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A la sostenida mejoría futbolística de Boca le está faltando el gol de sus delanteros. Llega bastante, concreta poco. Se le escapan ocasiones claras y lo lamenta. Por tercer partido consecutivo tuvo que aparecer Santiago Ascacibar en el área rival para compensar la falta de eficacia. El volante está replicando su mejor versión de Estudiantes: irrumpe por sorpresa y su ímpetu es difícil de contrarrestar para los defensores.
Los treinta remates (nueve al arco) a Boca solo le alcanzaron para empatarle a este Vélez que, hasta cuando es superado, transmite vivacidad, espíritu competitivo. Juega sin sentirse inferior a nadie ni claudica, aunque se vea en aprietos, como le ocurrió anoche en varios pasajes en el Tomás A. Ducó. Y además venía con la confianza de tres triunfos consecutivos.
En uno de los palcos del estadio estuvo Enner Valencia, el último refuerzo, recién llegado. Comprobó de primera mano que Boca espera por sus goles, porque Merentiel retrocede para participar del circuito de juego, pero no encuentra sitio en el área ni termina de entenderse con sus compañeros para recibir el último pase. El ecuatoriano deberá completar una adaptación exprés, ya que el calendario aprieta y la demanda aumenta. Boca ya dejó en el camino más del 50 por ciento de los puntos en el Clausura (siete sobre 12) y el próximo martes recibirá, nuevamente en Huracán, a Recoleta (Paraguay), por la ida de los octavos de final de la Copa Sudamericana.

Boca va consolidando una identidad futbolística en la que se siente cómodo cuando domina a partir de la combinación de sus volantes en campo rival, en una rotación bastante armoniosa, que incorpora las proyecciones de los laterales y le suma la cuota de inventiva de los atrevidos Aranda y Flores. Paredes lleva la batuta y el resto interpreta la melodía de pases en corto y en largo del capitán. Este Boca del Vasco Arruabarena es difícil de marcar para el rival de turno. No solo porque es insistente para llevar la iniciativa, sino porque mueve la pelota a un ritmo alto, con un grado de precisión nada despreciable para el fútbol argentino.
El crecimiento de Boca se sostiene en la complementación que muestran Ascacibar y Delgado como volantes interiores, listos para aparecer por sorpresa. Ya a los 4 minutos, Delgado sacó un remate desde la puerta del área que se fue alto. Tres minutos más tarde, otro disparo de Delgado dio en un poste. Boca había salido con decisión a imponer condiciones.
Vélez no le saca la cara a los partidos que se presentan abiertos, de ida y vuelta. También le gusta la pelota y en su libreto siempre hay espacio para la ambición ofensiva. Los mellizos Schelotto consiguen una buena mixtura entre jugadores con recorrido en primera división y los pibes de las inferiores que dejan en alto la capacidad formativa de la Fábrica.

Es un riesgo grande equivocarse contra este Vélez desinhibido. El arquero Montero, que hasta hace poco estaba en Liniers, armó muy mal una barrera, en cantidad (dos jugadores) y ubicación. Ni estirándose en sus dos metros pudo Montero alcanzar a desviar el tiro libre de Valdés, cuya continuidad en Vélez estuvo en duda hasta hace poco por un atraso económico.
Fueron unos pocos minutos de desconcentración de Boca. Paredes tuvo que enmendar un error en un pase con un despeje sobre la línea a una definición picada de Aliendro sobre la salida de Montero. No tardó Boca en tomar las riendas del desarrollo y en crear superioridad numérica en varios sectores del campo gracias a diferentes asociaciones. Flores y Aranda se cerraban para dejar los pasillos a las proyecciones de Lozano y Blanco. Boca utilizaba todo el frente de ataque, variaba entre el juego interior y los desbordes.
Vélez tenía mucho trabajo. Mammana debía multiplicarse en cortes y anticipos, bien acompañado por el juvenil Silvero. Tampoco tenían respiro los laterales García y Gómez. Boca trabajaba a destajo para conseguir el empate y lo consiguió por la vía de Ascacibar, en una acción en la que habían participado Merentiel y Flores.

Boca dejaba alguna duda entre sus zagueros centrales Di Lollo y Costa, por donde se filtró el pibe Godoy, que adelantó la pelota en el último toque y facilitó la atajada en el piso de Montero. Arruabarrena tomó nota y en el descanso reemplazó a Costa por Pellegrino, de firme actuación contra Estudiantes. Ascacibar volvió a tener el gol antes del cierre de la primera etapa, con un cabezazo que dio en un poste.
La superioridad de Boca se acentuó en el segundo período, con los mismos argumentos: volantes dinámicos y velocidad en la circulación de la pelota. El encuentro seguía siendo entretenido, siempre abierto a alguna novedad. Aranda y Flores seguían aportando maniobras distintivas, pero faltaba el broche en el área. La maduración no se consigue en un puñado de partidos, aunque lo que vienen mostrando les hizo un lugar importante en primera división. Se juntan menos de lo conveniente porque arrancan abiertos por las bandas, pero cuando lo hacen, las defensas tiemblan. Por unos pocos centímetros Aranda no llegó a conectar una asistencia de Flores.
Boca se repitió con los remates de Paredes, Ascacibar y Delgado. Ingresó Villa, más en función de wing para el desborde que abocado a meter diagonales al corazón del área. El colombiano perdió rápidamente la condición de titular que le asignó Arruabarrena en los primeros encuentros. Vélez se vio arrinconado y apenas si pudo armar un contraataque con Feler. La entrada de Giménez por Merentiel tampoco cambió la ecuación ofensiva de Boca, que late con sus volantes y sufre de hipotensión con sus delanteros.




