burdisso, Brítez (se la sacó Izquierdoz en la línea), Hernández, Benitez... y todos chocaron con la firmeza de Andrada y el oficio general de un adversario que hizo lo que mejor sabe: encontrar un gol en medio de la nada y cotizarlo como si fuese un bitcoin en plena alza. Imposible llevarse mejor premio camino de Madrid.

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