La final paralela

Por Ignacio Turin Enviado especial
Por Ignacio Turin Enviado especial
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29 de junio de 2002  

SEUL.– Un nuevo round por dominar el mercado de la indumentaria deportiva tendrá lugar mañana, en Yokohama, donde Brasil se enfrentará con Alemania o, mejor dicho, Nike con Adidas. Será un clásico, aunque los enfrentamientos entre quienes hacen del deporte un verdadero negocio tiene más historia que el choque entre alemanes y brasileños, por primera vez frente a frente en un Mundial. Esta nueva batalla de las marcas revivirá aquella realizada en 1998, cuando el equipo de las tres tiras, Francia, derrotó por 3 a 0 a los brasileños, en un desenlace misterioso, porque aún no quedó claro si Nike presionó a la Confederación Brasileña de Fútbol para que incluya a Ronaldo en el equipo, después de que sufrió una seria descompensación la noche previa.

Será una final impensada para la gente de Adidas, que antes de la Copa del Mundo apostó todas sus fichas a la clasificación de la Argentina y de Francia para el cotejo decisivo, pero... los dos principales candidatos para ganar el título fueron eliminados en la primera rueda. Con una venta de 5300 millones de dólares en 2001, la empresa creada por Adi Dassler armó su equipo de estrellas para quedarse con el Balón de Oro que ellos mismos entregarán, por ser sponsor de la FIFA, el 2 del mes próximo. Pero todas las figuras seleccionadas quedaron en el camino: Beckham, Zidane, Aimar, Del Piero, Raúl y Rui Costa verán la final por TV. Nike, en cambio, tiene entre los designados a convertirse en el mejor futbolista de la Copa del Mundo a Ronaldo, Ronaldinho y a Roberto Carlos, que, junto con Denilson, formarán parte del cotejo decisivo.

Está claro, sin empezar la lucha por el título, que el primer golpe corrió por cuenta de la firma norteamericana y los alemanes sólo confían en que el arquero Oliver Kahn, también designado entre los diez mejores futbolistas para quedarse con el Balón de Oro, levante finalmente el trofeo. Como consuelo porque cuatro estrellas Nike estarán en la final, Adidas posará la mirada en el árbitro Pierluigi Collina, cuya designación sembró un abanico de dudas entre los sudamericanos, porque no consideran ético que un hombre que recibe dinero de Adidas sea el juez de la final.

Desde 1995, Nike hace del fútbol un excelente negocio y, según con los estudios realizados, se estima que la empresa con sede en Beaverton, Portland, aumentará las ventas relacionadas con el fútbol en 500 millones de dólares. Pero esa cifra resulta modesta si se la compara con los casi 10.000 millones de dólares en ventas anuales. Claro que para conseguir réditos es necesaria la inversión y Nike ya destinó 155 millones para promociones deportivas, un 40% del presupuesto mundial que deja en ridículo los 5 millones de dólares de 1994.

Cuando el Mundial finalice será el tiempo de hacer números y de definir si fue un buen negocio. En la Argentina y Francia, todos saben que el rédito quedó muy lejos de lo que se proyectó. Distinta es la posición de la representación en Turquía, que con la clasificación del seleccionado para las semifinales fortaleció su mercado. Nike, en cambio, fijó su objetivo en Brasil y el equipo de Luiz Felipe Scolari respondió con creces, pero al igual que Adidas, se encontró con una enorme plaza para explotar: Corea, que con la clasificación para las semifinales generó un fervor y un interés por la selección jamás imaginado.

Una nueva final está por comenzar. El triunfo de tal o cual país marcará el comienzo de un excelente negocio para quienes hacen del fútbol una lucha silenciosa, pero públicamente declarada.

En Brasil hacen números

SAN PABLO (ANSA).– Si Brasil se consagra campeón del mundo, mañana, frente a Alemania, les dará una gran alegría a los simpatizantes, pero también grandes ganancias a varias empresas, que apostaron fuerte por el pentacampeonato. Un despliegue impresionante de las cadenas de TV, cervezas con figuras mundialistas, promociones sobre la base de los goles del equipo, apuestas, los botines blancos de Rivaldo y los plateados de Ronaldo, entre otras propuestas, forman parte del gran negocio mundialista.

Las empresas que más se beneficiarán son las de TV, que ya tienen mayor publicidad por la gran campaña de Brasil. La red O Globo es la encargada de la televisación exclusiva del Mundial y, a su vez, la gran beneficiada.

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