La historia azulgrana lo merecía

Ariel Ruya
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26 de enero de 2002  

Lo merecían. El plantel, mezcla de juventud y experiencia, cóctel de talento y garra; el cuerpo técnico, que aportó la dosis precisa de manejo grupal, experiencia táctica y propuesta eficaz, y los hinchas, envueltos en una algarabía sin final; incluso los fanáticos, desbordados por la pasión, que ingresaron en el campo, envueltos en la irracionalidad. Todos lo merecían . El postergado

anhelo internacional quedó archivado en las manos de Saja, en los goles de Romeo -quién puede olvidarse de Romeo-, en el ingenio de Romagnoli. Sí, la historia de San Lorenzo merecía gritar campeón; por ellos, sólo por ellos.

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Se luchó contra todo: desde las deudas de billetes hasta contra la historia fatídica, esa que reiteraba sobre sus hombros casi 94 años de frustraciones fuera de casa. Y Manuel Pellegrini , la cabeza de un proyecto ambicioso, el cerebro que puso en orden las ideas, no debería bajar los brazos . No debería marcharse víctima del nuevo escenario económico de nuestro país. No debería darle la espalda ahora -tampoco antes- a un proyecto que promete seguir por el camino exitoso.

Es que el equipo azulgrana, por los titulares, por los conocidos de siempre, pero también por los que exigen terreno, como los Cornejo o los Piombo, promete aferrarse al círculo vicioso del éxito. Tiene fundamentos: capacidad para sobreponerse al conflicto -de deudas de dinero se trata-, personalidad para ponerle el pecho a la adversidad -Acosta y Serrizuela comenzaron con el pie izquierdo la decisiva serie de los penales-, talento, convicción.

Y si desafíos se trata, de no desviarse de la senda prometida, ahora la ilusión se traslada a un campo mayor: la Copa Libertadores 2002. Ese debería ser el gran objetivo del año que apenas desparrama las primeras páginas del calendario. No es descabellado, tampoco una quimera: si usted se detiene en observar los 32 equipos que competirán en el certamen, se dará cuenta de que San Lorenzo -por plantel, por cuerpo técnico- poco y nada tiene que envidiarle a los más poderosos. Será el gran desafío.

Merecía la historia azulgrana tanta borrachera exitosa, desde el Clausura 2001, hasta la Mercosur del mismo año. Ahora, Ciclón, a dejar el alma por la Copa Libertadores...

Por: Ariel Ruya
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